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Alimentación de recién nacidos y lactantes

Por Deborah M. Consolini, MD, Assistant Professor of Pediatrics;Staff Physician, Diagnostic Referral Division, Jefferson Medical College;Nemours/Alfred I. duPont Hospital for Children

Un recién nacido normal tiene los reflejos de búsqueda (ver Tres reflejos habituales de los recién nacidos) y de succión activos, y puede comenzar a alimentarse de inmediato, por lo que los médicos recomiendan poner al recién nacido en el pecho de la madre inmediatamente después del nacimiento. Si esto no se hace, la alimentación debe iniciarse por lo menos en las 4 horas siguientes al nacimiento.

La mayoría de los bebés tragan aire con la leche y como generalmente no pueden eructar por sí solos, uno de los progenitores tiene que ayudarle. Hay que sujetar al bebé en posición vertical, recostados sobre el pecho y con la cabeza en el hombro de la madre o del padre, mientras se le dan unas palmaditas suaves en la espalda. La combinación de palmadas y presión contra el hombro suele facilitar un eructo audible, a menudo acompañado de la regurgitación de una pequeña cantidad de leche.

Lactancia

La leche materna es el alimento ideal para los recién nacidos. Aunque los bebés pueden ser alimentados con leche materna o de fórmula, los médicos recomiendan la lactancia materna exclusiva durante por lo menos los primeros 6 meses, y la introducción de los alimentos sólidos pertinentes entre los 6 meses y el año de edad (ver Alimentación de recién nacidos y lactantes : Inicio de la alimentación sólida). Cuando el niño cumple 1 año de edad, la lactancia materna puede continuar durante el tiempo que el niño y la madre deseen. Sin embargo, después de cumplir el primer año de edad, la lactancia materna debe complementar una dieta con alimentos sólidos y otros líquidos.

A veces la lactancia materna no es posible (por ejemplo, si la madre está tomando determinados medicamentos, ver Uso de medicamentos durante la lactancia) y muchos bebés saludables han sido criados con alimentación de fórmula (ver Alimentación de recién nacidos y lactantes : Lactancia artificial).

Beneficios de la lactancia materna

La lactancia materna es buena para la madre y para el bebé. Además de proporcionar al bebé los nutrientes necesarios de la manera más fácil de digerir y de absorber, la leche materna contiene anticuerpos y glóbulos blancos (leucocitos) que protegen al bebé de las infecciones.

La primera leche que produce la madre es un líquido amarillo claro llamado calostro. El calostro es especialmente rico en calorías, proteínas, glóbulos blancos y anticuerpos.

La leche materna producida después del calostro ayuda mantener el pH correcto de las deposiciones y el equilibrio adecuado en las bacterias intestinales del bebé, con lo que le protege de la diarrea bacteriana. Dadas las cualidades protectoras de la leche materna, los bebés amamantados suelen padecer menos enfermedades infecciosas que los alimentados con leche de fórmula. La lactancia materna también parece proteger frente al desarrollo de determinados problemas crónicos, como alergias, diabetes, obesidad y enfermedad de Crohn.

La lactancia también ofrece muchas ventajas a la madre. Por ejemplo, les permite crear un vínculo y sentirse cerca del bebé de una forma que el biberón no permite. Las madres que amamantan se recuperan más rápido después del parto y tienen beneficios en su salud a largo plazo, como menor riesgo de obesidad, osteoporosis, cáncer de ovario y ciertos tipos de cáncer de mama. Si bien en las sociedades desarrolladas el biberón fue sustituyendo a la lactancia materna, hoy dos tercios de las madres amamantan a sus bebés, y este porcentaje sigue en aumento.

Si la madre sigue una dieta sana y variada, los bebés a término que son amamantados no necesitan suplementos de vitaminas o minerales, a excepción de la vitamina D y, a veces, el flúor. Los bebés que son alimentados exclusivamente con leche materna presentan riesgo de deficiencia de vitamina D después de los 2 meses de edad, sobre todo si son prematuros, de piel oscura o tienen una exposición limitada a la luz solar (por ejemplo, los niños que viven en los climas del norte). A estos bebés se les administran suplementos de vitamina D a partir de los 2 meses de edad. Después de los 6 meses de edad, a los bebés amamantados en hogares donde el agua corriente no tiene suficiente flúor (suplementario o natural) se les deben dar gotas de flúor. Los padres pueden obtener información sobre el contenido de flúor del agua corriente de su zona en la consulta de un dentista o en un departamento de salud local.

