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Introducción a los trastornos genéticos

Por Jeffrey S. Dungan, MD, Northwestern University, Feinberg School of Medicine

  • Antes de quedar embarazadas, las mujeres y sus parejas deben consultar a su médico sobre el riesgo de tener un hijo con un trastorno genético.

  • Entre los factores de riesgo se encuentran: mujer de edad avanzada («añosa»), antecedentes familiares de anomalías genéticas, abortos espontáneos, un hijo anterior con malformaciones congénitas y alteraciones cromosómicas en uno de los futuros padres.

  • Se pueden realizar pruebas para detectar enfermedades genéticas a todas las parejas, pero en especial en las que tienen mayor riesgo de lo normal de tener bebés que las padezcan.

Una de las grandes preocupaciones de los futuros padres consiste en saber si su bebé estará sano. Algunos de los problemas que pueden afectarle se deben a trastornos genéticos. Estos trastornos son consecuencia de anomalías en uno o más genes, o en los cromosomas (ver Genes y cromosomas y Home.heading on page Introducción a los trastornos cromosómicos). Algunas anomalías son hereditarias. Es decir, pasan de generación en generación. Otras, que parecen producirse de manera espontánea, se producen cuando el material genético en los espermatozoides u óvulos de los padres, o en las células del embrión en desarrollo, queda lesionado por casualidad o por el efecto de fármacos, productos químicos u otros elementos perjudiciales (como los rayos X).

Las parejas que están pensando en tener un hijo deben consultar sobre el riesgo de que su futuro bebé sufra alteraciones genéticas (asesoramiento genético prenatal). Pueden comentar las precauciones que pueden adoptar para ayudar a prevenir algunas anomalías genéticas. Por ejemplo, las mujeres pueden evitar la exposición a sustancias tóxicas y radiaciones. Las parejas también pueden solicitar a su médico que determine si el riesgo de tener un bebé con alteraciones genéticas en su caso es superior al promedio. Si el riesgo es elevado, se realizarán pruebas que ayuden a evaluarlo con mayor precisión (cribado genético, ver Cribado genético). Si el resultado de estas pruebas confirma que existe una alta probabilidad de alteraciones genéticas graves, la pareja puede considerar alguna de las siguientes opciones:

  • Anticoncepción

  • Inseminación artificial, si el varón tiene un gen alterado

  • Utilización de un óvulo procedente de otra mujer si es la mujer la que tiene un gen anómalo

  • Fecundación in vitro («niño probeta», ver Fecundación in vitro (FIV)), con análisis de los genes del embrión antes de que este sea transferido al útero de la mujer (lo que se conoce como diagnóstico genético preimplantacional).

Si la mujer ya está embarazada, el médico le informará de las diferentes pruebas que se pueden realizar para examinar al feto durante la gestación (pruebas de diagnóstico prenatal, ver Pruebas de diagnóstico prenatal). También le informará de las posibles opciones en caso de detectarse una alteración genética en dichas pruebas. El aborto es una de estas opciones. En algunos casos, la anomalía puede ser tratada. A veces la pareja es remitida a la consulta de un especialista en genética, que les ayudará a tomar la decisión más adecuada.

Las parejas deben tomarse todo el tiempo que necesiten para asimilar la información, y deben formular cualquier pregunta que les surja para aclarar sus dudas.

¿Sabías que...?

  • La probabilidad de tener un bebé con síndrome de Down a los 36 años es de 1 caso en 300 embarazos.

  • La probabilidad de tener un bebé con síndrome de Down a los 40 años es de 1 caso en 100 embarazos.

Factores de riesgo

En todos los embarazos existe cierto riesgo de que se produzcan alteraciones genéticas, pero hay ciertas circunstancias que lo incrementan.

Alteraciones debidas a varios factores

Algunas malformaciones congénitas, como el labio leporino o el paladar hendido, se deben a alteraciones en uno o más genes en combinación con la exposición a ciertos otros factores, incluyendo la exposición a sustancias presentes en el entorno (lo que se denomina herencia multifactorial). Es decir, el gen alterado hace al feto más susceptible de padecer una malformación congénita, pero esta no se desarrollará a no ser que dicho feto sea expuesto al efecto de determinadas sustancias como ciertos fármacos o el alcohol. Muchas malformaciones congénitas, como las malformaciones cardíacas, presentan este patrón hereditario.

Defectos del tubo neural

Son malformaciones congénitas del encéfalo o de la médula espinal (ver Defectos del tubo neural). Entre ellas están la espina bífida (en la que la columna vertebral no se cierra completamente, quedando la médula espinal expuesta) y la anencefalia (en la cual falta gran parte del encéfalo y del cráneo). Estos defectos del tubo neural se presentan en aproximadamente 1 de cada 1000 nacimientos. Para la mayoría de estos defectos, la herencia es multifactorial (genes anómalos más otros factores). Otros factores incluyen:

  • Antecedentes familiares: el riesgo de tener un bebé con malformaciones del tubo neural aumenta si ya se había dado algún caso en otros miembros de la familia, incluidos otros hijos de la pareja (antecedentes familiares). Si una pareja tiene ya un hijo con espina bífida o anencefalia, el riesgo de tener otro con dichas malformaciones es del 2 al 3%. Si tienen ya dos hijos con estos problemas, el riesgo será del 5 al 10%. Sin embargo, el 95% de los casos ocurren en familias sin un historial previo de malformaciones del tubo neural.

