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Infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) en niños

Por Geoffrey A. Weinberg, MD, Professor of Pediatrics;Director, Pediatric HIV Program, University of Rochester School of Medicine and Dentistry;Golisano Children’s Hospital, University of Rochester Medical Center

La infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es un trastorno vírico que, progresivamente, destruye ciertos glóbulos blancos (leucocitos) y causa el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida).

  • La infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es causada por los virus VIH-1 y VIH-2 y, en niños pequeños, suele ser transmitida por la madre en el momento del parto.

  • Los signos de la infección consisten en retraso del crecimiento, aumento de tamaño de los ganglios linfáticos en varias zonas del cuerpo, retraso del desarrollo, infecciones bacterianas recurrentes e inflamación pulmonar.

  • El diagnóstico se basa en análisis de sangre especiales.

  • Los niños que reciben tratamiento farmacológico antrirretrovírico (denominado terapia antirretroviral o TAR) pueden vivir hasta la edad adulta.

  • Las madres infectadas pueden evitar la transmisión de la infección a sus hijos recién nacidos tomando terapia antirretroviral, alimentando a su bebé con leche de fórmula en lugar de mediante la lactancia natural y, en algunas mujeres, sometiéndose a un parto por cesárea.

  • Los niños se tratan con los mismos fármacos que los adultos.

Para la infección por VIH en adultos, ver Infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).

Existen dos virus de la inmunodeficiencia humana:

  • VIH-1

  • VIH-2

La infección por el VIH-1 es mucho más común que la infección por el VIH-2 en casi todas las áreas geográficas. Ambos destruyen progresivamente ciertos tipos de glóbulos blancos llamados linfocitos, una parte importante de las defensas inmunitarias del organismo. Cuando estos linfocitos son destruidos, el cuerpo se vuelve vulnerable al ataque de muchos otros microorganismos infecciosos. Muchos de los síntomas y complicaciones de la infección por VIH, incluida la muerte, son el resultado de otras infecciones y no de la propia infección por el virus VIH. La infección por VIH deriva en diversas infecciones problemáticas por microorganismos que no suelen infectar a las personas sanas. Estas se denominan infecciones oportunistas porque se producen en un individuo con el sistema inmune debilitado. Las infecciones oportunistas pueden ser consecuencia de virus, parásitos, hongos y, a diferencia de lo que sucede en los adultos, de bacterias.

El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) es la forma más grave de infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Se considera que un niño con infección por VIH tiene sida cuando desarrolla al menos una de las enfermedades relacionadas o cuando hay un descenso significativo en la capacidad de su organismo para defenderse contra las infecciones.

En Estados Unidos, solo un 1% del total de la población infectada con VIH son niños o adolescentes. Desde que comenzó la epidemia del sida, se han registrado cerca de 10 000 casos en niños y jóvenes adolescentes. En 2011, se diagnosticaron 192 nuevos casos en niños menores de 13 años de edad.

Aunque el número de recién nacidos y niños infectados por el VIH que viven en los Estados Unidos sigue disminuyendo, el número de adolescentes infectados está aumentando. El número está aumentando porque los niños que se infectaron cuando eran recién nacidos sobreviven más tiempo y se están desarrollando nuevos casos en adolescentes, sobre todo en varones jóvenes homosexuales.

No obstante, a escala mundial, la infección por VIH presenta una tasa mucho más elevada en estas franjas de edad. Alrededor de 3 millones de niños están infectados por el VIH. Cada año se infectan alrededor de 330 000 niños más y mueren cerca de 230 000 niños. En los últimos años, los nuevos programas creados para administrar terapia antirretroviral (TARV) a las mujeres embarazadas y a los niños han reducido el número anual de nuevas infecciones en niños y la mortalidad infantil en un 10 a 15%. Sin embargo, los niños infectados, como ocurre con los adultos, con frecuencia no reciben TARV.

Transmisión de la infección por VIH

Niños pequeños

El VIH se transmite con mayor frecuencia a los niños por:

  • Una madre infectada, antes del nacimiento o durante el parto

  • Después del nacimiento, a través de la leche materna

En los niños pequeños, la infección por VIH casi siempre se contrae a través de la madre. Más del 90% de los niños infectados por el VIH en los Estados Unidos adquirieron la infección de su madre, ya sea antes o alrededor del momento del nacimiento (lo que se denomina transmisión vertical o de madre a hijo). La mayor parte de los niños restantes que ahora viven con sida, adquirieron la infección por transmisión sexual incluyendo, en raras ocasiones, el abuso sexual. Debido a la mejora de las medidas de seguridad con respecto a la detección del virus en la sangre y en los hemoderivados, en los últimos años casi no hay infecciones debidas a la utilización de sangre y hemoderivados en Estados Unidos, Canadá o Europa Occidental.

