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Síndrome de congestión pélvica

Por JoAnn V. Pinkerton, MD, Professor of Obstetrics and Gynecology and Division Director, Midlife Health Center;Executive Director, University of Virginia Health System;The North American Menopause Society

El síndrome de congestión pélvica consiste en un dolor de larga duración (crónico) en la parte baja del tronco (pelvis), causado por la acumulación de sangre en las venas de la pelvis, que se han ensanchado (dilatado) y se han vuelto tortuosas.

El síndrome de congestión pélvica parece ser una causa habitual de dolor pélvico crónico (dolor que dura más de 6 meses). El dolor se produce porque se acumula sangre en las venas de la pelvis, que se han dilatado y se han vuelto tortuosas (varices o venas varicosas). El dolor resultante a veces es debilitante. Los estrógenos pueden contribuir a la aparición de estas venas. Hasta un 15% de las mujeres en edad fértil tienen varices pélvicas, aunque no todas presentan síntomas. En ocasiones, el dolor que aparece antes o durante los periodos menstruales está causado por el síndrome de congestión pélvica.

Síntomas

Por lo general, el dolor es un malestar sordo, aunque a veces puede ser agudo o punzante. Este dolor empeora al final del día (después de haber estado sentada o de pie durante largo tiempo) y se alivia al tumbarse. También empeora durante o después del coito. A menudo se acompaña de dolor en la parte baja de la espalda, molestias en las piernas y sangrado vaginal anómalo. En ocasiones, algunas mujeres presentan una secreción vaginal transparente o acuosa. Otros síntomas incluyen cansancio, cambios de humor, cefaleas e hinchazón abdominal.

Diagnóstico

Se puede sospechar un síndrome de congestión pélvica en una mujer con dolor pélvico cuando, al realizar una exploración ginecológica, no se detectan inflamación ni otras anomalías.

La ecografía permite confirmar el diagnóstico. A veces, en especial si se están considerando otras posibles causas de dolor pélvico, se realiza una laparoscopia. Para este procedimiento se hace una pequeña incisión debajo del ombligo y se inserta un tubo de observación para ver directamente las estructuras de la pelvis.

Tratamiento

Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) suelen aliviar el dolor. Si los AINE no son eficaces, se intenta bloquear el flujo de sangre a las venas varicosas y evitar así la acumulación de sangre. Hay dos maneras posibles de hacerlo:

  • Embolización de una vena: tras administrar un anestésico para adormecer una zona de la pierna, se realiza una pequeña incisión y se introduce por ella un tubo delgado y flexible (catéter) en una vena para llegar hasta las venas varicosas. Se insertan minúsculas espirales, esponjas o líquidos parecidos a un pegamento a través del catéter en las venas para bloquearlas.

  • Escleroterapia: de modo similar, se introduce un catéter y se inyecta una solución a través de él en las venas varicosas. La solución bloquea las venas.

Cuando la sangre no puede llegar a las venas varicosas de la pelvis, por lo general el dolor remite.