  • Déficit de ácido fólico: el riesgo también puede aumentar por una dieta baja en ácido fólico, una vitamina (ver Ácido fólico). Los suplementos de ácido fólico ayudan a prevenir los defectos del tubo neural. Por ello, la toma diaria de suplementos de ácido fólico es una recomendación que se hace rutinariamente a todas las mujeres en edad fértil, sobre todo si ya están embarazadas. El ácido fólico se incluye habitualmente en los complejos vitamínicos prenatales.

  • Localización geográfica: el riesgo también varía según el lugar donde una persona vive. Por ejemplo, el riesgo es mayor en el Reino Unido que en los Estados Unidos.

Algunos defectos del tubo neural son el resultado de anomalías hereditarias en un único gen, de anomalías cromosómicas o de la exposición a fármacos o sustancias.

A las parejas que tienen al menos un 1% de riesgo de tener un hijo con malformaciones del tubo neural se les recomienda realizar un diagnóstico prenatal mediante amniocentesis y ecografía.

Anomalías cromosómicas

La prueba cromosómica estándar puede detectar muchas anomalías cromosómicas (Ver también Introducción a los trastornos cromosómicos), principalmente las que implican un número anómalo de cromosomas o una anomalía en la estructura de un cromosoma. Se presentan en aproximadamente 1 de cada 200 nacidos vivos, y se producen al menos en la mitad de los abortos espontáneos que ocurren durante el primer trimestre de gestación. La mayoría de los fetos con estas alteraciones cromosómicas mueren antes del nacimiento. Entre los niños nacidos vivos, el síndrome de Down es la alteración cromosómica más habitual.

Hay varios factores que aumentan el riesgo de tener un hijo con alteraciones cromosómicas:

  • Edad de la madre: el riesgo de tener un bebé con síndrome de Down aumenta con la edad de la mujer, de forma importante después de los 35 años.

  • Antecedentes familiares: si hay antecedentes de alteraciones cromosómicas en algún familiar de la pareja (incluidos sus hijos previos), el riesgo aumenta. Si la pareja tiene ya un niño con trisomía 21 (la forma más frecuente del síndrome de Down) y la mujer es menor de 30 años, el riesgo de que nazca otro niño con alteraciones cromosómicas aumenta a alrededor del 1%.

  • Malformaciones congénitas en hijos previos: el riesgo de tener un hijo con alteraciones cromosómicas aumenta si la pareja tuvo ya un hijo nacido vivo con malformaciones. El riesgo también aumenta si tuvo un hijo nacido muerto, aunque se desconozca si este sufría o no alteraciones cromosómicas. Aproximadamente el 30% de los niños nacidos vivos con una malformación congénita, y el 5% de los nacidos muertos sin malformaciones aparentes presentan anomalías cromosómicas.

  • Abortos espontáneos: el riesgo de tener un niño con anomalías cromosómicas puede aumentar si la mujer sufrió previamente varios abortos espontáneos. Si el feto de un primer aborto espontáneo tuvo una alteración cromosómica, probablemente la tendrá también el feto de un aborto espontáneo posterior, aunque no necesariamente tiene que presentar la misma alteración. Si una mujer ha sufrido varios abortos espontáneos se debe realiza un estudio cromosómico a ambos miembros de la pareja antes de que intenten tener otro hijo. Si en dicho estudio se identifican alteraciones, la pareja puede optar por realizar un diagnóstico prenatal precoz en el siguiente embarazo.

  • Alteraciones cromosómicas en los futuros padres: en raras ocasiones, si los padres presentan alteraciones cromosómicas estructurales desean tener un hijo. Una alteración cromosómica estructural en uno o ambos padres incrementa el riesgo de que el futuro bebé la sufra también, incluso aunque la persona esté sana y no presente signos físicos de la alteración. Los médicos sospechan esta circunstancia cuando una pareja ha sufrido varios abortos espontáneos, tiene problemas de esterilidad o ya ha tenido un hijo con malformaciones congénitas. Estas parejas tienen un riesgo elevado de tener hijos con alteraciones cromosómicas graves y de tener abortos espontáneos.

