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Herpes zóster

(Herpes Zóster)

Por Craig R. Pringle, BSc, PhD, Emeritus Professor, School of Life Sciences, University of Warwick

El herpes zóster, también llamado culebrilla, es una infección que resulta de la reactivación del virus varicela-zóster, causante de la varicela.

  • Suele desconocerse la causa por la que el virus se reactiva, pero a veces la reactivación se produce cuando un trastorno o la administración de medicamentos debilitan el sistema inmunitario.

  • El herpes zóster provoca una erupción dolorosa de ampollas llenas de líquido, y a veces da lugar a dolor crónico en la zona afectada.

  • Los médicos diagnostican herpes zóster cuando las ampollas características aparecen en una franja de piel.

  • La vacuna contra la varicela y, para personas de 60 años o más, la vacuna contra el herpes zóster ayudan a prevenir el herpes zóster.

  • Los medicamentos antivirales, si se inician antes de la aparición de las ampollas, ayudan a aliviar los síntomas y contribuyen a resolverlos antes, pero con frecuencia se necesitan calmantes para el dolor, incluso opiáceos.

La varicela y el herpes zóster están causados por el virus varicela-zóster (otro miembro de la familia de los herpesvirus, el herpesvirus tipo 3):

  • La varicela es la infección inicial.

  • El herpes zóster es una reactivación del virus, por lo general años después.

Durante la varicela, el virus se disemina al torrente sanguíneo e infecta las células nerviosas (ganglios nerviosos) de los nervios espinales o craneales. El virus permanece en los ganglios nerviosos en un estado inactivo (latente), y puede no volver a causar síntomas o bien reactivarse muchos años después. Cuando se reactiva, el virus viaja por las fibras nerviosas hasta la piel, donde produce úlceras dolorosas parecidas a las de la varicela. El brote de herpes zóster casi siempre aparece en una franja de piel situada encima de las fibras nerviosas infectadas, y solo en un lado del cuerpo. Esta zona de la piel, el área inervada por las fibras nerviosas de un único nervio espinal, se denomina dermatoma. Los dermatomas adyacentes también pueden estar infectados.

A diferencia de las infecciones por el virus del herpes simplex, que pueden repetirse muchas veces, normalmente aparece un único brote de herpes zóster a lo largo de la vida de una persona. Sin embargo, las personas con el sistema inmunitario debilitado pueden tener herpes zóster más de una vez, y también pueden tener úlceras poco frecuentes, úlceras en muchos dermatomas o úlceras en ambos lados del cuerpo.

El herpes zóster puede aparecer a cualquier edad, pero es más frecuente después de los 50 años.

Habitualmente se desconocen las causas de su reactivación; sin embargo, suele producirse cuando el sistema inmunitario del organismo se debilita por otra afección, como el sida o el linfoma de Hodgkin, o bien a causa de medicaciones que inhiben el sistema inmunitario (por ejemplo para prevenir el rechazo de un órgano trasplantado). La aparición de herpes zóster no significa necesariamente que la persona tenga otra enfermedad grave.

Síntomas y complicaciones del herpes zóster

Durante los 2 o 3 días previos a la aparición del herpes zóster, la mayoría de las personas sufren dolor, sensación de hormigueo o prurito en una franja de piel (un dermatoma) en un lado del cuerpo. En la franja de piel se desarrollan posteriormente racimos de pequeñas ampollas llenas de líquido rodeadas por una pequeña área roja. Las ampollas solo aparecen en la zona de piel inervada por las fibras del nervio infectado. Muy a menudo las ampollas aparecen en el tronco, por lo general en un solo lado, pero algunas también pueden hacerlo en otras localizaciones. Por lo general, las ampollas siguen formándose durante los 3 a 5 días siguientes. El área afectada suele ser sensible a cualquier estímulo, incluso a un ligero roce, y puede ser muy dolorosa.

Los síntomas del herpes zóster son menos graves en los niños que en los adultos.

Las ampollas comienzan a secarse y a formar costras aproximadamente 5 días después de su aparición. Hasta que se forma la costra, las ampollas contienen el virus varicela-zóster, que si se transmite a personas suscetibles puede causarles varicela. Si las ampollas abarcan amplias zonas de la piel o persisten durante más de 2 semanas, suele indicar que el sistema inmunitario no funciona bien.

