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Embarazo de alto riesgo

Por Raul Artal, MD, Saint Louis University School of Medicine

No existe una definición formal o universalmente aceptada de embarazo de alto riesgo. No obstante, por lo general un embarazo de alto riesgo implica al menos uno de los siguientes factores:

  • Que la probabilidad de que la mujer o el bebé mueran o enfermen sea más alta de lo habitual.

  • Que la probabilidad de que aparezcan complicaciones antes o después del parto sea más alta de lo habitual.

Un embarazo de alto riesgo está conformado por ciertas circunstancias o características denominadas factores de riesgo. Los médicos identifican estos factores para determinar el grado de riesgo de cada mujer y bebé en particular y así ofrecer una mejor atención médica. Un embarazo de alto riesgo precisa un seguimiento riguroso y, en ocasiones, se deriva a las mujeres a un centro especializado en la atención de este tipo de embarazos.

Algunos factores de riesgo están presentes antes de que las mujeres se queden embarazadas. Por ejemplo, ciertas características físicas y sociales de las mujeres, problemas ocurridos en embarazos anteriores y ciertos trastornos ya presentes. Otros problemas que aumentan el riesgo aparecen durante el embarazo o durante el parto.

Características físicas

Las siguientes características de las mujeres afectan al riesgo durante el embarazo.

Edad

Las adolescentes de 15 años o menos tienen mayor riesgo de tener:

  • Preeclampsia (un tipo de hipertensión arterial que se desarrolla durante el embarazo)

  • Parto prematuro

  • Anemia

  • Bebés con anemia o bebés de bajo peso (pequeños para la edad gestacional)

Las mujeres de 35 años o más tienen mayor riesgo de:

  • Padecer un trastorno preexistente que aumente el riesgo durante el embarazo, como la hipertensión o la diabetes

  • Problemas relacionados con el embarazo, como la preeclampsia, la diabetes gestacional (diabetes que se desarrolla durante el embarazo), anomalías cromosómicas en el feto y muerte fetal (muerte intrauterina)

  • Complicaciones durante el parto, como un parto difícil, el desprendimiento prematuro de la placenta (abruptio placentae, abrupción placentaria o ablatio placentae) o una placenta previa (placenta que está mal colocada o desplazada)

Peso

Las mujeres que son muy delgadas (con un índice de masa corporal menor de 19,8, ver Determinación del índice de masa corporal) o pesan menos de 45 kg antes de quedarse embarazadas tienen más probabilidad de tener bebés pequeños y de bajo peso.

Las mujeres obesas (con un índice de masa corporal por encima de 29) tienen más probabilidad de tener bebés demasiado grandes que pueden dificultar el parto. También las mujeres obesas son más propensas a desarrollar diabetes gestacional, hipertensión o preeclampsia. Además, son más propensas a tener embarazos prolongados (de 42 semanas o más) y necesitar un parto por cesárea.

Estatura

Las mujeres de estatura inferior a 1,50 m tienen más probabilidades de tener una pelvis pequeña, lo cual puede dificultar el paso del feto durante el parto a través de la pelvis y de la vagina (canal del parto). Por ejemplo, es más probable que el hombro del feto se encaje contra el hueso púbico. Esta complicación se denomina distocia de hombro (ver Distocia de hombro). Las mujeres de estatura baja también tienen más probabilidades de tener un parto prematuro (pretérmino) o un bebé que no crezca lo esperado.

Anomalías reproductivas

Las anomalías estructurales en el útero o en el cuello uterino aumentan el riesgo de tener un parto difícil, un aborto espontáneo o a que el feto se coloque en posición anómala y necesitar un parto por cesárea. Estas anomalías incluyen un útero doble o un cuello uterino insuficiente (insuficiencia cervicouterina) que tiende a dilatarse a medida que el feto aumenta de tamaño.

Características sociales

Ser soltera o pertenecer a un grupo socioeconómico bajo aumenta el riesgo de problemas durante el embarazo. La razón de que estas características incrementen el riesgo no está muy clara, pero probablemente esté relacionada con otros factores que son más frecuentes entre estas mujeres. Por ejemplo, es más probable que fumen, que no tengan una dieta saludable y que carezcan de una buena atención médica.