Algunas anomalías cromosómicas no se pueden detectar mediante pruebas cromosómicas estándar. La mayoría de estas anomalías son demasiado pequeñas para ser vistas con un microscopio, por ese motivo a veces se llaman anomalías submicroscópicas. Por ejemplo, puede faltar una parte muy pequeña de un cromosoma (llamada microdeleción), o un cromosoma puede tener una parte muy pequeña adicional (llamada microduplicación). Se desconoce la frecuencia con la que ocurren las microdeleciones y las microduplicaciones. Sin embargo, alrededor del 15% de los niños con malformaciones congénitas estructurales o retraso en el desarrollo las tienen, a pesar de que los resultados de las pruebas cromosómicas estándar son normales. Las pruebas denominadas "pruebas de micromatrices" pueden detectar microdeleciones y microduplicaciones. Los médicos pueden ofrecer pruebas de micromatrices antes del nacimiento en ciertas circunstancias; por ejemplo, cuando se detectan malformaciones congénitas en un feto.

¿Qué riesgo existe de tener un bebé con una anomalía cromosómica*?

Edad de la mujer

Riesgo de Síndrome de Down

Riesgo de padecer cualquier anomalía cromosómica

20

1 de cada 1667

1 de cada 526

22

1 de cada 1429

1 de cada 500

24

1 de cada 1250

1 de cada 476

26

1 de cada 1176

1 de cada 476

28

1 de cada 1053

1 de cada 435

30

1 de cada 952

1 de cada 384

32

1 de cada 769

1 de cada 323

34

1 de cada 500

1 de cada 238

36

1 de cada 294

1 de cada 156

38

1 de cada 175

1 de cada 102

40

1 de cada 106

1 de cada 66

42

1 de cada 64

1 de cada 42

44

1 de cada 38

1 de cada 26

46

1 de cada 23

1 de cada 16

48

1 de cada 14

1 de cada 10

*Esta tabla incluye sólo anomalías cromosómicas que pueden ser detectadas por las pruebas cromosómicas estándar. No contempla el riesgo de tener un bebé con anomalías cromosómicas submicroscópicas (que pueden ser detectadas únicamente mediante pruebas especiales).

Datos basados en la información de Hook EB: Rates of chromosome abnormalities at different maternal ages. Obstetrics and Gynecology 58:282-285, 1981; y Hook EB, Cross PK, Schreinemachers DM: Chromosomal abnormality rates at amniocentesis and in live-born infants. Journal of the American Medical Association 249(15):2034–2038, 1983.

Trastornos monogenéticos

Son enfermedades en las que solo está afectado un par de genes. Un gen presenta una mutación que interfiere en su funcionamiento normal, lo que puede ocasionar enfermedades o malformaciones congénitas. El riesgo de aparición de estas enfermedades depende de si el trastorno se desarrolla cuando solo uno de los genes del par ha sufrido la mutación (gen dominante) o cuando la han sufrido los dos genes (genes recesivos, ver Patrones de herencia).

El riesgo dependerá también de si el gen alterado está localizado o no en el cromosoma X (ver Patrones de herencia : Herencia ligada al cromosoma X). Existen 23 pares de cromosomas. Uno de ellos es el par de cromosomas sexuales, que son los cromosomas X e Y. El resto se denominan cromosomas autosómicos. Las mujeres tienen dos cromosomas X, mientras que los varones tienen un cromosoma X y otro Y. Si el gen alterado está localizado en el cromosoma X, la enfermedad a que da lugar se denomina «ligada al cromosoma X» (ligada al sexo). Si los niños varones heredan un gen anómalo para un trastorno ligado al cromosoma X (en el cromosoma X), sufren la enfermedad aunque el gen sea recesivo, porque tienen un único cromosoma X, que contiene el gen anómalo. No tienen un cromosoma X normal que anule el efecto del gen anómalo. Si un feto varón hereda un gen ligado al cromosoma X dominante, el embarazo normalmente termina en aborto espontáneo. Si las niñas heredan un único gen anómalo para un trastorno ligado al cromosoma X, sufren la enfermedad sólo si el gen es dominante. Si el gen es recesivo, solo se desarrolla la enfermedad si se han heredado dos genes anómalos, uno de cada progenitor.

Si los futuros padre y madre tienen consanguineidad es muy probable que tengan la misma mutación en uno o más de los genes que causan enfermedades autosómicas recesivas. Por lo tanto, el riesgo de estos trastornos aumenta.

Cuando uno de los progenitores tiene un gen anormal

Patrón hereditario

Posibilidad de heredar el trastorno

Posibilidad de ser portador*

Autosómico dominante

50% para hijos e hijas

0%

Autosómico recesivo

25% para hijos e hijas

67% de los niños sin síntomas de la enfermedad

Dominante ligado al cromosoma X

50% cuando la madre tiene el gen, habitualmente solo en las hijas porque el gen anómalo a menudo es mortal en los hijos

0%

Recesivo ligado al cromosoma X

50% para los hijos cuando la madre tiene el gen

50% para las hijas cuando la madre tiene el gen

100% para las hijas cuando el padre tiene el gen

*Los portadores solo tienen un gen anómalo y habitualmente no tienen síntomas del trastorno que produce la alteración del gen.

Recursos en este artículo