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Exploración ginecológica

Por David H. Barad, MD, MS, Albert Einstein College of Medicine, Bronx;Center for Human Reproduction

Si una mujer tiene alguna duda o temor sobre la exploración ginecológica, debe hablar de ello con el médico antes de la exploración. Si alguna parte de la exploración causa dolor, hay que decirlo. Por lo general, se indica a la mujer que orine antes de la exploración física, y se le puede pedir que recoja una muestra de orina para su análisis.

Normalmente se palpan el cuello y la glándula tiroidea para detectar masas y anomalías. Una glándula tiroidea aumentada de tamaño e hiperactiva puede causar anomalías menstruales. Se explora la piel en busca de signos de acné, vello corporal excesivo más típico de hombres (hirsutismo), manchas y crecimientos.

Normalmente se realiza una exploración de las mamas antes de la exploración ginecológica. En posición sentada, se exploran las mamas en busca de irregularidades, retracciones, adherencias de la piel, bultos y secreción. Luego, en posición sentada o tumbada, con los brazos por encima de la cabeza, se palpa cada mama con la palma de la mano y se examina cada axila en busca de ganglios linfáticos aumentados de tamaño, protuberancias y anomalías. Mientras se realiza la exploración, puede revisarse con la mujer la técnica de autoexploración (ver figura Cómo realizar una autoexploración mamaria).

Puede usarse un estetoscopio para escuchar la actividad del intestino y para detectar ruidos anormales producidos por la sangre fluyendo a través de vasos sanguíneos estrechados. También se percute con los dedos en algunas áreas del abdomen, y se palpa suavemente todo el abdomen para detectar la presencia de crecimientos anormales u órganos internos aumentados de tamaño, en especial el hígado y el bazo. Aunque se pueden sentir algunas molestias cuando se realiza una palpación profunda, la exploración no debe ser dolorosa. También se puede revisar el pulso en la ingle (que normalmente está presente) y la existencia de ganglios linfáticos aumentados de tamaño y hernias.

Durante la exploración pélvica, la mujer se coloca tumbada boca arriba con las caderas y las rodillas flexionadas y las nalgas en el borde de la camilla. Las camillas especiales para exploración ginecológica cuentan con estribos para las piernas que ayudan a mantenerse en esta posición. Si la mujer desea observar la exploración debe comentarlo con el médico, que le proporcionará un espejo. Se puede explicar la exploración o comentar los hallazgos antes, durante o después de esta. Durante la exploración, primero se inspecciona la zona genital externa y se observan la distribución del vello y la presencia de anomalías, decoloración, secreción o inflamación. Esta exploración puede no detectar alteraciones o dar pistas de trastornos hormonales, cáncer, infecciones, lesiones o abusos sexuales.

Se distienden los tejidos alrededor del orificio de la vagina (labios) y se explora la abertura. Con un espéculo (instrumento metálico o de plástico que separa las paredes de la vagina) se exploran las áreas más profundas de la vagina y el cuello uterino (la parte inferior del útero). Este último se explora meticulosamente para detectar señales de irritación o de cáncer. Se puede usar un hisopo, un cepillo o una espátula de plástico para obtener una muestra para su análisis, por lo general una prueba de Papanicoláu (citología) o una variante de esta. Se determina si hay prolapso de la vejiga, del recto o del intestino dentro de la vagina (ver Trastornos del suelo pélvico).

Recogida de células cervicales

Después de retirar el espéculo, se palpa la pared vaginal para determinar su fuerza y consistencia. También se palpan posibles tumores o áreas dolorosas al tacto dentro de la vagina. Con los dedos índice y medio de una mano enguantada introducidos en la vagina, se colocan los dedos de la otra mano sobre la parte inferior del abdomen, por encima del hueso púbico. Entre las dos manos, el útero se palpa habitualmente como una estructura con forma de pera, lisa y firme, y es posible determinar su posición, tamaño, consistencia y dolor a la palpación (si existe). A continuación se palpan los ovarios desplazando la mano sobre el abdomen hacia los lados y ejerciendo una presión ligeramente mayor. Se necesita más presión porque los ovarios son pequeños y resultan mucho más difíciles de palpar que el útero. Esta parte de la exploración puede resultar molesta, pero no suele ser dolorosa. Se determina el tamaño de los ovarios y si presentan dolor a la palpación.

También puede realizarse un tacto rectovaginal, para lo cual se introduce el dedo índice por la vagina y el dedo corazón por el recto y así se explora la pared posterior de la vagina con el fin de detectar crecimientos anormales o engrosamientos. Además, puede explorarse el recto en busca de hemorroides, fisuras, pólipos y tumoraciones. Para detectar sangre oculta, se obtiene una pequeña muestra de heces con un dedo enguantado. También es posible entregar un kit para realizar la prueba de sangre oculta en heces en casa.

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