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Rehabilitación de los trastornos del habla

Por Alex Moroz, MD, Associate Professor of Rehabilitation Medicine, Vice Chair of Education, and Residency Program Director, New York University School of Medicine

Afasia

La afasia es la pérdida parcial o completa de la capacidad de expresar o comprender las palabras, ya sean habladas o escritas. Suele deberse a un accidente cerebrovascular u otro tipo de lesión cerebral que afecta a una de las zonas del cerebro que controla el lenguaje (ver figura Cuando se dañan áreas cerebrales específicas).

El objetivo de la rehabilitación es establecer el sistema más eficaz de comunicación. En las personas con deterioro leve, el logopeda (experto que corrige los trastornos del lenguaje) emplea un método que enfatiza las ideas y los pensamientos más que las palabras. Para una comunicación básica suele bastar con señalar un objeto, gesticular, cabecear y apoyarse en las expresiones faciales. En el caso de personas con un deterioro más grave existen otros métodos que les ayudan a adquirir de nuevo alguna capacidad de uso del lenguaje, como la estimulación (repetición frecuente de las palabras a la persona afectada) y la estimulación programada (nombrando y presentando objetos que puedan tocarse y verse). Las personas afásicas pueden utilizar un tablero de letras o dibujos para comunicarse con la gente de su entorno.

Los cuidadores de una persona con afasia deben tener mucha paciencia y comprender la frustración del afectado. De igual modo, deben comprender que una persona con afasia no tiene ninguna incapacidad mental y, por tanto, no se le debe hablar como si fuera un bebé, lo cual resultaría insultante. Por el contrario, los cuidadores deben hablar con normalidad y, si es necesario, utilizar gestos o señalar los objetos.

Disartria

La persona afectada no puede articular las palabras de forma normal debido a que la parte del sistema nervioso que controla los músculos que intervienen en la dinámica del habla está dañada.

Los objetivos de la rehabilitación dependerán de la causa de la disartria. Si la causa es un accidente cerebrovascular, un traumatismo craneal o una intervención quirúrgica del cerebro, el objetivo consistirá en restaurar y preservar el lenguaje. Si la disartria es leve, la repetición de palabras o frases permitirá que la persona vuelva a aprender a usar los músculos faciales y la lengua para pronunciar correctamente. Si la disartria es grave, la persona afectada podrá valerse de un tablero de letras o pictogramas o de algún dispositivo de comunicación electrónico que incluya un teclado y un dispositivo visualizador de mensajes (ya sean impresos o en pantalla).

Si la causa de la disartria es una enfermedad progresiva del sistema nervioso, como la esclerosis lateral amiotrófica (enfermedad de Lou Gehrig) o la esclerosis múltiple, la terapia tendrá como objetivo mantener el lenguaje durante el mayor tiempo posible. En estos casos la persona afectada debe aprender a realizar los ejercicios que incrementan el control de la boca, la lengua y los labios, y se le enseña a hablar más despacio y empleando frases más breves. El control insuficiente de los músculos puede obligar al afectado a tomar aire en medio de una frase. Es un recurso útil adecuar el ritmo de la frase y aprovechar las pausas para respirar. También es útil realizar ejercicios de respiración, si es necesario tomando aire a través de algún dispositivo de asistencia manual que permita eliminar la mucosidad de las vías respiratorias.

Apraxia verbal

La apraxia verbal es la incapacidad para producir los sonidos fundamentales del lenguaje debido a una anomalía en la iniciación, la coordinación o la secuencia de los movimientos musculares necesarios para hablar. La apraxia verbal suele estar causada por una lesión cerebral, como resultado de un accidente cerebrovascular o de un traumatismo craneal.

Un terapeuta hará que la persona afectada repita una y otra vez los patrones de sonido o le enseñará a usar la melodía natural y el ritmo de las frases de uso más frecuente. Cada frase tiene su melodía y ritmo propios según el estado de ánimo o la intencionalidad del emisor. Por ejemplo: «¡Buenos días!» «¿Cómo está usted?» tiene una melodía y un ritmo particular cuando el emisor se siente feliz, distintos de los que tiene cuando el emisor se siente poco sociable. El terapeuta debe animar a la persona afectada de apraxia verbal a exagerar la melodía y el ritmo naturales de las frases. A medida que la persona afectada va progresando, la exageración de la melodía y del ritmo se irá haciendo menos acusada.

Si la apraxia es grave, a la persona afectada puede enseñársele a utilizar un tablero de letras o pictogramas, o algún dispositivo de comunicación electrónico que incluya un teclado y un dispositivo visualizador de mensajes (ya sean impresos o en pantalla).