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Niño moribundo y muerte infantil

Por Steven D. Blatt, MD, Professor of Pediatrics, Director, Division of Pediatrics;Director, ENHANCE Services for Children in Foster Care, State University of New York, Upstate Medical University;State University of New York, Upstate Medical University

Muchas familias tienen que hacer frente a las dificultades que rodean a un niño enfermo y moribundo. Los adultos a menudo tienen dificultades para hacer frente a la muerte, y para los niños puede ser especialmente difícil tratar de dar sentido a la muerte de un amigo o familiar (ver también Introducción a la agonía y la muerte).

Muerte de un niño

Muy a menudo la muerte del niño se produce en el hospital o en el servicio de urgencias. La muerte puede ocurrir después de una larga enfermedad, como el cáncer, o de forma súbita y de manera inesperada, como después de un traumatismo o después de un síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL). Es difícil para las familias entender y aceptar la muerte de un niño. Para los padres, la muerte de un niño significa que deben renunciar a sus sueños y esperanzas para sus hijos. Mientras se encuentran inmersos en el proceso del duelo, es posible que los padres no sean capaces de atender las necesidades de otros miembros de la familia, incluyendo otros hijos. Puede ser útil el consejo de un especialista con experiencia en trabajar con familias que han sufrido la muerte de un niño.

A veces los padres responden a la muerte del niño planificando rápidamente otro embarazo. Un "niño de reemplazo" es aquel concebido antes de que los padres hayan tenido tiempo de llorar y aceptar la pérdida del hijo. Los padres pueden situar los sentimientos y expectativas depositadas en el niño fallecido en el niño de reemplazo. Los padres pueden ser sobreprotectores y pensar que el niño de reemplazo necesita cuidado y protección especial.

Es normal que los padres que están en fase de duelo tras la pérdida de un hijo tengan dificultad para unirse a un nuevo hijo. Es útil la terapia con los padres y con el nuevo hijo.

Muerte de un miembro de la familia o de un ser querido

El grado de comprensión que pueden alcanzar los niños acerca de la muerte depende mucho del nivel de desarrollo de cada uno. Es necesario explicar a los niños que experimentan la muerte de un ser querido o de un amigo a un nivel que tenga sentido para ellos. Por ejemplo, los niños en edad preescolar pueden comprender la muerte de manera limitada. Los padres pueden tratar de explicar la muerte relacionándola con un evento anterior, como la muerte de una mascota querida. Los niños mayores pueden ser capaces de entender la muerte con mayor facilidad. A pesar de que puede parecer lógico en un momento dado, la muerte nunca debe ser equiparada con «ir a dormir para no despertar nunca más» porque el niño puede desarrollar miedo a dormir.

Visitas a niños o adultos enfermos

Los padres pueden preguntar al pediatra o a otro profesional de la salud si deben permitir que sus hijos visiten a niños o adultos gravemente enfermos. Algunos niños pueden decir a sus padres que quieren visitar a familiares o amigos que están gravemente enfermos. Los padres deben preparar a sus hijos para lo que se pueden encontrar en una visita de este tipo. Los padres pueden ayudar a preparar a sus hijos diciéndoles que, aunque la persona en cuestión puede parecer diferente, es la misma persona. Puede haber perdido o ganado peso, o puede haber perdido el pelo debido a la enfermedad.

Asistencia a un funeral

Los padres a menudo se preguntan si se deben llevar a sus hijos a un funeral. Esta decisión debe ser tomada de forma individual, y si es posible, el niño debe participar en ella. Cuando un niño asiste a un funeral, debe ir acompañado por un amigo cercano o un familiar para que le proporcione apoyo en todo, y se le debe permitir ausentarse si es necesario.

Los padres deben entender que los niños pueden ser curiosos y hacer muchas preguntas acerca de la muerte. Deben dejar que los niños sepan que está bien que planteen preguntas.

Si la tragedia afecta a otra persona, los niños se sienten más confiados y menos desamparados si pueden contribuir de alguna forma. Por ejemplo, los niños pueden:

  • Recoger flores

  • Escribir o dibujar una tarjeta

  • Envolver un regalo

  • Reunir comida, dinero, ropa o juguetes

Si el niño parece retraído o triste después de una muerte cercana, se niega a emprender las actividades habituales o se vuelve agresivo, los padres deben buscar ayuda profesional.

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