Posición para la lactancia

La madre debe adoptar una postura cómoda y relajada. Puede sentarse o recostarse y sostener al bebé en diferentes posiciones. La madre debe encontrar la posición más cómoda para ella y para el bebé. También puede alternar las diferentes posiciones.

Una posición frecuente consiste en sostener al bebé sobre el regazo de modo que quede en posición hacia la madre, estómago con estómago. Cuando el bebé se está alimentando por el lado izquierdo, la madre apoya el cuello y la cabeza del bebé en su brazo izquierdo. Se debe llevar al bebé hasta el seno, no acercar el seno al bebé. Los apoyos son importantes para la madre y para el bebé. Se pueden colocar almohadas detrás de la espalda o debajo del brazo de la madre. Para evitar inclinarse sobre el bebé es útil colocar los pies sobre un taburete o una mesa baja. Inclinarse hacia adelante tensiona la espalda y provoca una mala sujeción del pezón. Una almohada o una manta doblada debajo del niño sirven de soporte adicional.

Técnica de lactancia

Para comenzar la lactancia, la madre debe adoptar una postura cómoda, relajada, bien sentada o recostada. La madre debe ser capaz de girarse cómodamente de un lado al otro para ofrecer cada mama. La cara del bebé debe dirigirse hacia la madre. La madre debe sostener la mama con los dedos pulgar e índice por la parte superior y con los otros dedos por debajo, mientras acerca el pezón al labio inferior del bebé, lo que estimula al bebé a abrir la boca (reflejo de búsqueda) y a agarrar el pecho. Al tiempo que la madre acerca el pezón y la areola a la boca del bebé, se asegura de que el pezón queda centrado, lo que contribuye a evitar la irritación del mismo. Antes de retirar al bebé del pecho, la madre interrumpe la succión introduciendo el dedo en la boca del bebé y apretando suavemente su barbilla hacia abajo. Una mala postura causa irritación en los pezones y es más fácil evitarla que curarla.

Inicialmente, el bebé mama varios minutos de cada pecho. El reflejo resultante en la madre (bajada de la leche) activa la producción de leche. La producción de la leche depende del tiempo de succión, por lo tanto, las tomas deben ser lo suficientemente largas como para que se instaure plenamente la producción de leche. Durante las primeras semanas, debe intentarse que el bebé mame de ambos pechos en cada toma. Sin embargo, algunos bebés se quedan dormidos tras alimentarse del primer pecho. Hacer eructar al bebé y cambiar a la otra mama ayuda a mantener al bebé despierto. El último pecho utilizado debe ser ofrecido en primer lugar en la siguiente toma.

Con el primer bebé, la producción de leche suele establecerse en un periodo de entre 72 y 96 horas. Con los siguientes bebés se requiere menos tiempo. No deben transcurrir más de 6 horas entre las tomas a lo largo de los primeros días, con el propósito de estimular la producción de leche. La alimentación debe ser a demanda (del bebé, claro está) y no según el reloj. De la misma manera, la duración de cada toma debe ajustarse a las necesidades del bebé. Los bebés maman de 8 a 12 veces al día, pero este número varía ampliamente.

La madre que trabaja puede amamantar a su bebé mientras está en casa y dejar un biberón con leche materna extraída para que se alimente al bebé durante las horas en que ella no está en casa. La leche materna extraída se debe refrigerar inmediatamente si se ha de utilizar dentro de los 2 días siguientes y se debe congelar inmediatamente si se va a utilizar después de 2 días. La leche refrigerada que no se ha utilizado desde hace 4 días se debe tirar, ya que existe un riesgo elevado de contaminación por bacterias. La leche congelada debe descongelarse colocándola en agua caliente. La leche materna no debe calentarse en un microondas.

Complicaciones de la lactancia materna para el bebé

La principal complicación causada por la lactancia materna es la alimentación insuficiente. Dado que la madre no puede determinar con exactitud la cantidad de leche tomada por el bebé, las madres deben llevar al bebé al médico entre 3 y 5 días después del parto, para que el médico pueda controlar el progreso de la lactancia, pesar al bebé y aclarar cualquier duda. El médico puede necesitar ver al bebé antes si el recién nacido fue dado de alta antes de las primeras 24 horas de vida, si no se alimenta bien o si los padres tienen alguna preocupación en particular.

