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Barreras externas e internas

Por Alexandra Villa-Forte, MD, MPH, Staff Physician, Center for Vasculitis Care and Research, Department of Rheumatic and Immunologic Diseases, Cleveland Clinic

Por extraño que parezca, no es fácil definir qué está dentro y qué está fuera del cuerpo, ya que este tiene muchas superficies. La piel (ver Estructura y funcionamiento de la piel), que es en realidad un sistema orgánico, está, obviamente, en la parte externa del cuerpo. La piel forma una barrera que impide la entrada de sustancias nocivas en el organismo. El aparato digestivo (ver Introducción al aparato digestivo) es un largo tubo que comienza en la boca, discurre por el cuerpo en tramos distintos, a veces serpenteantes, y desemboca en el ano. En el recorrido que realizan a lo largo de este tubo, los alimentos ¿están dentro o fuera del cuerpo? De hecho, los nutrientes y líquidos no están realmente en el interior del organismo hasta el momento en que son absorbidos por el torrente sanguíneo.

El aire llega, por la nariz y la boca, hasta la garganta y, pasando por la tráquea, hasta las extensas ramificaciones de las vías respiratorias pulmonares (bronquios). ¿En qué momento esta entrada de aire pasa al interior del organismo? El oxígeno en los pulmones (ver Aparato respiratorio) no es útil para el cuerpo hasta que se incorpora al torrente sanguíneo. Para ello, el oxígeno debe atravesar una fina capa de células que recubren los pulmones. Esta capa actúa como una barrera contra los virus y las bacterias, como por ejemplo, el bacilo de la tuberculosis, que pueden penetrar en los pulmones con el aire inspirado. Sin embargo, estos microorganismos no suelen causar enfermedades a menos que penetren en las células o que pasen al torrente sanguíneo. La mayoría de los organismos infecciosos transportados por el aire nunca causan enfermedades, gracias a que los pulmones están provistos de muchos mecanismos de protección, como los anticuerpos que combaten las infecciones y las células ciliadas que expulsan los desechos de las vías respiratorias.

Las superficies corporales, además de separar el exterior del interior, mantienen las sustancias y las estructuras orgánicas en su lugar, haciendo que funcionen correctamente. Por ejemplo, los órganos internos no flotan en un charco de sangre porque la sangre, en condiciones normales, está dentro de los vasos sanguíneos. Si hay una pérdida de sangre de los vasos sanguíneos hacia otras partes del cuerpo (hemorragia), la sangre no solo deja de llevar oxígeno y nutrientes a los tejidos, sino que puede también causar lesiones graves. Por ejemplo, una pequeña hemorragia en el cerebro puede destruir tejido cerebral, ya que en el interior del cráneo no hay espacio para expandirse. Por el contrario, una pérdida de sangre similar en el abdomen no destruye tejido porque el abdomen tiene espacio para que esta pueda extenderse.

La saliva, tan importante en la boca, puede causar daños graves si es aspirada a los pulmones, porque contiene bacterias que podrían causar una infección pulmonar. El ácido clorhídrico producido por el estómago rara vez produce daños en este órgano, pero puede quemar y lesionar el esófago si fluye en dirección contraria. También puede dañar otros órganos si se escapa a través de la pared del estómago. Las heces fecales, la parte no digerida de los alimentos que es expulsada por el ano, pueden causar infecciones potencialmente mortales si penetran en la cavidad abdominal, algo que puede suceder si se perfora la pared del intestino.