En Estados Unidos, por ejemplo, cada año dan a luz nada menos que 7000 mujeres infectadas por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Sin la adopción de medidas preventivas, del 25 al 33% de estas mujeres transmitirían la infección al bebé. El riesgo de transmisión es más alto entre las madres que contraen la infección por VIH durante el embarazo o la lactancia natural, las que están gravemente enfermas o las que tienen otros virus en su organismo. La transmisión, a menudo, tiene lugar durante el periodo de dilatación y el periodo expulsivo. Sin embargo, la transmisión ha disminuido significativamente en los Estados Unidos de aproximadamente el 25% en 1991 al 1% en 2009. La transmisión de madre a hijo se ha reducido debido a un intenso esfuerzo para realizar un cribado y tratar a las mujeres embarazadas infectadas durante el embarazo y el parto.

¿Sabías que...?

  • En los Estados Unidos, la transmisión del VIH de madre infectada a hijo se ha reducido del 25% en 1991 al 1% en 2009.

El virus también se puede transmitir en la leche materna. Del 12 al 14% de los bebés no infectados en el momento del nacimiento contraen la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) si los amamanta una madre infectada con dicho virus. En la mayoría de los casos, la transmisión se produce en las primeras semanas o meses de vida, pero puede producirse más tarde. La transmisión por la leche materna es más probable en las madres que tienen niveles elevados de virus en su cuerpo, incluyendo las que adquirieron la infección durante el período de tiempo en el que amamantaron a su bebé.

Adolescentes

En los adolescentes, la transmisión es la misma que en los adultos (ver A través de la actividad sexual):

  • Mantener relaciones sexuales sin protección

  • Compartir agujas infectadas

Los adolescentes heterosexuales y homosexuales tienen un mayor riesgo de infección por el VIH si tienen relaciones sexuales sin protección. Los adolescentes que comparten agujas infectadas, aunque la inyección de drogas también tiene mayor riesgo.

En casos muy poco frecuentes, el VIH se ha transmitido por el contacto con sangre infectada en la piel. En casi todos los casos, la superficie de la piel tenía rasguños o heridas. Aunque la saliva puede contener el virus, nunca se ha confirmado la transmisión a partir de la tos, los besos o los mordiscos.

El VIH no se transmite mediante:

  • Alimentos

  • Agua

  • Objetos cotidianos

  • Contacto social en el hogar, en el lugar de trabajo o en el colegio

Síntomas

Los niños que nacen con infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) en muy pocos casos presentan síntomas durante los primeros meses de vida, incluso si no han recibido TAR. Si los niños permanecen sin tratamiento, solo alrededor del 20% manifiestan problemas durante el primer o el segundo año de vida. Estos niños probablemente se infectaron antes de nacer. Para el 80% restante de los niños no tratados, los problemas no se manifiestan hasta la edad de 3 años, o incluso hasta después de los 5 años. Estos niños probablemente se infectaron al nacer o cerca del nacimiento.

Niños infectados por el VIH no tratados

Los síntomas comunes de la infección por VIH en niños no tratados incluyen:

  • Retraso del crecimiento y retraso de la maduración

  • Aumento de volumen de los ganglios linfáticos en diversas partes del cuerpo

  • Diarrea recurrente

  • Infecciones pulmonares

  • Aumento de tamaño del bazo y del hígado

  • Infección fúngica en la boca (candidiasis oral)

A veces los niños tienen episodios repetidos de infecciones bacterianas, como infección del oído medio (otitis media), sinusitis, presencia de bacterias en la sangre (bacteriemia) o neumonía.

A medida que el sistema inmunitario del niño se deteriora, aparece una variedad de síntomas y complicaciones. Alrededor de un tercio de los niños infectados por el VIH presentan inflamación de los pulmones (neumonitis intersticial linfoide), con tos y dificultad respiratoria.

Los niños nacidos con la infección por VIH habitualmente tienen al menos un episodio de neumonía por Pneumocystis jirovecii (ver Neumonía en personas inmunodeprimidas). Esta infección oportunista grave puede ocurrir de manera tan precoz como a las 4 a 6 semanas de vida, pero se produce sobre todo en bebés de 3 a 6 meses de edad que adquirieron la infección por el VIH antes o durante el parto. Más de la mitad de los niños infectados por el VIH que no reciben tratamiento desarrollan la neumonía en algún momento. La neumonía por Pneumocystis es la causa principal de muerte en los niños y los adultos con sida.