Los médicos se basan en la frecuencia de las tomas, el número de pañales de orina y de heces y el aumento de peso para determinar si la producción de leche es adecuada. Los padres pueden hacerse una idea aproximada de si su bebé está recibiendo suficiente leche por el número de pañales ensuciados. A los 5 días de edad, mojar menos de 6 pañales diarios y/o hacer menos de 4 deposiciones diarias puede significar que el bebé no está recibiendo suficiente leche. Los bebés que manifiestan hambre y hacen tomas cada 1 o 2 horas, pero no alcanzan un aumento de peso y de talla apropiado para su edad, probablemente no estén recibiendo suficiente leche. Los bebés que no reciben suficiente leche pueden deshidratarse y desarrollar hiperbilirrubinemia (ver La ictericia en recién nacidos). Los bebés con pequeño tamaño, prematuros, con una madre enferma, que han tenido un parto difícil o que ha requerido cirugía corren riesgo de estar insuficientemente alimentados.

Complicaciones de la lactancia materna para la madre

Las complicaciones más frecuentes causadas por la lactancia materna incluyen congestión mamaria, dolor en los pezones, conductos de leche obstruidos, mastitis y ansiedad.

La congestión mamaria es el llenado excesivo y doloroso de las mamas con leche. La congestión se produce durante las primeras etapas de la producción de leche (lactancia). Modos de aliviar los síntomas, ver Congestión mamaria.

Cuando hay dolor en los pezones se debe revisar la posición del bebé durante la lactancia. A veces, el bebé retrae uno de los labios y lo succiona, lo que irrita el pezón. Para las formas de prevenir y aliviar el dolor en los pezones, ver Lactancia materna.

La obstrucción de los conductos lácteos se produce cuando las mamas no se vacían completamente de leche de forma regular. Causan bultos ligeramente dolorosos que se pueden palpar en las mamas de las mujeres lactantes. La mejor manera de desbloquear el conducto es continuando con la lactancia materna. Para vaciar completamente la mama es necesario amamantar con frecuencia, aunque pueda resultar doloroso hacerlo con la mama afectada. La aplicación de compresas calientes y masajes en la zona afectada antes de amamantar puede ser eficaz. También es eficaz revisar la posición de la mujer para amamantar, dado que las diversas zonas de la mama se vacían mejor según la posición del bebé. Un buen sujetador para amamantar es también muy útil, porque los sujetadores convencionales con aros o clips pueden comprimir los conductos lácteos.

La mastitis (ver Mastitis) es una infección mamaria que puede ocurrir en mujeres que están amamantando, sobre todo si hay congestión o un conducto de leche obstruido. Las bacterias pueden entrar en la mama a través de los pezones agrietados o dañados y causar una infección. El área infectada se muestra dolorida, caliente y enrojecida, y la mujer puede presentar fiebre, escalofríos y dolor de tipo gripal. A las mujeres cuyos síntomas son graves o no remiten en 12 a 24 horas se les administran antibióticos que son inocuos para sus bebés. Si el dolor es significativo, pueden tomar paracetamol (acetaminofeno) para aliviarlo. Las mujeres deben continuar con la lactancia materna durante el tratamiento.

La ansiedad, la frustración y los sentimientos de ineptitud pueden ser consecuencia de la falta de experiencia en la lactancia, las dificultades para sostener al niño y para que se agarre a la mama y succione, el cansancio, la dificultad para distinguir si el bebé está recibiendo suficiente leche y otros cambios físicos que se producen después de dar a luz. Estos factores y sentimientos son las razones más frecuentes por las que las madres dejan de amamantar. Las madres pueden consultar con su pediatra o con un especialista en lactancia para hablar de sus sentimientos y de esta manera impedir la interrupción temprana de la lactancia.

Uso de medicamentos durante la lactancia

Las madres que están amamantando deben evitar tomar fármacos en la medida de lo posible. Cuando es necesario el tratamiento farmacológico, se deben evitar ciertos fármacos y tomar sólo aquellos que se sabe que son inocuos (ver Uso de medicamentos durante la lactancia).

Destete

El momento para la interrupción de la lactancia (destetar al lactante) depende de las necesidades y los deseos tanto de la madre como del bebé. Se considera ideal la lactancia materna exclusiva por lo menos durante 6 meses; después combinar la lactancia materna con la introducción de alimentos sólidos hasta la edad de 12 meses y continuar con la lactancia durante tanto tiempo como la madre y el niño quieran. El destete gradual durante semanas o meses es más fácil que el destete repentino, tanto para el bebé como para la madre.

Inicialmente las madres reemplazan de 1 a 3 tomas durante el día por un biberón o un vasito de agua o de zumo de fruta diluido (no se debe dar agua ni zumo de fruta cuando se está destetando a lactantes menores de 6 meses), un biberón de leche materna extraída, o uno de fórmula o de leche entera si el bebé tiene más de 12 meses. Aprender a beber de una taza es un hito importante del desarrollo y esta transición puede completarse a la edad de 10 meses. Los bebés que son destetados para pasar directamente a una taza de entrenamiento en lugar de un biberón no pasan por un segundo proceso de destete del biberón al vaso.

