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Introducción a los aspectos sociales que afectan a los niños

Por Steven D. Blatt, MD, Professor of Pediatrics, Director, Division of Pediatrics;Director, ENHANCE Services for Children in Foster Care, State University of New York, Upstate Medical University;State University of New York, Upstate Medical University

Para desarrollarse, el niño debe sentir el cuidado consecuente y persistente de una persona cariñosa y atenta, tanto si esa persona es uno de sus progenitores como si es un tutor. La seguridad y el apoyo de esta persona puede otorgar al niño confianza en sí mismo y ánimo para sobrellevar el estrés.

Para madurar emocional y socialmente, los niños deben interaccionar con personas fuera del hogar. Estas interacciones suelen darse con parientes cercanos, amigos, vecinos y personal de las guarderías, escuelas, iglesias y equipos deportivos u otras actividades. Afrontando mínimas situaciones de estrés y pequeños conflictos inherentes a estas interacciones, los niños adquieren gradualmente destrezas para manejar en adelante situaciones de estrés más significativas. Los niños también aprenden observando cómo viven los adultos y cómo manejan sus problemas.

¿Sabías que...?

  • La enfermedad o la muerte de un lactante o un niño a menudo hace que los padres se sienten culpables, aun cuando ellos no tengan la culpa.

  • A veces los niños necesitan escuchar el mismo mensaje sobre un tema difícil una y otra vez.

  • Los niños que sufren intimidaciones en la escuela (acoso escolar) a menudo sienten demasiado miedo o vergüenza para decírselo a un adulto.

Algunos acontecimientos que alteran la estructura de la familia o su rutina, como la enfermedad o el divorcio, suponen un reto para las habilidades del niño a la hora de afrontarlos. Estos hechos también afectan el desarrollo emocional y social del niño. Por ejemplo, una enfermedad crónica puede impedir la participación del niño en actividades y afectar su rendimiento escolar.

Los sucesos que afectan al niño también pueden tener consecuencias negativas en las personas cercanas a este. Todos los que cuidan a un niño enfermo, o a un niño con graves problemas de conducta, están sometidos a tensión emocional. Las consecuencias de semejante tensión varían de acuerdo con la naturaleza y la gravedad de la enfermedad o del problema de conducta, así como con los recursos emocionales y de apoyo con los que cuenta la familia.

Hablar con los niños sobre temas difíciles

Muchos sucesos de la vida, como la enfermedad o la muerte de alguien muy cercano (ver Muerte de un Miembro de la Familia o de un Ser Querido) el divorcio o la intimidación en la escuela (ver acoso escolar), son temibles o desagradables para los niños. Incluso fenómenos que no afectan directamente al niño, como desastres naturales, guerra o terrorismo, pueden causar ansiedad. Los miedos ante todas estas situaciones, racionales o irracionales, pueden preocupar al niño.

Los niños suelen tener dificultades para hablar sobre estos tópicos desagradables. Sin embargo, hablar abiertamente sobre ellos les puede ser útil a la hora de enfrentarse a temas difíciles o incómodos y disipar los temores irracionales. El niño necesita saber que la ansiedad es un sentimiento normal y que la sensación de ansiedad va a disminuir con el tiempo. Los padres que discuten rutinariamente temas difíciles con sus hijos desde una edad temprana a menudo se encuentran que sus hijos son más abiertos a hablar de los problemas complejos a los que se enfrentan cuando son adolescentes.

Los padres deben charlar sobre temas difíciles durante un momento tranquilo, en un lugar seguro y cómodo y cuando el niño demuestre interés. Deben permanecer relajados, presentarle los hechos y poner toda la atención en el niño. Aceptar lo que el niño dice con expresiones como «Comprendo», o con una pequeña señal de aprobación, estimula la confianza del niño. Recordar y reflexionar sobre lo que ha dicho el niño también es alentador. Por ejemplo, si el niño expresa su ira sobre un divorcio, el progenitor puede decir: «Así que te sientes enfadado por el divorcio» o «Háblame más sobre eso». Preguntar cómo se siente el niño también puede animarlo a conversar sobre emociones o temores. Por ejemplo, el miedo al abandono por el progenitor que no tiene la custodia durante un divorcio o la culpa de haber causado el divorcio.

Al hablar de sus propios sentimientos, los padres animan a los niños a reconocer sus temores y sus preocupaciones. Por ejemplo, sobre un divorcio, un padre también puede decir: «Yo también me siento triste por el divorcio, pero también sé que es lo mejor que podemos hacer mamá y papá. Y, aunque ya no sigamos conviviendo, siempre te querremos y cuidaremos de ti». Haciendo esto, los padres pueden hablar de sus propios sentimientos, inspirar confianza y explicar que el divorcio es la elección correcta para ellos. Muchos niños, en particular los más pequeños, necesitan oír el mismo mensaje repetidamente. Los padres no deben subestimar el valor de la tranquilidad que ofrecen estos mensajes.

También es posible que los padres tengan que hablar sobre un aspecto difícil del propio comportamiento del niño. Por ejemplo, si sospechan que el niño o el adolescente consume drogas o alcohol, deben hablar del asunto directamente con su hijo. Un padre podría decir: «Me preocupa que estés consumiendo drogas. Pienso esto porque...». . . . "Es importante para los padres hablar de una manera clara y tranquila, expresando tanto las preocupaciones acerca de la conducta del niño, como su apoyo y amor. Después de haber puesto de manifiesto las preocupaciones de los padres se debe ofrecer al niño la oportunidad de hablar. El niño y los padres deben desarrollar un plan de acción que puede incluir una cita con un pediatra o un consejero.

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