La piel afectada, sobre todo en las personas mayores y en aquellas con el sistema inmunitario debilitado, puede infectarse por bacterias. Rascarse las ampollas aumenta este riesgo. Las infecciones bacterianas aumentan el riesgo de cicatrices.

Un episodio de herpes zóster confiere a la mayoría de las personas inmunidad de por vida ante brotes posteriores. Algo menos del 4% de las personas tienen más de un episodio. En la piel pueden quedar cicatrices o hiperpigmentación, a veces en áreas grandes, aunque la mayoría de las personas se recuperan sin sufrir consecuencias a largo plazo. Algunas personas, en especial las de edad avanzada, continúan teniendo dolor crónico en la zona afectada (neuralgia posherpética).

La parte del nervio facial que va hacia el ojo puede resultar afectada, lo que provoca dolor y ampollas en el ojo y a su alrededor, y en ocasiones en la punta de la nariz. Esta infección (llamada herpes zóster oftálmico) puede ser grave. Si el trastorno no se trata adecuadamente, la visión puede verse afectada.

La parte del nervio facial que va hacia el oído también puede resultar afectada. Esta infección (denominada herpes zóster ótico o síndrome de Ramsay Hunt) puede causar dolor, parálisis parcial de la cara y pérdida de audición.

La neuralgia postherpética se desarrolla en aproximadamente el 10% de las personas que han tenido herpes. Es más frecuente en las personas mayores, En la neuralgia postherpética, las personas que han sufrido culebrilla continúan teniendo dolor mucho después de que la erupción haya desaparecido. El dolor ocurre en áreas de la piel inervadas por nervios infectados con herpes zóster.

Diagnóstico del herpes zóster

  • Evaluación por un médico

  • Raramente, análisis o biopsia de una muestra tomada de las ampollas

Las personas que sospechen que pueden tener un herpes zóster deben acudir al médico de inmediato porque, para ser eficaz, el tratamiento debe iniciarse de forma precoz. Los médicos les pedirán que describan con precisión la ubicación del dolor; el dolor en una franja poco delimitada en un lado del cuerpo sugiere un herpes zóster. Si las ampollas características aparecen siguiendo el patrón propio de la enfermedad (en una franja de piel que representa un dermatoma), el diagnóstico es claro.

En raras ocasiones, los médicos toman una muestra de las ampollas para analizarlas o realizan una biopsia de piel para confirmar el diagnóstico.

Prevención del herpes zóster

Se recomienda la prevención de la varicela mediante la vacunación infantil y la de adultos no inmunizados.

La vacuna para prevenir el herpes zóster se recomienda para personas sanas de 60 años o más, independientemente de si han pasado la varicela o tienen antecedentes de herpes zóster. Esta vacuna reduce a la mitad las probabilidades de sufrir herpes zóster y disminuye en dos tercios el riesgo de presentar neuralgia posherpética. Si el herpes zóster se desarrolla en personas que han sido vacunadas, es menos grave que en las que no han recibido la vacuna.

Cuando se produce el herpes zóster, la toma de medicamentos antivíricos reduce el riesgo de desarrollar neuralgia postherpética.

Tratamiento del herpes zóster

  • Medicamentos antivirales

  • Analgésicos

Los tratamientos del herpes zóster incluyen varios medicamentos antivíricos (antivirales). Suelen administrarse antivirales por vía oral, como famciclovir o valaciclovir, especialmente en las personas de edad avanzada y en las que tienen un sistema inmunitario debilitado. El aciclovir se utiliza algunas veces. El tratamiento con fármacos debe iniciarse tan pronto como se sospeche el herpes zóster, si es posible antes de que se formen las ampollas; es más probable que sean ineficaces si se inician más de 3 días después de la aparición de las ampollas. Estos fármacos no curan la enfermedad, pero pueden ayudar a aliviar los síntomas del herpes zóster y acortan su duración.

En caso de afectación de los ojos o los oídos debe consultarse con el especialista apropiado (oftalmólogo u otorrinolaringólogo).

Las compresas húmedas calman el dolor, pero suele ser necesario tomar analgésicos. Se puede intentar el tratamiento con antiinflamatorios no esteroideos (AINE) o paracetamol (acetaminofeno), pero a menudo hay que recurrir a los analgésicos opiáceos orales.

Para evitar el desarrollo de infecciones bacterianas, las personas con herpes zóster deben mantener la piel afectada limpia y seca, y no rascarse las ampollas.

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