En un número importante de niños infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), la lesión cerebral progresiva evita o retrasa momentos claves del desarrollo, como caminar y hablar. En estos casos también se observan deficiencias en la inteligencia y una desproporción a la baja del tamaño de la cabeza en relación con el resto del cuerpo. Hasta el 20% de los niños infectados sin tratamiento pierden progresivamente sus aptitudes sociales y la capacidad lingüística y de control muscular. Se les paraliza una parte del cuerpo o caminan con paso vacilante o bien se observa en ellos una cierta rigidez muscular.

La anemia (un número bajo de glóbulos rojos, ver Introducción a la anemia) es frecuente en los niños infectados por el VIH y les causa debilidad y propensión a la fatiga. Alrededor del 20% de los niños sin tratamiento presentan problemas cardíacos, como mayor rapidez o irregularidad del ritmo del corazón o insuficiencia cardíaca.

Los niños sin tratamiento también suelen desarrollar inflamación hepática (hepatitis, ver Introducción a la hepatitis) o inflamación de los riñones (nefritis). Los cánceres son muy poco frecuentes en los niños con sida, pero el linfoma no hodgkiniano (linfoma no Hodgkin) y los linfomas cerebrales son algo más frecuentes en dichos niños que en los niños no infectados. El sarcoma de Kaposi (ver Sarcoma de Kaposi), un cáncer relacionado con el sida que afecta la piel y los órganos internos, es frecuente en adultos infectados con el VIH, pero es sumamente raro en niños con VIH.

Niños infectados por el VIH tratados

Con la administración de TAR, los niños infectados por el VIH no manifiestan necesariamente ninguno de los síntomas de la infección. La TARV ha cambiado significativamente la manera en la que la infección por VIH se manifiesta en los niños. Aunque la neumonía bacteriana y otras infecciones bacterianas (como la bacteriemia y la otitis media recurrente) se observan con más frecuencia en niños infectados por el VIH, las infecciones oportunistas y el retraso de crecimiento son mucho menos frecuentes que en la era previa a la TARV.

Aunque la TARV disminuye claramente los efectos de los trastornos cerebrales y medulares, parece que hay una mayor tasa de alteraciones del comportamiento, del desarrollo y cognitivas en los niños infectados por el VIH tratados. No está claro si estos problemas están producidos por la infección con el VIH en sí, por los fármacos utilizados para tratar el VIH, o se deben a otros factores biológicos, psicológicos y sociales que son comunes entre los niños infectados por el VIH.

Dado que la TARV ha permitido que niños y adultos puedan sobrevivir durante muchos años, es mayor el número de pacientes que desarrollan complicaciones a largo plazo de la infección por VIH. Estas complicaciones incluyen obesidad, enfermedades del corazón, diabetes y enfermedades renales. Estas complicaciones parecen estar relacionadas tanto con la infección por el VIH en sí como por los efectos de ciertos fármacos antirretrovirales.

Los síntomas de infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) contraído durante la adolescencia son similares a los de los adultos (ver Infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) : Síntomas).

Diagnóstico

  • Detección prenatal

  • Análisis de sangre

  • Después del diagnóstico, controles frecuentes

El diagnóstico de infección por VIH en los niños comienza con la identificación de la infección por VIH en las mujeres embarazadas gracias al cribado prenatal sistemático de la sangre. Se pueden realizar las pruebas rápidas para el diagnóstico del VIH mientras la mujer está en el paritorio o ingresada en el hospital. Los análisis pueden aportar resultados entre al cabo de unos minutos y al cabo de unas horas.

Deben hacerse las pruebas a los recién nacidos de madres con infección por VIH, o de madres que estén en riesgo de sufrir una infección por VIH no diagnosticada. La sangre de los lactantes debe examinarse a intervalos frecuentes, por lo general en las primeras 2 semanas de vida, hacia el primer mes, y entre los 4 y 6 meses de edad. Esta frecuencia en las pruebas permite identificar a la mayoría de los lactantes infectados por el VIH hacia los 6 meses de edad.

Para los niños menores de 18 meses, no sirve el análisis de sangre estándar de los adultos que determina la presencia de anticuerpos del VIH, porque la sangre de los lactantes casi siempre contiene anticuerpos del VIH si la madre está infectada por este virus (aun cuando el niño no lo esté). Para diagnosticar de forma definitiva la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) en niños menores de 18 meses de edad, se utilizan análisis especiales de sangre (denominados pruebas de amplificación de los ácidos nucleicos, como la prueba de reacción en cadena de la ADN-polimerasa o de la ARN-polimerasa) que identifican el virus en la sangre.

