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Cambios físicos durante el embarazo

Por Haywood L. Brown, MD, Duke University Medical Center

El embarazo provoca muchos cambios en el organismo de la mujer, la mayoría de los cuales desaparecen tras el parto. Estos cambios dan lugar a algunos síntomas, que son normales. Sin embargo, también pueden aparecer ciertos trastornos, como la diabetes gestacional (ver Diabetes gestacional), que se detectan mediante los síntomas.

Los síntomas que han de comunicarse de inmediato al médico si se manifiestan durante el embarazo son los siguientes:

  • Cefaleas persistentes o inusuales

  • Náuseas y vómitos persistentes

  • Mareo leve

  • Trastornos visuales

  • Dolor o calambres en la parte inferior del abdomen

  • Contracciones

  • Sangrado vaginal (ginecorragia)

  • Pérdida del líquido amniótico (conocido como rotura de aguas)

  • Hinchazón de las manos o de los pies

  • Disminución de la cantidad de orina

  • Cualquier enfermedad o infección

  • Temblores (sacudidas de manos, pies o ambos)

  • Convulsiones

  • Aceleración de la frecuencia cardíaca

  • Disminución de los movimientos fetales

Salud general

A menudo se siente fatiga, sobre todo en las primeras 12 semanas y, de nuevo, al final del embarazo. Puede ser necesario descansar más de lo habitual.

Aparato reproductor

A las 12 semanas de embarazo, el útero agrandado puede causar un leve abultamiento en el abdomen. El útero continúa agrandándose durante todo el embarazo. A las 20 semanas alcanza la altura del ombligo y, hacia las 36 semanas, el borde inferior de la caja torácica.

La cantidad de secreción vaginal normal, que es clara o blanquecina, suele aumentar, lo que es totalmente normal. Sin embargo, si la secreción tiene un color o un olor fuera de lo habitual o está acompañada de prurito y escozor vaginales, se debe acudir al médico. Estos síntomas pueden indicar una infección vaginal. La tricomoniasis (una infección por protozoos, ver Vaginitis tricomoniásica (por Trichomonas )) y la candidiasis (una infección por levaduras, ver Infección vaginal por levaduras (candidiasis)) son infecciones vaginales frecuentes durante el embarazo que pueden tratarse.

Mamas

Las mamas suelen agrandarse porque las hormonas (sobre todo, estrógenos) están preparándolas para producir leche. Cada vez hay más glándulas productoras de leche, que se preparan para esta función. Las mamas pueden notarse tensas y sensibles al tacto. Puede ser beneficioso usar un sujetador que se ajuste de forma adecuada y brinde el soporte necesario.

Durante las últimas semanas de embarazo, puede que las mamas produzcan una fina secreción, amarillenta o lechosa, denominada calostro. El calostro también aparece durante los primeros días tras el parto, antes de la leche. Este líquido, que contiene gran cantidad de minerales y anticuerpos, es el primer alimento del bebé.

Corazón y flujo sanguíneo

Durante el embarazo, el corazón de la mujer trabaja más porque, a medida que el feto crece, debe bombear más sangre al útero. Al final del embarazo, el útero recibe una quinta parte de todo el riego sanguíneo de la madre. Durante el embarazo, la cantidad de sangre que bombea el corazón (gasto cardíaco) aumenta entre un 30% y un 50%. A medida que esto ocurre, la frecuencia cardíaca en reposo pasa de 70 latidos por minuto antes del embarazo a 80 o 90 latidos por minuto. Al realizar un esfuerzo, el gasto y la frecuencia cardíacas aumentan más cuando una mujer está embarazada que cuando no lo está. Alrededor de las 30 semanas de embarazo, el gasto cardíaco disminuye ligeramente. Durante el parto, el gasto cardíaco aumenta en un 30% adicional; pero después del parto disminuye primero con rapidez y, después, más lentamente. Vuelve al valor previo al embarazo unas 6 semanas después del parto.

