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Expulsión y alumbramiento

Por Haywood L. Brown, MD, F. Bayard Carter Professor of Obstetrics and Gynecology, Duke University Medical Center

La expulsión es el paso del feto (nacimiento) y el alumbramiento consiste en la posterior expulsión de la placenta desde el útero hasta el exterior.

Durante el parto en un hospital, la mujer puede ser trasladada de una sala de dilatación a una de parto, que se utiliza solo con este fin. Por lo general, es preferible que el padre, la pareja o una persona cercana a la futura madre la acompañe. Si ya está en una unidad de dilatación, parto, recuperación y posparto, permanecerá allí. La vía intravenosa se sigue manteniendo.

Cuando una mujer está lista para alumbrar, es posible que se la coloque en una posición semierguida, entre recostada y sentada. Su espalda puede descansar sobre almohadas o un respaldo. La posición semierguida utiliza la gravedad: la presión hacia abajo que ejerce el feto ayuda a la vagina y a la zona circundante a que se distiendan gradualmente, disminuyendo así el riesgo de desgarro. Esta posición también alivia la tensión sobre la espalda y la pelvis. Algunas mujeres prefieren dar a luz acostadas. Sin embargo, en esta posición, el parto puede demorarse más.

Nacimiento del bebé

A medida que avanza el parto, el médico o la matrona examinan la vagina para determinar la posición de la cabeza del feto. Cuando el cuello uterino está completamente dilatado y adelgazado y borrado, se le pide a la madre que haga fuerza hacia abajo y empuje con cada contracción para ayudar a desplazar la cabeza del feto por la pelvis y así dilatar la abertura de la vagina a fin de que aparezca una porción cada vez mayor de la cabeza. Cuando aparecen cerca de 3 a 4 cm de la cabeza, el médico o la matrona coloca una mano sobre la cabeza del feto mientras se está produciendo una contracción para, de este modo, controlar un poco su progresión. Cuando la cabeza corona, es decir, cuando la parte más ancha de la cabeza pasa por la abertura vaginal, la cabeza y la mandíbula se deslizan fuera de la abertura vaginal para evitar que los tejidos de la madre se desgarren.

El parto con ventosa puede usarse para ayudar a sacar la cabeza cuando el feto está sufriendo o la mujer tiene dificultades para empujar (ver Parto vaginal instrumentado).

Por las mismas razones, a veces se usa el fórceps, pero se recurre a él con menos frecuencia que a las ventosas.

La episiotomía es una incisión que ensancha la abertura de la vagina para facilitar la salida del bebé. Ya no se considera un procedimiento habitual. Se utiliza solo cuando los tejidos alrededor de la abertura de la vagina no se estiran lo suficiente e impiden que salga el bebé. Este procedimiento impide que los tejidos se estiren demasiado y evita que los tejidos se desgarren de forma irregular. Para llevarlo a cabo, el médico inyecta un anestésico local para entumecer la zona y hacer una incisión entre los orificios de la vagina y del ano (perineo). Si la musculatura que rodea el orificio del ano (esfínter rectal) resulta lesionada durante la episiotomía o se desgarra durante el parto, cicatriza habitualmente de manera satisfactoria si el médico la repara inmediatamente.

Una vez que aparece la cabeza del bebé, se le coloca el cuerpo de lado para que los hombros puedan salir con facilidad, uno tras otro. A continuación, el resto del cuerpo suele salir con rapidez. Enseguida se aspiran la mucosidad y el líquido de la nariz, la boca y la garganta del recién nacido. El cordón umbilical se pinza y se corta. Este procedimiento es indoloro. (Se deja una pinza en el muñón del cordón cerca del ombligo del bebé, hasta que el cordón ha sellado, por lo general en las próximas 24 horas.) Luego se seca al recién nacido, se le envuelve en una manta ligera y se le deposita sobre el abdomen de la madre o en una cuna tibia.

La expulsión de la placenta

Una vez que ha nacido el bebé, el médico o la matrona palpan suavemente con la mano el abdomen de la madre para asegurarse de que el útero sigue teniendo contracciones. Después del parto, la placenta habitualmente se desprende del útero en un plazo de entre 3 y 10 minutos; un chorro de sangre sigue al desprendimiento. Por lo general, la madre puede empujar la placenta hacia fuera por sí sola. Si no es capaz de hacerlo y la hemorragia es excesiva, se ejerce una firme presión sobre el abdomen materno, haciendo que la placenta se desprenda del útero y salga. Si la placenta no se ha expulsado pasados 45 a 60 minutos desde el nacimiento, el médico o la comadrona puede introducir una mano en el útero, separando la placenta del útero y extrayéndola.

Después de extraer la placenta, se examina para verificar que esté completa. Los fragmentos que permanecen en el útero evitan que este se contraiga. Estas contracciones son fundamentales para evitar que la madre siga sangrando en la zona donde estaba adherida la placenta al útero. Por ello, en caso de quedar fragmentos, puede producirse una hemorragia después del parto, que en ocasiones es copiosa. También se pueden producir infecciones. Si la placenta está incompleta, el médico o la matrona pueden eliminar los fragmentos que faltan con la mano. A veces estos fragmentos se tienen que extirpar quirúrgicamente.

En muchos hospitales, tan pronto como se expulsa o se extirpa la placenta se administra oxitocina a la mujer (por vía intravenosa o intramuscular) y se practican masajes periódicos en el abdomen para ayudar a que el útero se contraiga.

Después del parto

El médico sutura cualquier desgarro del tejido genital y, si se ha realizado la episiotomía, la incisión practicada para este efecto. Luego se traslada a la mujer a la sala de recuperación, o bien permanece en la unidad de partos. Normalmente si el bebé no necesita más atención médica, se permite que permanezca con la madre. Usualmente, la mujer, el bebé y el padre o compañero están juntos en una zona cálida y privada durante 3 o 4 horas para que pueda iniciarse su vinculación afectiva. Muchas madres desean comenzar a amamantar al bebé poco después de su nacimiento. Más tarde, el bebé puede ser trasladado al pabellón de neonatos del hospital. En muchos hospitales se permite que la madre pueda tener al bebé junto a ella, una práctica denominada alojamiento conjunto. Todos los hospitales con unidades de dilatación, parto, recuperación y posparto así lo prefieren. Cuando el bebé permanece con la madre, se le alimenta, por lo general, cuando lo pide (a demanda), y se enseña a la madre a cuidar de su bebé antes de abandonar el hospital. Si la madre necesita reposo, se puede llevar al bebé al pabellón para recién nacidos.

Como la mayoría de las complicaciones, sobre todo hemorragias, se producen en las 24 horas siguientes al parto, las enfermeras y los médicos observan cuidadosamente a la mujer y al bebé durante este tiempo.

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