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Placenta acreta (placenta adherida)

Por Julie S. Moldenhauer, MD, Associate Professor of Clinical Obstetrics and Gynecology in Surgery, The Garbose Family Special Delivery Unit;Attending Physician, The Center for Fetal Diagnosis and Treatment, Children's Hospital of Philadelphia;The University of Pennsylvania Perelman School of Medicine

La placenta acreta es la placenta adherida al útero de manera anormalmente firme.

Cuando la placenta está muy adherida pueden quedar fragmentos en el útero después del parto. En estos casos, la expulsión de la placenta se retrasa y aumenta el riesgo de hemorragia y de infección del útero. La hemorragia puede poner en peligro la vida de la mujer.

Esta es una complicación más frecuente en mujeres:

  • Que han tenido un parto por cesárea

  • Cuya placenta cubre el cuello uterino

  • Mayores de 35 años

  • Que han tenido muchos embarazos

  • Que tienen fibromas bajo el revestimiento del útero (endometrio)

  • Que se han sometido a una operación en el útero, como la eliminación de fibromas

  • Que padecen algún trastorno del revestimiento uterino, como el síndrome de Asherman

Los partos por cesárea aumentan de forma importante el riesgo de placenta acreta. Cuantas más cesáreas se haya realizado a una mujer, mayor es el riesgo que esta corre.

Diagnóstico

Si una mujer reúne circunstancias que aumentan el riesgo de placenta acreta, los médicos suelen realizar una ecografía antes del parto para comprobar si la placenta está adherida. Las ecografías se realizan con un dispositivo portátil que se coloca en el abdomen o en la vagina de la mujer, y se realizan periódicamente, a partir de las 20 a 24 semanas de embarazo. Si el resultado de la ecografía no es claro, puede realizarse una resonancia magnética (RMN).

Durante el parto, se sospecha si después de la salida del bebé la placenta tarda más de 30 minutos en desprenderse, si los médicos no consiguen separar la placenta con la mano o si se produce una hemorragia excesiva al intentarlo.

Tratamiento

Si los médicos detectan que la placenta está adherida antes del parto, normalmente se realiza una cesárea seguida de la extirpación del útero (histerectomía poscesárea). En este procedimiento el bebé nace por cesárea y a continuación se extirpa el útero junto con la placenta. Este procedimiento se lleva a cabo en cuanto el feto ha madurado lo suficiente, que normalmente suele ser entre las semanas 35 y 36. De esta manera se intenta evitar la hemorragia potencialmente mortal que puede ocurrir cuando la placenta se queda adherida después del parto. No obstante, el procedimiento puede causar problemas, como un sangrado abundante o coágulos de sangre, que pueden viajar a través del torrente sanguíneo y bloquear una arteria en los pulmones. Una histerectomía poscesárea debe hacerse en un hospital que esté equipado para atender este tipo de complicaciones.

Si la mujer se plantea tener más hijos en el futuro y la colocación de la placenta no indica que se vaya a producir una hemorragia muy profusa, los médicos tratan de preservar el útero utilizando diversas técnicas.