Dado que el corazón debe trabajar más, pueden aparecer ciertos soplos e irregularidades en la frecuencia cardíaca. En ocasiones, una mujer embarazada puede sentir estas irregularidades. Tales cambios son normales durante el embarazo. Sin embargo, otros ruidos y ritmos cardíacos anómalos (por ejemplo, soplos diastólicos y un latido cardíaco rápido e irregular), que padecen con más frecuencia las mujeres embarazadas, pueden requerir tratamiento.

Por lo general, la presión arterial disminuye durante el segundo trimestre, pero vuelve al valor previo al embarazo en el tercer trimestre.

El volumen de sangre aumenta casi en un 50% durante el embarazo. La cantidad de líquido presente en la sangre aumenta más que el número de glóbulos rojos (que son las células encargadas de transportar el oxígeno). Por lo tanto, incluso aunque haya más glóbulos rojos, los análisis de sangre indican una anemia leve que se considera normal. Por motivos desconocidos, el número de glóbulos blancos (leucocitos), que son las células que combaten las infecciones, aumenta ligeramente durante el embarazo y de forma notoria durante el parto y los primeros días siguientes al parto.

¿Sabías que...?

  • El volumen de sangre de la mujer aumenta en un 50% durante el embarazo.

El crecimiento del útero afecta al retorno de la sangre desde las piernas y desde la región pélvica al corazón. Como resultado, suele haber hinchazón (edema), sobre todo en las piernas. Pueden aparecer varices en las piernas y en la zona que rodea el orificio vaginal (vulva), lo que a veces causa molestias. Resulta más cómodo llevar ropa suelta alrededor de la cintura y de las piernas, que además no impide el flujo de la sangre. Algunas medidas no solo alivian las molestias, sino que también pueden reducir la hinchazón de las piernas y ayudar a que las varices desaparezcan con más facilidad tras el parto:

  • Usar medias elásticas compresivas

  • Reposar a menudo con las piernas elevadas

  • Acostarse sobre el lado izquierdo

Vías urinarias

Al igual que el corazón, los riñones trabajan más durante el embarazo. Se encargan de filtrar el mayor volumen de sangre. El volumen de sangre filtrado por los riñones alcanza su valor máximo entre las 16 y las 24 semanas y permanece en este valor hasta justo antes del parto. Entonces, la presión que ejerce el útero agrandado puede disminuir ligeramente el aporte de sangre a los riñones.

En condiciones normales, la actividad de los riñones aumenta al acostarse y disminuye al ponerse de pie. Esta diferencia se acentúa durante el embarazo, lo que justifica en parte que la mujer embarazada sienta la necesidad de orinar con más frecuencia al intentar dormir. Al final del embarazo, acostarse de lado, sobre todo en el lado izquierdo, aumenta la actividad del riñón en comparación con la posición de estar acostada sobre la espalda. Acostarse sobre el lado izquierdo alivia la presión que el útero agrandado ejerce sobre la vena principal que transporta la sangre desde las piernas. Como resultado, el flujo sanguíneo mejora y la actividad renal aumenta.

El útero presiona la vejiga y reduce su tamaño, de forma que esta se llena de orina más rápidamente de lo habitual. Por este motivo, la mujer embarazada necesita orinar con mayor frecuencia y de forma más imperiosa.

Aparato respiratorio

El elevado nivel de progesterona, una hormona que se produce de forma continua durante el embarazo, envía señales al cerebro para que disminuya la concentración de dióxido de carbono en la sangre. Como resultado, la mujer embarazada respira con algo más de rapidez y profundidad, con el fin de exhalar más dióxido de carbono y en consecuencia mantenerlo a niveles bajos. También es posible que respire más rápidamente porque el útero se va agrandando y limita la expansión pulmonar al inspirar. El diámetro torácico de la mujer aumenta ligeramente.

Casi todas las mujeres embarazadas tienen sensación de ahogo cuando realizan algún esfuerzo, en especial hacia el final del embarazo. En situaciones que requieren esfuerzo, la frecuencia respiratoria aumenta más cuando una mujer está embarazada que cuando no lo está.