Problemas en un embarazo previo

Cuando las mujeres han tenido un problema en un embarazo, son más propensas a tener otro problema, a menudo el mismo, en embarazos siguientes. Estos problemas incluyen haber tenido cualquiera de los siguientes:

  • Un bebé prematuro

  • Un bebé de bajo peso

  • Un bebé de peso superior a 4,5 kg

  • Un bebé con defectos congénitos

  • Un aborto espontáneo previo

  • Un parto tras la semana 42 del embarazo (parto tardío, posmaduro, retardado o postérmino)

  • Una incompatibilidad Rh que requiere una transfusión sanguínea al feto

  • Un parto que ha requerido una cesárea

  • Un bebé que ha fallecido poco antes o después de nacer (mortinato, muerte fetal)

  • Un exceso de líquido amniótico en el útero (polihidramnios o hidramnios)

  • Un feto colocado en una posición anómala, como las nalgas primero (de nalgas)

  • Una lesión que estira los nervios del hombro del bebé (lesión del plexo braquial) durante el parto

  • Embarazos múltiples anteriores

  • Un trastorno convulsivo

Estas mujeres pueden tener una afección que provoque que se repita el mismo problema. Por ejemplo, las mujeres con diabetes presentan más probabilidades de tener bebés que pesen más de 5 kg al nacer.

Las mujeres que han tenido un recién nacido con un trastorno genético o defectos congénitos tienen más probabilidad de dar a luz otro bebé con un problema similar. Antes de intentar quedarse embarazada de nuevo puede ser adecuado realizar pruebas genéticas al bebé (aun cuando haya nacido muerto) y a los padres (ver Cribado genético). Si estas mujeres se quedan embarazadas de nuevo, es posible realizar determinadas pruebas, como la ecografía de alta resolución, la biopsia de vellosidades coriónicas y la amniocentesis, para determinar si el feto tiene un trastorno genético o defecto de nacimiento. Estas mujeres pueden ser remitidas a un especialista.

El haber estado embarazada 5 o más veces aumenta el riesgo de tener contracciones prematuras y hemorragias excesivas tras el parto. Haber tenido gemelos o más fetos en un embarazo (parto múltiple) aumenta el riesgo de presentar una placenta mal colocada (placenta previa, ver Placenta previa).

Trastornos presentes antes del embarazo

Antes de quedarse embarazada, la mujer puede tener un trastorno que aumente el riesgo de problemas en el embarazo (ver Complicaciones no obstétricas durante el embarazo). Estos trastornos incluyen, entre otros, hipertensión, diabetes, trastornos renales, infecciones renales, insuficiencia cardíaca, anemia de células falciformes (anemia drepanocítica o drepanocitosis) y enfermedades de transmisión sexual (ETS). Las mujeres que padecen alguno de estos trastornos deben hablar con su médico y tratar de conseguir el mejor estado físico posible antes de quedarse embarazada. Después de quedarse embarazada es posible que requiera un cuidado especial, a menudo a cargo de un equipo interdisciplinario. El equipo puede incluir un obstetra o tocólogo (que también puede ser especialista en el trastorno que afecte a la mujer), un especialista en dicho trastorno y otros profesionales de la salud (por ejemplo, especialistas en nutrición).

Trastornos durante el embarazo

Durante el embarazo puede surgir un problema o sobrevenir una enfermedad que lo convierta en un proceso de alto riesgo. Por ejemplo, las mujeres embarazadas pueden estar expuestas a agentes que causen defectos congénitos (teratógenos), como la radioterapia, ciertas sustancias químicas, fármacos (ver Consumo de medicamentos u otras drogas durante el embarazo) o infecciones. Las infecciones más peligrosas durante el embarazo son la varicela, la hepatitis, el herpes simple, la rubéola (sarampión alemán), la sífilis, la toxoplasmosis y las infecciones por citomegalovirus o virus de Coxsackie. También puede desarrollarse un trastorno. Determinados trastornos guardan alguna relación con el embarazo o son complicaciones del mismo. Otros trastornos no están directamente relacionados con el embarazo (ver Complicaciones no obstétricas durante el embarazo). Determinados trastornos tienen mayor probabilidad de presentarse por todos los cambios que causa el embarazo en el cuerpo de la mujer.

Las complicaciones del embarazo son problemas que aparecen solo durante este (ver Complicaciones del embarazo). Pueden afectar a la mujer, al feto o a ambos y presentarse en diferentes momentos del embarazo. Por ejemplo, complicaciones como una placenta desplazada (placenta previa) o su desprendimiento prematuro del útero (desprendimiento prematuro de la placenta) pueden causar hemorragia en la vagina durante el embarazo. Las mujeres que tienen una hemorragia abundante tienen el riesgo de perder el bebé o de entrar en choque y, si no se trata de inmediato, de morir durante el parto.