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Varicela

Por Craig R. Pringle, BSc, PhD, Emeritus Professor, School of Life Sciences, University of Warwick

La varicela es una infección muy contagiosa producida por el virus varicela-zóster, que produce una erupción pruriginosa característica en forma de pequeñas ampollas o costras.

  • La varicela afecta mayoritariamente a los niños, pero la vacunación sistemática ha disminuido considerablemente el número de casos.

  • Antes de que aparezca la erupción, los niños tienen un ligero dolor de cabeza, fiebre moderada, pérdida de apetito y sensación general de malestar.

  • El diagnóstico se basa en los síntomas, especialmente la erupción cutánea.

  • La mayoría de niños se recuperan por completo, aunque algunos niños enferman gravemente y pueden incluso morir.

  • La vacunación sistemática evita la varicela.

  • Por lo general, solo deben tratarse los síntomas.

La varicela es una infección que afecta en su mayor parte a los niños. Antes de la introducción de la vacuna en 1995, alrededor del 90% de los niños desarrollaban la varicela antes de los 15 años de edad. Actualmente, el uso de la vacuna ha reducido el número de casos anuales de varicela en aproximadamente un 70%. Sin embargo, en algunos países, la vacuna no está disponible o no se incluye como una vacuna infantil recomendada de forma sistemática.

La enfermedad se transmite por gotitas que contienen el virus varicela-zóster (un virus herpético) y que son transportadas por el aire (ver Introducción a la infección por virus del herpes (herpesvirus)). Una persona con varicela es más contagiosa en cuanto aparecen los síntomas y sigue siéndolo hasta que las últimas ampollas forman costras.

En los niños con un sistema inmunitario normal, la varicela no suele ser grave. La mayoría de las personas con varicela solo sufren lesiones en la piel y en la boca. Sin embargo, a veces el virus infecta los pulmones, el encéfalo, el corazón, el hígado o las articulaciones. Estas infecciones graves son más frecuentes en recién nacidos, adultos y personas con un sistema inmunitario debilitado (por ejemplo, quienes están infectados por el VIH o están tomando fármacos que inhiben el sistema inmunitario o dosis elevadas de corticoesteroides).

Una persona que ha tenido varicela desarrolla inmunidad y no puede contraerla de nuevo. Sin embargo, el virus de la varicela-zóster permanece inactivo en el cuerpo tras la infección inicial de varicela y, a veces, se reactiva más tarde, causando un brote de herpes zóster (ver Herpes zóster). Existe una vacuna contra el herpes zóster para los adultos de edad más avanzada. Esta vacuna puede disminuir el riesgo de desarrollar el herpes zóster en una época posterior de la vida.

Síntomas

Los síntomas comienzan entre 10 y 21 días después de la infección. Entre estos factores se incluyen los siguientes:

  • Dolor de cabeza leve

  • Fiebre moderada

  • Inapetencia

  • Sensación general de enfermedad (malestar)

A menudo, los niños más pequeños no presentan estos síntomas, pero los síntomas en los adultos suelen ser graves.

Al cabo de entre 24 y 36 horas del inicio de los primeros síntomas, aparece una erupción en forma de máculas (manchas) pequeñas, planas y rojas. Las máculas, por lo general, empiezan en el tronco y en la cara y luego aparecen en los brazos y en las piernas. Algunos niños presentan solo algunas máculas; otros las tienen casi en cualquier sitio, incluyendo el cuero cabelludo y el interior de la boca.

Al cabo de entre 6 y 8 horas, las máculas adquieren relieve y forman unas ampollas redondas, llenas de líquido y pruriginosas, sobre un fondo de color rojo; finalmente, se forma la costra. Las máculas continúan desarrollándose y convirtiéndose en costras durante varios días. Las máculas se pueden infectar por bacterias, causando infección cutánea con enrojecimiento (celulitis, ver Celulitis) o ampollas (impétigo ampolloso, ver Impétigo y ectima) o, en raras ocasiones, infección de los tejidos subcutáneos.

Al quinto día suele detenerse la formación de nuevas máculas, la mayoría de ellas se vuelven costras hacia el sexto día y casi todas suelen desaparecer en menos de 20 días.

A veces los niños que han sido vacunados desarrollan varicela. En estos casos la erupción suele ser más leve, la fiebre es menos frecuente y la enfermedad es más breve. No obstante, el contacto próximo con las máculas también es una vía de contagio.

Las ampollas de la boca se rompen rápidamente y forman llagas (úlceras), que suelen doler al tragar. Las llagas también pueden aparecer en los párpados, las vías respiratorias altas, el recto y la vagina. En algunos casos, las llagas localizadas en la laringe y en las vías respiratorias altas causan una grave dificultad respiratoria. Los ganglios linfáticos situados a los lados del cuello aumentan de tamaño y duelen. La peor parte de la enfermedad dura habitualmente de 4 a 7 días.

Complicaciones

La infección pulmonar (neumonía) aparece en 1 de cada 400 personas, sobre todo en adolescentes y adultos, evolucionando con tos y dificultad respiratoria.

La infección del encéfalo (encefalitis) es menos frecuente y causa inestabilidad al caminar, cefalea, mareo, confusión y convulsiones. En los adultos, la encefalitis puede ser mortal. Se produce en 1-2 personas de cada 1000 casos de varicela.

La infección del corazón puede causar un soplo cardíaco.

