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Coccidioidomicosis

Por Alan M. Sugar, MD, Boston University School of Medicine;Cape Cod Healthcare

La coccidioidomicosis (fiebre de San Joaquín, fiebre del valle) es una infección causada por el hongo Coccidioides immitis, que suele afectar a los pulmones.

  • La inhalación de esporas del hongo provoca la infección.

  • Si es leve, la infección pulmonar produce síntomas parecidos a los de la gripe, y en ocasiones disnea, pero la infección puede empeorar y propagarse por todo el organismo y dar lugar a diversos síntomas.

  • El diagnóstico se confirma al indentificar el hongo en las muestras de material infectado analizadas al microscopio o en un cultivo.

  • Los fármacos antimicóticos, administrados por vía oral o intravenosa, se deben tomar durante años, a veces de por vida.

Las esporas de Coccidioides están presentes en el suelo del sudoeste de Estados Unidos y en América Central y del Sur. Los granjeros y otras personas que trabajan o están expuestos a tierra removida tienen más posibilidades de inhalar las esporas e infectarse. Las personas que se infectan durante un viaje pueden no manifestar los síntomas de la enfermedad hasta después de volver a casa.

La coccidioidomicosis se presenta en dos formas:

  • Infección pulmonar leve (coccidioidomicosis aguda primaria): supone la mitad de los casos y desaparece sin tratamiento.

  • Infección progresiva y grave (coccidioidomicosis progresiva): la infección se disemina por todo el organismo y en muchos casos es mortal. Es más frecuente en los hombres y en las personas de ascendencias africana y filipina y nativas americanas. Es más probable que aparezca este tipo de infección cuando el sistema inmunitario está debilitado a causa de enfermedades (especialmente sida) o de fármacos que lo inhiban.

¿Sabías que...?

  • Una reacción alérgica al hongo Coccidioides suele significar que la persona está luchando eficazmente contra la infección.

Síntomas

La mayoría de las personas con coccidioidomicosis aguda primaria no manifiestan síntomas. Si los presentan, aparecen de 1 a 3 semanas después de haberse producido la infección. Por lo general, son leves y similares a los de la gripe. Consisten en tos, fiebre, escalofríos, dolor torácico y, a veces, dificultad respiratoria. La tos produce esputos, a veces con sangre. Algunas personas presentan el llamado reumatismo del desierto, que incluye inflamación de la superficie del ojo (conjuntivitis) y de las articulaciones (artritis), así como la formación de nódulos en la piel (eritema nodoso). Tales efectos, que pueden ser dolorosos, son reacciones alérgicas al hongo y por lo general implican que la persona están luchando contra el hongo de forma efectiva.

La forma progresiva de la enfermedad es infrecuente y puede manifestarse semanas, meses o incluso años después de haberse producido la infección aguda primaria. Los síntomas consisten en fiebre leve, pérdida del apetito, adelgazamiento y disminución de la fuerza. La infección pulmonar puede empeorar, causando una mayor dificultad respiratoria. La infección también puede diseminarse a los huesos, las articulaciones, el hígado, el bazo y los riñones. Las articulaciones se inflaman y duelen. Los hongos pueden infectar el encéfalo y los tejidos que lo recubren (meninges), provocando meningitis, que suele ser crónica y provoca dolor de cabeza, confusión, pérdida del equilibrio, visión doble y otros problemas. Sin tratamiento, la meningitis siempre es mortal.

Diagnóstico

El médico puede sospechar coccidioidomicosis si la persona desarrolla los síntomas después de haber residido en una zona donde la infección sea frecuente, o de haber viajado allí recientemente. Las radiografías de tórax suelen mostrar alteraciones. No obstante, para identificar el hongo y confirmar así el diagnóstico, los médicos deben examinar al microscopio muestras de sangre, esputo, pus u otros tejidos infectados o enviarlos al laboratorio para realizar un cultivo.

Tratamiento

La coccidioidomicosis aguda primaria por lo general no requiere tratamiento y la recuperación suele ser completa. Sin embargo, algunos médicos prefieren tratarla cuando afecta a los pulmones.

A las personas que padecen la forma progresiva se les administra fluconazol por vía oral o anfotericina B por vía intravenosa. Como alternativa, la infección puede tratarse con voriconazol o posaconazol.

Si se desarrolla meningitis, se administra anfotericina B o fluconazol por vía intravenosa. Además, la anfotericina B puede inyectarse directamente en el líquido cefalorraquídeo.

Aun cuando el tratamiento farmacológico es eficaz en infecciones localizadas (por ejemplo, las de la piel, los huesos o las articulaciones), suelen producirse recaídas cuando se interrumpe. Por lo tanto, el tratamiento debe mantenerse durante años, a menudo de por vida.

Los síntomas alérgicos suelen requerir tratamiento con medicamentos, como corticoesteroides.

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