Algunas tomas, especialmente las de las horas de la comida, deben ser reemplazadas por alimentos sólidos. Gradualmente, las madres reemplazan más y más tomas, aunque muchos lactantes continúan con 1 o 2 tomas diarias hasta la edad de 18 a 24 meses o incluso más. Cuando la madre continúa la lactancia durante más tiempo, el bebé debe también recibir alimentos sólidos y beber en vaso.

Lactancia artificial

En el hospital, se alimenta al recién nacido poco después del nacimiento y luego, de forma ideal, según la demanda del bebé. Durante la primera semana de vida, los bebés toman entre 30 y 60 mL en cada toma, aumentando de forma gradual a entre 90 y 120 mL alrededor de 6 a 8 veces al día durante la segunda semana. Los padres no deben insistir en que el recién nacido termine totalmente el biberón, sino permitirle que tome lo que quiera cuando tenga hambre. A medida que el lactante va creciendo, exige mayor cantidad y consume hasta 180 o 240 mL en cada toma en el tercer o cuarto mes.

La posición correcta de los bebés que toman biberón es semiincorporada o sentada. Los bebés no deben tomar el biberón acostados porque la leche puede entrar en la nariz o en la trompa de Eustaquio. A los lactantes mayores que son capaces de sostener el biberón no se les debe acostar tomándolo porque la constante exposición a la leche o al zumo puede causar daño en los dientes y producir caries.

Las leches de fórmula comerciales para bebés están disponibles en biberones esterilizados listos para tomar, en botes de fórmula concentrada que deben ser diluidos en agua y en polvo. Las leches de fórmula contienen nutrientes, calorías y vitaminas en la proporción adecuada, y están disponibles con o sin suplemento de hierro. Todos los bebés alimentados con leche de fórmula deben alimentarse con fórmula enriquecida con hierro para prevenir la anemia por carencia de hierro.

Los progenitores que utilizan leches de fórmula concentradas o en polvo deben seguir cuidadosamente las instrucciones de preparación. Las formas concentradas y en polvo se deben preparar con agua que contiene flúor. Las leches de fórmula están, por lo general, preparadas con leche de vaca, pero existen otras leches de fórmula especiales para lactantes que no toleran la leche de vaca. Si un lactante no tolera la leche de fórmula normal, el pediatra le recomendará una fórmula con leche de soja o una fórmula hidrolizada. Si no puede tolerar una fórmula hidrolizada, se puede cambiar a una fórmula con aminoácidos. No hay diferencias a largo plazo en la salud de los lactantes alimentados con leche de fórmula, sea estándar o especial. Durante el primer año de vida no es apropiado, sin embargo, alimentar al bebé con leche entera de vaca.

Para minimizar la exposición del lactante a microorganismos, la leche de fórmula debe administrarse en envases esterilizados. Los biberones plásticos desechables eliminan la necesidad de esterilizar los biberones. Las tetinas de los biberones deben ser esterilizadas en el lavavajillas o en una olla con agua en ebullición durante 5 minutos. Los padres deben calentar la leche a la temperatura del cuerpo; los biberones llenos (o los envases de la leche si se usan biberones desechables) deben calentarse al baño maría hasta alcanzar la temperatura del cuerpo. Los bebés pueden quemarse gravemente si la leche de fórmula está demasiado caliente, así que los padres deben agitar el biberón suavemente para uniformar la temperatura, y luego comprobarla dejando caer alguna gota sobre la parte interna de su muñeca. Al tacto, la temperatura de la leche de fórmula no debe estar ni fría ni caliente. Los hornos microondas pueden sobrecalentar el alimento del bebé de forma peligrosa, y no se recomienda su utilización para calentar la leche de fórmula ni la comida del bebé.

El tamaño del orificio de la tetina es importante. En general, con el biberón boca abajo, la leche de fórmula debe salir gota a gota lentamente. Los lactantes mayores y más grandes consumen una mayor cantidad de líquido y el orificio de la tetina debe ser mayor.