La inflamación de las articulaciones produce dolor. También se producen inflamación hepática y problemas hemorrágicos.

El síndrome de Reye, una complicación poco frecuente pero muy grave, que aparece casi exclusivamente en los menores de 18 años, puede comenzar de 3 a 8 días después de aparecer la erupción (ver Síndrome de Reye). Administrar aspirina (ácido acetilsalicílico) a los niños infectados aumenta el riesgo.

Las mujeres embarazadas que contraen la varicela corren riesgo de complicaciones graves, como neumonía, que pueden ser mortales. Si la varicela se desarrolla durante el primer trimestre o principios del segundo trimestre de gestación, el feto puede infectarse. Dicha infección puede causar cicatrices en la piel, defectos de nacimiento y un peso bajo al nacer.

El riesgo de complicaciones también es mayor para las personas con un sistema inmunitario debilitado.

Diagnóstico

  • Evaluación por un médico

  • En muy pocos casos, análisis de sangre y de una muestra tomada de una llaga

El médico suele reconocer fácilmente la varicela porque la erupción y los demás síntomas son muy característicos.

No suelen ser necesarios análisis de sangre para medir los niveles de anticuerpos en sangre ni los análisis de laboratorio para identificar el virus (por lo general utilizando una muestra raspada de las máculas).

Pronóstico

Los niños sanos casi siempre se recuperan de la varicela sin problemas; la mortalidad es de solo 2 de cada 100 000 niños. Antes de la inmunización sistemática, cerca de 4 millones de personas desarrollaban la varicela cada año en Estados Unidos y alrededor de 100 de estas personas (cerca de la mitad eran niños) morían a causa de complicaciones de la varicela.

La infección es más grave en los adultos. Alrededor de 30 de cada 100 000 adultos mueren.

La varicela es mortal hasta en un 15% de las personas con un sistema inmunitario debilitado.

Cuando las personas que han sido vacunadas desarrollan la varicela, la enfermedad es menos grave y la tasa de mortalidad es menor.

Prevención

En Estados Unidos, los niños son vacunados sistemáticamente contra la varicela-zóster, empezando a los 12 meses de edad, con una segunda dosis administrada a los 4 o 6 años de edad (ver Vacunación en lactantes y niños y Vacuna contra la varicela). La vacuna contra la varicela contiene virus vivo de la varicela atenuado. Los niños mayores y los adultos (en particular las mujeres en edad fértil y los adultos con trastornos crónicos) sin inmunidad también pueden ser vacunados.

Ciertas personas no deben vacunarse:

  • Las personas con un sistema inmunitario debilitado, incluyendo aquellas que toman altas dosis de corticoesteroides

  • Los niños que toman aspirina (ácido acetilsalicílico) regularmente

  • Las mujeres embarazadas y las que tengan intención de quedarse embarazadas entre 1 y 3 meses después de la vacunación

  • Las personas que se encuentran moderadamente enfermas en el momento de la vacunación

El aislamiento de una persona infectada evita el contagio de la infección a otras personas que no la han padecido. Los niños no deben volver a la escuela y los adultos no deben volver al trabajo hasta que las últimas ampollas han formado costra.

Después de la exposición a la varicela

A las personas vulnerables a la infección y con un gran riesgo de complicaciones que han estado en contacto con un enfermo de varicela, se les pueden administrar anticuerpos contra el virus de la varicela (concentrado de inmunoglobulinas contra la varicela-zóster). Entre estas personas se encuentran las que sufren leucemia o tienen un sistema inmunitario debilitado, las mujeres embarazadas que no han sufrido varicela o no han sido vacunadas y los recién nacidos cuya madre ha desarrollado varicela 5 días antes del parto o 2 días después de este). El tratamiento con concentrado de inmunoglobulinas contra la varicela-zóster puede prevenir la infección o reducir su gravedad.

Tratamiento

  • En los casos leves, medidas para aliviar los síntomas

  • En los casos con riesgo de síntomas de moderados a graves, fármacos antivíricos

Los casos leves de varicela solo requieren tratamiento de los síntomas. Colocar compresas húmedas sobre la piel alivia el picor (prurito), que puede ser intenso, y evita que la persona se rasque; rascarse puede propagar la infección, y además puede ocasionar la formación de cicatrices. Debido al riesgo de una infección bacteriana, es importante lavar a menudo la piel con agua y jabón, mantener las manos limpias, las uñas cortas para minimizar el rascado y la ropa limpia y seca. Si el prurito es muy intenso, pueden administrarse medicamentos que alivian el prurito, como por ejemplo antihistamínicos por vía oral. Tomar baños de avena coloidal también puede ayudar. Si se desarrolla una infección bacteriana se utiliza tratamiento antibiótico.

Los médicos suelen prescriben fármacos antivíricos, como aciclovir, valaciclovir y famciclovir, a todos los adolescentes y adultos con riesgo de sufrir síntomas entre moderados y graves; entre ellos se incluyen las personas con trastornos cutáneos como el eccema, quienes sufren enfermedad pulmonar crónica y quienes tienen un sistema inmunitario debilitado. Los fármacos pueden reducir ligeramente la gravedad y la duración de los síntomas, pero para ser efectivos deben administrarse durante las 24 horas siguientes al inicio de la enfermedad. Estos fármacos antivíricos no suelen administrarse a niños sanos o a mujeres embarazadas.