Como se bombea mayor cantidad de sangre, el revestimiento de las vías respiratorias recibe más sangre y se inflama levemente, lo que da lugar a cierto grado de estrechamiento de las vías. Como resultado, la nariz se siente congestionada en algunas ocasiones y las trompas de Eustaquio (que conectan el oído medio con la parte posterior de la nariz) se obstruyen. Estos efectos pueden cambiar sutilmente el tono y la calidad de la voz de la mujer.

Tubo digestivo

Son frecuentes las náuseas y los vómitos, en especial por las mañanas (las llamadas náuseas del embarazo). Se deben a las altas concentraciones de estrógenos y de gonadotropina coriónica humana, dos hormonas que ayudan a mantener la gestación. Las náuseas y los vómitos se alivian mediante cambios en la alimentación o en las pautas alimenticias. Por ejemplo, beber y comer pequeñas cantidades con frecuencia, comer antes de sentir hambre e ingerir alimentos suaves (como caldo, consomé, arroz y pasta) puede ser beneficioso. Comer galletas saladas y tomar una bebida carbonatada también puede aliviar las náuseas. Por ello, se recomienda tener siempre galletas junto a la cama y comer alguna antes de levantarse. En la actualidad no existe ningún fármaco especialmente diseñado para aliviar las náuseas del embarazo. Si las náuseas y los vómitos son tan intensos o persistentes que producen deshidratación, adelgazamiento u otras alteraciones, puede ser necesario administrar fármacos que alivien las náuseas (fármacos antieméticos), o bien indicar una hospitalización temporal para recibir líquidos intravenosos (ver Hiperémesis gravídica).

Con frecuencia se siente ardor de estómago y necesidad de eructar, posiblemente porque los alimentos permanecen en el estómago más tiempo y porque el esfínter (un músculo con forma de anillo situado en el extremo inferior del esófago) tiende a relajarse, lo que permite el reflujo del contenido del estómago al esófago. Varias medidas pueden ayudar a aliviar el ardor de estómago:

  • Ingerir menos cantidad en las comidas

  • Evitar acostarse o flexionar el cuerpo durante unas horas después de comer

  • Evitar la cafeína, el tabaco, el alcohol y la aspirina (ácido acetilsalicílico) y fármacos similares (salicilatos)

  • Tomar antiácidos líquidos, pero no los que contengan bicarbonato sódico porque tienen demasiada sal (sodio)

El ardor durante la noche puede aliviarse de la siguiente manera:

  • Comer varias horas antes de acostarse

  • Elevar la cabecera de la cama o utilizar almohadas que mantengan elevados la cabeza y los hombros

El estómago produce menos ácido durante el embarazo. Por lo tanto, no es habitual que aparezcan úlceras durante el mismo y, en muchos casos, las que ya existen empiezan a cicatrizar.

A medida que avanza el embarazo, la presión que el útero ejerce en el recto y en la parte inferior del intestino puede causar estreñimiento. El estreñimiento puede agravarse porque la alta concentración de progesterona durante el embarazo ralentiza las contracciones musculares intestinales que desplazan los alimentos. Comer alimentos con gran contenido de fibra, beber abundante líquido y practicar ejercicio de forma periódica ayudan a prevenirlo.

Las hemorroides, un problema frecuente, pueden deberse a la presión que ejerce el útero agrandado o al estreñimiento. Para aliviar el dolor que producen, se administran laxantes emolientes, geles anestésicos o baños calientes.

A veces aparece pica, un antojo por consumir alimentos poco habituales o sustancias no comestibles (como el almidón o la arcilla).

En ocasiones, en especial cuando se sufren naúseas del embarazo, también hay un exceso de saliva. Este síntoma, aunque inocuo, puede producir inquietud.

Piel

La cloasma (paño del embarazo) es un pigmento de color marrón, similar a una mancha, que aparece en la piel de la frente y de las mejillas. Puede que la piel que rodea los pezones (areola) también se oscurezca. A menudo, aparece una línea oscura en la mitad del abdomen. Estos cambios pueden deberse a que la placenta genera una hormona que estimula a los melanocitos, células que pigmentan la piel de color marrón oscuro (melanina).

