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Fiebre amarilla

Por Craig R. Pringle, BSc, PhD, Emeritus Professor, School of Life Sciences, University of Warwick

La fiebre amarilla es una enfermedad viral transmitida por mosquitos que se produce principalmente en los trópicos.

La fiebre amarilla está causada por un flavivirus y la transmiten los mosquitos.

La fiebre amarilla es una de las infecciones virales más fáciles de reconocer y con mayor importancia histórica, pues en el pasado se produjeron grandes epidemias de fiebre amarilla que causaron decenas de miles de muertos. Antaño, la enfermedad era frecuente en las zonas templadas y tropicales de todo el planeta, pero hoy solo ocurre en las áreas tropicales de África Central y de América Central y del Sur. La infección es más común durante los meses cálidos, húmedos y lluviosos en América del sur y durante los finales de las estaciones lluviosas y los inicios de las estaciones secas en África.

Síntomas

Algunas personas infectadas no presentan síntomas. Otras sufren síntomas leves, y en algunas la enfermedad adquiere un carácter grave, potencialmente mortal.

Los síntomas suelen aparecer de 3 a 6 días después de sufrir la picadura de un mosquito infectado. Los primeros síntomas son cefalea, mareos, dolores musculares, escalofríos y fiebre leve, que comienzan de repente. También son frecuentes las náuseas, los vómitos, el estreñimiento, la fatiga extrema y la irritabilidad. La cara está enrojecida.

Todos estos síntomas desaparecen al cabo de unos días. Algunas personas se recuperan, pero otras desarrollan fiebre alta, náuseas, vómitos y dolor generalizado y grave en pocas horas o días después de la remisión de los síntomas iniciales. La piel adquiere una coloración amarilla (ictericia), debido a la infección del hígado. A menudo hay hemorragia por la nariz, la boca y el tracto gastrointestinal. Las personas afectadas pueden vomitar sangre. También pueden sentir confusión y apatía, y algunas presentan una presión arterial muy baja (choque). La infección grave causa convulsiones, disfunción de varios órganos y coma. Hasta el 50% de las personas con hemorragia grave y fiebre mueren.

Diagnóstico

  • Cutivo o análisis de sangre

Los médicos sospechan la fiebre amarilla cuando las personas que viven en un área donde la infección es frecuente presentan los síntomas característicos. Se diagnostica realizando un cultivo del virus o mediante la detección de anticuerpos contra el virus en la sangre.

Prevención

La prevención implica:

  • Evitar las picaduras de mosquitos

  • Vacunación

  • Aislamiento

Evitar las picaduras de mosquito es clave para la prevención. Las personas que viven en zonas (o las visitan) donde la fiebre amarilla es frecuente pueden:

  • Aplicarse repelente de insectos DEET (dietiltoluamida) en la piel

  • Usar mosquiteras

  • Vestir camisas de manga larga y pantalones largos

Está disponible una vacuna que tiene un 95% de efectividad en la prevención de la fiebre amarilla, En Estados Unidos, la vacuna se administra solamente en clínicas de vacunación contra la fiebre amarilla autorizadas por el Servicio de Salud Pública de los EE.UU. Sin embargo, hay muchos centros de este tipo (véase CDC: Yellow Fever Vaccination Clinics). Muchos países solo requieren la vacunación de los viajeros que llegan de áreas afectadas por la fiebre amarilla. Si se visita una zona donde la fiebre amarilla es frecuente, debe recibirse la vacuna correspondiente.

La vacuna no se administra a:

  • Mujeres embarazadas

  • Bebés de menos de 6 meses de edad

  • Personas con un sistema inmunitario debilitado (como los enfermos de sida)

Si se sospecha o se diagnostica la infección, las personas afectadas permanecen aisladas en habitaciones protegidas por mosquiteras y rociadas con insecticidas para evitar una mayor propagación del virus por los mosquitos.

Tratamiento

  • Tratamiento sintomático

El tratamiento se basa en medidas de soporte, incluyendo fármacos para tratar o prevenir la hemorragia (entre los que se encuentran las inyecciones de vitamina K, que puede ayudar a la coagulación de la sangre).

No existe un tratamiento específico para la infección.