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Flora saprófita

Por Allan R. Tunkel, MD, PhD, Professor of Medicine and Medical Services; Associate Dean for Medical Education, Warren Alpert Medical School of Brown University

Las personas sanas viven en armonía con la mayor parte de los microorganismos que se establecen sobre, o en el interior (colonizan), de determinadas partes de su cuerpo. Los microorganismos que suelen encontrarse normalmente en ciertas partes de nuestro organismo se conocen como flora saprófita. Las células de la flora saprófita superan en número a nuestras propias células en una proporción de 10 a 1. Los microorganismos que colonizan a una persona durante cortos periodos de tiempo (horas o semanas) pero que no se establecen en él de forma permanente se conocen como flora transitoria.

La flora saprófita comprende diferentes tipos de microorganismos según el lugar donde se encuentren. Lo normal es que algunas zonas del cuerpo humano estén colonizadas por cientos de diferentes tipos de microorganismos. Diversos factores medioambientales (como la dieta, las condiciones sanitarias, la polución del aire y los hábitos higiénicos) influyen en el desarrollo de las especies que constituyen la flora saprófita de un individuo. Si esto se altera de forma transitoria, por ejemplo con el uso de antibióticos o por el lavado, la flora pronto se recupera por sí misma.

En vez de causar enfermedades, la flora saprófita a menudo protege a nuestro organismo contra las infecciones causadas por otros microorganismos. En determinadas circunstancias, los microorganismos que forman parte de la flora saprófita de una persona provocan alguna enfermedad. Estos trastornos incluyen:

  • Uso de antibióticos

  • Un sistema inmunitario debilitado (como ocurre en personas con sida, cáncer o pacientes tratados con corticoesteroides o quimioterapia).

En ocasiones, cuando los antibióticos utilizados para tratar una infección tienen un amplio espectro de acción, acaban con una gran proporción de los gérmenes que constituyen la flora saprófita y permiten que crezcan otras bacterias u hongos indeseables. Por ejemplo, si una mujer toma antibióticos para una infección de la vejiga, los antibióticos destruyen parte de la flora saprófita, lo que permite que se multipliquen algunas levaduras en la vagina y se produzca una infección vaginal por hongos.