A veces aparecen estrías de color rosado en el abdomen. Es probable que este cambio sea consecuencia del rápido crecimiento del útero y de la mayor concentración de hormonas suprarrenales.

También se pueden formar pequeños vasos sanguíneos de color rojo en la piel, en forma de arañas vasculares, habitualmente por encima de la cintura. Pueden aparecer capilares de paredes delgadas, dilatados, sobre todo en la parte inferior de las piernas.

Algunas erupciones cutáneas que provocan prurito intenso se producen solo durante el embarazo:

  • Las pápulas y placas urticariales pruriginosas del embarazo (urticaria del embarazo, ver Pápulas y placas urticariales pruriginosas del embarazo) aparecen normalmente durante las últimas 2 a 3 semanas de embarazo, pero pueden aparecer en cualquier momento después de la semana 24. Su causa es desconocida.

  • El herpes gestacional (ver Penfigoide o herpes gestacional) puede aparecer en cualquier momento después de la semana 12 de embarazo o inmediatamente después del parto. Se cree que está causado por anticuerpos anómalos que atacan los propios tejidos del organismo, una reacción autoinmunitaria.

Hormonas

El embarazo modifica el funcionamiento de casi todas las hormonas del organismo, sobre todo debido al efecto que causan las hormonas producidas por la placenta. Por ejemplo, la placenta produce una hormona que estimula a la glándula tiroidea para que su actividad sea más pronunciada y genere más cantidad de hormonas tiroideas. Cuando la actividad de la glándula tiroidea aumenta, el corazón late más rápido, lo que provoca que la mujer sea más consciente de los latidos de su corazón (palpitaciones). Puede que la transpiración aumente, que aparezcan cambios repentinos de humor y que la glándula tiroidea se agrande. Sin embargo, el hipertiroidismo, trastorno en el que la glándula tiroidea funciona de forma inadecuada y es hiperactiva, se observa en menos del 0,1% de los embarazos.

La concentración de estrógenos y de progesterona aumenta desde el comienzo del embarazo porque la gonadotropina coriónica humana, la principal hormona producida por la placenta, estimula a los ovarios para que segreguen continuamente dichas hormonas. Después de 9 o 10 semanas de embarazo, la placenta produce grandes cantidades de estrógenos y de progesterona, que ayudan a mantener la gestación.

La placenta estimula a las glándulas suprarrenales para que produzcan más aldosterona y cortisol (que contribuyen a regular la cantidad de líquido que los riñones excretan). Como resultado, se retienen más líquidos.

Durante el embarazo, los cambios hormonales influyen en la forma en que el organismo procesa el azúcar. Al comienzo del embarazo, la concentración de azúcar (glucosa) en sangre puede descender ligeramente. Pero en la última mitad del embarazo, la concentración puede aumentar. Se necesita una cantidad mayor de insulina (una hormona que regula la concentración de azúcar en sangre) durante el embarazo. Por ello, la diabetes, si existe, puede empeorar en el embarazo; de no existir, también puede comenzar en este periodo. Este trastorno se denomina diabetes gestacional (ver Diabetes gestacional).

Articulaciones y músculos

Las articulaciones y los ligamentos (cordones fibrosos y cartílagos que conectan los huesos) de la pelvis de la mujer se aflojan y se vuelven más flexibles. Este cambio permite ganar espacio para que el útero pueda aumentar de tamaño y prepara a la mujer para el parto. Como consecuencia, la postura de la madre sufre un ligero cambio.

Es muy frecuente que aparezcan dolores de espalda de diferente intensidad porque la columna vertebral se curva más para equilibrar el peso del útero agrandado. Evitar levantar pesos, doblar las rodillas (en lugar de la cintura) para recoger algo del suelo y mantener una buena postura son hábitos que pueden ayudar. Para reducir la tensión sobre la espalda, se recomienda utilizar calzado plano (sin tacón) o una faja ligera de maternidad.

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