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Placenta previa

Por Antonette T. Dulay, MD, The Ohio State University College of Medicine

La placenta previa es la inserción (implantación) de la placenta sobre o cerca del cuello uterino, en la parte inferior del útero, en lugar de en la parte superior del mismo.

  • La mujer puede presentar una hemorragia indolora, a veces abundante, a finales del embarazo.

  • La ecografía suele confirmar el diagnóstico.

  • El reposo en cama puede ser todo lo que se precisa, pero si la hemorragia continúa o si los pulmones del feto son lo suficientemente maduros, casi siempre se realiza un parto por cesárea.

La placenta puede cubrir parcial o completamente el orificio del cuello uterino, la entrada del canal del parto. La placenta previa se produce en 1 de cada 200 partos. Hasta un 15% de las mujeres embarazadas tienen placenta previa durante el segundo trimestre, algo que puede detectarse en la ecografía. Sin embargo, se resuelve por sí sola en más del 90% de las mujeres antes del parto. Si no se resuelve, la placenta puede desprenderse del útero, lo que priva al bebé de su suministro de sangre. El paso del bebé a través del canal de parto también puede desgarrar la placenta y provocar hemorragias graves.

El riesgo aumenta en las circunstancias siguientes:

  • Haber tenido más de un embarazo

  • Haber tenido un parto por cesárea

  • Haber tenido gemelos, trillizos u otros nacimientos múltiples en un único embarazo

  • Tener una anomalía estructural del útero, tal como fibromas

  • Tabaquismo

  • Edad materna avanzada

La placenta previa puede causar hemorragia indolora por la vagina, que comienza de repente hacia finales del embarazo. La sangre suele ser de color rojo brillante. Si la hemorragia se intensifica, compromete la vida de la mujer y la del feto.

Diagnóstico

Los médicos sospechan de placenta previa en mujeres embarazadas con sangrados vaginales que se inician después de las 20 semanas de embarazo. La ecografía ayuda a los médicos a identificar la placenta previa y a diferenciarla de una placenta que se ha desprendido prematuramente (desprendimiento placentario).

Si la placenta previa está causando síntomas, los médicos controlan la frecuencia cardíaca del feto para determinar si está teniendo problemas, como falta de oxígeno (ver Monitorización del feto). Si los médicos piensan que un parto prematuro puede ser necesario, pueden tomar una muestra del líquido que rodea al feto (líquido amniótico) para determinar si los pulmones del feto están maduros. Si este es el caso, puede provocarse el parto.

Tratamiento

Cuando la hemorragia es ligera y aparece antes de las 36 semanas de embarazo, el médico, por lo general, aconseja reposo en cama en el hospital hasta que cese la hemorragia. Si el sangrado se detiene, se permite a la mujer reanudar gradualmente sus actividades diurnas. Si la hemorragia no reaparece, por lo general se la da de alta, siempre y cuando le sea fácil volver al hospital. Los médicos recomiendan no tener relaciones sexuales, ya que podría desencadenarse una nueva hemorragia.

Si el sangrado recurre, la mujer es rehospitalizada y se la mantiene allí hasta el parto.

Se provoca el parto, normalmente por cesárea, generalmente cuando los pulmones del feto están lo suficientemente maduros (por lo general después de las 36 semanas) o cuando se produce una de las siguientes situaciones:

  • La hemorragia es profusa o no se detiene.

  • La frecuencia cardíaca del feto es anómala, lo que indica falta de oxígeno.

  • La presión arterial de la mujer es demasiado baja.

El parto se realiza casi siempre por cesárea, y se provoca antes de que comience de forma natural.

Las mujeres que sangran profusamente pueden requerir repetidas transfusiones de sangre.

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