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Introducción a las infecciones por clostridios

Por Larry M. Bush, MD, Affiliated Associate Professor of Medicine;Affiliated Professor of Biomedical Sciences, University of Miami-Miller School of Medicine;Charles E. Schmidt College of Medicine, Florida Atlantic University

Los clostridios son bacterias que normalmente residen en el intestino de entre el 3 y el 8% de los adultos sanos, y de un porcentaje aún mayor de recién nacidos. Los clostridios también residen en los animales, el suelo y la vegetación en descomposición. Estas bacterias no necesitan oxígeno para vivir; es decir, son anaerobias.

Existen muchas especies diferentes de clostridios. Causan enfermedades de diferentes maneras, dependiendo de la especie:

  • Las bacterias pueden generar una toxina en los alimentos, que posteriormente es ingerida, como ocurre en el botulismo transmitido por alimentos.

  • Las bacterias pueden ser consumidas junto con los alimentos y a continuación multiplicarse y producir una toxina, como ocurre en la comida intoxicada con Clostridium perfringens.

  • Las esporas de clostridios (formas inactivas o latentes de las bacterias) pueden entrar en el organismo a través de una herida y producir una toxina, como ocurre en el tétanos.

  • El uso de antibióticos puede permitir que los clostridios, que ya pueden estar presentes en el intestino, proliferen en exceso y produzcan dos toxinas, como ocurre en la diarrea y la colitis producidas por Clostridium difficile y asociadas al uso de antibióticos.

  • Los clostridios pueden entrar a través de una herida, multiplicarse y producir una toxina que destruye el tejido, como ocurre en la gangrena gaseosa.

Los clostridios pueden infectar la vesícula biliar, el colon y los órganos reproductores femeninos. En raras ocasiones, una especie, Clostridium sordellii, causa el síndrome de choque (shock) tóxico en mujeres que tienen infecciones en los órganos reproductivos.

Propagación a través del torrente sanguíneo

Los clostridios también pueden extenderse a la sangre (causando bacteriemia). La bacteriemia generalizada (septicemia) causa fiebre y síntomas graves, como presión arterial baja, ictericia y anemia. Después de una infección por clostridios puede desarrollarse septicemia, que puede evolucionar rápidamente hacia un desenlace mortal.

Botulismo alimentario

El botulismo se desarrolla cuando la persona ingiere alimentos que contienen la toxina botulínica, producida por el Clostridium botulinum. Por lo general, el botulismo aparece al comer alimentos crudos o mal cocidos, porque el calor (cocción) destruye la toxina. Los alimentos enlatados pueden causar botulismo si se cocinan de forma inadecuada antes de ser enlatados. Además, el hecho de refrigerarlos no garantiza su seguridad, puesto que las bacterias pueden producir algunas toxinas a las temperaturas típicas del refrigerador.

La toxina botulínica entra desde el intestino delgado al torrente sanguíneo, que la conduce a los nervios. Dicha toxina impide que los nervios envíen impulsos a los músculos. Alrededor de 18 a 36 horas después de consumir la toxina, las personas infectadas se sienten cansadas y mareadas, se les seca la boca y tienen náuseas y vómitos. Pueden tener cólicos y diarrea. El abdomen se les hincha (distensión abdominal) y pueden sufrir estreñimiento. Los músculos de la cara se aflojan o se paralizan, causando la caída de los párpados y del conjunto de la cara, así como vista borrosa; resulta difícil tragar y hablar. Posteriormente, la debilidad muscular se propaga a la parte superior del torso y hacia abajo. Los músculos involucrados en la respiración pueden debilitarse, una complicación potencialmente mortal.

Si las personas creen que pueden tener botulismo, deben acudir a un hospital de inmediato. Para ayudar a eliminar cualquier toxina que todavía no se ha absorbido, los médicos pueden administrarles carbón activado por vía oral o a través de una sonda insertada a través de la nariz o la boca hasta el estómago. Una vez diagnosticado el botulismo, se administra lo antes posible una sustancia que bloquea la acción de las toxinas (antitoxina). Si surgen problemas respiratorios, las personas afectadas son trasladadas a una unidad de cuidados intensivos y conectadas temporalmente a un ventilador artificial.

¿Sabías que...?

  • La toxina botulínica, producida por clostridios, causa intoxicaciones alimentarias y parálisis muscular, pero también puede usarse para reducir las arrugas y tratar los espasmos musculares.

Intoxicación alimentaria por Clostridium perfringens

Este tipo de intoxicación alimentaria puede desarrollarse cuando se ingieren alimentos (habitualmente carne de vacuno) que contienen bacterias (más que la toxina de la bacteria). Las bacterias se desarrollan a partir de esporas, que pueden sobrevivir al calor de la cocción. Si el alimento que contiene las esporas no se come poco después de cocinado, las esporas se convierten en bacterias, que a continuación proliferan en los alimentos. Si la comida se sirve sin recalentarla de forma adecuada, dichas bacterias se ingieren; se multiplican en el intestino delgado y producen una toxina que causa diarrea acuosa y cólicos abdominales.