Inicio de la alimentación sólida

El momento de empezar con la alimentación sólida depende de las necesidades del lactante y de su predisposición. En general, los lactantes necesitan alimentos sólidos cuando son lo bastante grandes como para necesitar una fuente más concentrada de calorías que la leche materna o la leche de fórmula. Esto se detecta cuando un lactante toma un biberón entero y queda satisfecho pero en 2 o 3 horas vuelve a tener hambre, o cuando consume más de 1132 gramos de fórmula cada día. Esto suele ocurrir hacia los 6 meses de edad. Muchos lactantes toman sólidos después del pecho o de tomar el biberón, lo que satisface ambas necesidades: la de succión y la de calmar el apetito con rapidez. Los lactantes menores de 4 meses de edad no necesitan alimentos sólidos para la nutrición, no pueden tragar con facilidad alimentos sólidos y no deben ser alimentados a la fuerza con una cuchara o mezclando alimentos para bebés con fórmula en un biberón. La introducción de alimentos sólidos antes de los 4 meses de edad puede causar alergias alimentarias y enfermedad celíaca.

Los lactantes desarrollan alergias o intolerancias alimentarias con más facilidad que los niños mayores o los adultos. Si se dan muchos alimentos diferentes en un periodo breve, es difícil detectar cuál puede haber sido el responsable de la reacción. A causa de esta dificultad, los padres deben introducir los nuevos alimentos de uno en uno y no más de uno nuevo por semana. Una vez está claro que un alimento se tolera bien puede introducirse otro nuevo.

Se empieza primero con cereales (por ejemplo, ceral de arroz enriquecido con hierro), seguidos de frutas y verduras. Los purés de carne, que son una buena fuente de proteínas, hierro y cinc, deben introducirse más tarde, a partir de los 7 meses. Muchos de los lactantes al principio rechazan la carne.

La comida debe ofrecerse en una cuchara para que el lactante aprenda la nueva técnica de alimentación. A la edad de 6 o 9 meses, los lactantes son capaces de tomar la comida con la cuchara y llevársela a la boca, y se les debe animar a que colaboren cuando se les da la comida. Los purés caseros son menos caros que las papillas comerciales y proporcionan una adecuada nutrición. Sin embargo, para los bebés menores de 1 año de edad se prefieren las preparaciones comerciales con zanahorias, remolachas, nabos, col rizada y espinacas, ya que son cribadas para detectar nitratos. Los niveles altos de nitratos, que pueden causar metahemoglobinemia (un trastorno que afecta la capacidad de la sangre para transportar oxígeno) en los niños pequeños, se encuentran en las verduras que se cultivan usando suministros de agua contaminados por fertilizantes.

Aunque a los lactantes les gustan los alimentos dulces, el azúcar no es un nutriente esencial y solo debe ser aportado (en caso de que se decida hacerlo) en pequeñas cantidades. Los postres edulcorados preparados para bebés no les aportan ningún beneficio. El jugo es una fuente insuficiente de nutrición, contribuye a la caries y debe limitarse a 4 a 6 onzas diarias (entre 80 y 100 gramos diarios) o evitarse por completo.

Los alimentos a evitar son:

  • Los huevos y los cacahuetes (hasta la edad de 1 año) porque los niños pueden llegar a ser alérgicos a estos alimentos

  • La miel debe evitarse (hasta que el bebé tenga un año) porque puede contener esporas de Clostridium botulinum, que son inofensivas en los niños mayores y los adultos, pero que pueden causar botulismo en los lactantes

  • Los alimentos que pueden causar fácilmente asfixia o ser inhalados (hasta la edad de 2 o 3 años), incluidas las nueces, los caramelos duros, la soja, las palomitas, los perritos calientes, la carne (a menos que sea en puré) y las uvas (a menos que se corten en trozos muy pequeños )

A partir de 1 año de edad, los niños pueden comenzar a beber leche entera de vaca. A los 2 años de edad, los niños pueden pasar a la leche baja en grasa, ya que su dieta se asemeja en líneas generales a la del resto de la familia. Los padres deben limitar la ingesta de leche de 16 a 24 onzas al día (380 a 600 gramos al día) en niños pequeños. Los niños que toman mucha leche pueden no obtener suficientes nutrientes de otros alimentos importantes y pueden desarrollar carencia de hierro.

Cuando el niño tiene alrededor de 1 año de edad, la tasa de crecimiento por lo general se desacelera. Los niños requieren menos alimento y pueden rechazarlo en algunas comidas. Para determinar la cantidad de alimento que está tomando el niño, los padres deben revisar lo que come en el transcurso de una semana en lugar de en el transcurso de una sola comida o durante un solo día. La alimentación insuficiente de alimentos sólidos solo es preocupante cuando los niños no cumplen con los percentiles de peso esperados a un ritmo constante (ver figura Tablas de peso y talla para lactantes).

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