Este tipo de intoxicación por alimentos suele ser leve y desaparece en un periodo de 24 horas. Pero en algunas ocasiones la intoxicación alimentaria es grave, sobre todo en los más jóvenes y en las personas mayores.

En raras ocasiones, ciertas cepas de estas bacterias producen una toxina que daña el intestino y causa una infección llamada enteritis necrosante, que suele ser mortal.

Para prevenir la intoxicación alimentaria, las sobras de carne cocinada deben guardarse enseguida en el frigorífico y estar bien recalentadas antes de servirlas.

El tratamiento consiste en beber mucho líquido y descansar. No se utilizan antibióticos.

Colitis y diarrea causadas por Clostridium difficile

En este trastorno, las toxinas producidas por las bacterias provocan una inflamación del colon (colitis), por lo general después de tomar antibióticos para tratar una infección (Ver también Colitis por Clostridium difficile). Los antibióticos pueden destruir algunas de las bacterias que residen normalmente en el intestino; si se destruye una cantidad suficiente, la bacteria Clostridium difficile puede proliferar en exceso. Estas bacterias pueden estar ya presentes en el intestino, o bien pueden adquirirse por contagio de otras personas, de mascotas o en el entorno. El riesgo de este trastorno aumenta entre personas ancianas o muy jóvenes, personas hospitalizadas o que vivan en residencias y en quienes sufran uno o más trastornos graves.

Cuando las bacterias crecen excesivamente, liberan dos toxinas:

  • Una hace que el intestino produzca líquidos y altere la formación de membranas (denominada colitis pseudomembranosa).

  • La otra daña el revestimiento del intestino grueso.

Por lo general, los síntomas se inician entre 5 y 10 días después de comenzar a tomar antibióticos. La diarrea puede ser acuosa, ligeramente suelta o sanguinolenta. Muchas personas sufren cólicos abdominales o dolor, pero en muy pocos casos náuseas o vómitos.

Si este trastorno se desarrolla después de que una persona ha comenzado a tomar antibióticos, su consumo se interrumpe a menos que sea estrictamente necesario. En tales casos, los síntomas remiten en un término de entre 10 y 12 días. Si persisten, se pueden administrar fármacos como la resina de colestiramina. Si los síntomas son graves, por lo general se prescriben los antibióticos metronidazol, vancomicina o, a veces, fidaxomicina.

El trasplante fecal es otra opción para las personas que presentan síntomas recurrentes graves. Aproximadamente el contenido de una taza (200 a 300 mL) de material fecal (heces) de un donante sano se coloca en el colon de la persona afectada. El trasplante fecal se puede realizar en forma de enema, a través de una sonda que se inserta por la nariz hasta el tubo digestivo o a través de una sonda que se inserta a través del ano hasta el intestino grueso (colonoscopio). En primer lugar se analizan las heces del donante para asegurarse de que no contienen microorganismos que puedan causar enfermedades. Se cree que la materia fecal de un donante restaura el equilibrio normal de las bacterias del colon de una persona con colitis debida a Clostridium difficile.

Infecciones de tejidos blandos causadas por clostridios

Como los clostridios proliferan en ausencia de oxígeno, se reproducen también en los tejidos que han sido gravemente dañados y en las heridas muy profundas. A estos tejidos les llega poco flujo sanguíneo y por lo tanto tienen niveles bajos de oxígeno. El riesgo de infección es mayor cuando la persona tiene heridas que contienen tejido muerto (Ver también Infecciones necrosantes de la piel).

Una de las especies, Clostridium perfringens, puede causar infección en las horas posteriores a una lesión, pero a veces la infección tarda varios días en aparecer.

Las infecciones de tejidos blandos causadas por clostridios pueden implicar:

  • La piel (celulitis)

  • Los músculos (miositis)

A veces las bacterias producen en estos tejidos grandes cantidades de gas como producto de desecho. El gas puede formar burbujas y ampollas en el tejido. A menudo, la infección obstruye los capilares. Como resultado, el tejido infectado muere y aparece gangrena. El tejido muerto permite que la infección por clostridios se extienda aún más rápido. Cuando el músculo está infectado las posibilidades de que se desarrolle gangrena son mayores que cuando está infectada la piel.

El área infectada suele ser evidente.

Es posible que las infecciones superficiales de la piel no sean muy dolorosas, pero las infecciones más profundas en el músculo por lo general sí lo son. Las heridas o las ampollas pueden supurar un material maloliente.

La persona acaba enfermando gravemente y desarrolla choque e insuficiencia renal. Sin tratamiento, casi todas las personas afectadas por una infección muscular producida por clostridios fallecen.

Es fundamental un tratamiento precoz. El tratamiento consiste en antibióticos administrados tan pronto como sea posible y la extirpación quirúrgica del tejido muerto o gravemente infectado.

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