En los niños mayores de 18 meses y en los adolescentes, se emplean los mismos análisis de sangre que en los adultos para diagnosticar la infección por VIH (ver Infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) : Diagnóstico).

Una vez se ha diagnosticado la infección por VIH, los médicos realizan análisis de sangre regulares en intervalos de 3-4 meses para monitorizar la cantidad de linfocitos CD4+ (recuento de CD4, ver Recuento de linfocitos CD4) y el número de partículas víricas en la sangre (carga viral, ver Carga viral).

El recuento de CD4 disminuye a medida que empeora la infección por VIH. Si el recuento de CD4 es bajo, los niños son más propensos a desarrollar infecciones graves y otras complicaciones del VIH, tales como ciertos tipos de cáncer.

La carga viral aumenta a medida que empeora la infección por VIH. La carga viral ayuda a predecir la rapidez con que disminuirá el número de linfocitos CD4 en los próximos años.

La determinación del recuento de CD4 y de la carga viral ayudan a los médicos a determinar cuándo empezar el tratamiento con antirretrovirales, qué efectos tendrá el tratamiento y si son necesarios otros medicamentos para prevenir complicaciones infecciosas.

Pronóstico

Antes de la TARV, del 10 al 15% de los niños en los países industrializados y quizá, del 50 al 80% de los niños de los países en desarrollo morían antes de los 4 años de edad. Hoy en día, con la TARV, la mayoría de los niños con infección neonatal por el VIH viven mucho más allá de los 5 años, y, en los Estados Unidos, la mayoría sobrevive en la edad adulta. Un número creciente de estos jóvenes tienen descendencia.

Sin embargo, si se producen infecciones oportunistas, en particular neumonía por Pneumocystis, el pronóstico es malo a menos que la TARV sea eficaz. La neumonía por Pneumocystis causa la muerte en el 5 al 40% de los niños tratados, y en casi el 100% de los niños no tratados. El pronóstico también es malo para aquellos niños en los que el virus se detecta de forma temprana (en la primera semana de vida) o que desarrollan síntomas en el primer año de vida.

No se sabe si la infección por el VIH en sí o la TARV administrada a los niños infectados por el VIH durante los períodos críticos de crecimiento y desarrollo causarán efectos secundarios adicionales que podrían aparecer más adelante en la vida, porque la primera oleada de niños infectados antes o durante el nacimiento y que han sido tratados con TARV acaba de llegar a la edad adulta.

Debido a la forma en la que el VIH permanece oculto dentro de las células del huésped, los fármacos no eliminan por completo el virus del organismo. Incluso cuando las pruebas no detectan el virus, algunos virus permanecen en el interior de las células. Recientemente, a un niño nacido de una madre infectada con el VIH sin tratamiento se le administraron altas dosis de fármacos antirretrovirales. Después de interrumpir la TARV de forma involuntaria a los 15 meses de edad, a los 24 meses de edad todavía no se había podido detectar la reproducción (replicación) del VIH en el niño. Sin embargo, sí que se pudo detectar el virus con posterioridad. Están en desarrollo diversas investigaciones para determinar si la administración de altas dosis de antirretrovirales para suprimir el virus, aunque sólo sea por un periodo corto, conllevan una mejora de la salud.

Prevención

Prevención en madres infectadas

La terapia preventiva actual para las mujeres embarazadas infectadas es muy eficaz para minimizar la transmisión. Las mujeres embarazadas infectadas por el VIH deben comenzar la TARV por vía oral. Idealmente, la TARV debe comenzar poco después de que se diagnostique la infección por VIH, pero al menos durante el 2º y el 3º trimestre (últimos 6 meses) de embarazo. Las mujeres embarazadas infectadas por el VIH que ya están en tratamiento antirretroviral deben continuar la terapia. La zidovudina (ZDV), un fármaco antirretrovírico, también se administra por vía intravenosa a muchas mujeres durante el periodo de dilatación y el periodo expulsivo. Además, la zidovudina se administra por vía oral al recién nacido, dos veces al día durante 6 semanas. Este tratamiento reduce el índice de transmisión desde el 25-33% a cerca del 1-2%. Además, la realización de una cesárea (cesárea, ver Parto por cesárea) antes de que empiece el parto reduce el riesgo para el recién nacido de contraer la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Los médicos pueden recomendar el parto por cesárea en mujeres cuya infección no fue bien controlada por la TARV.

En los países donde se dispone de leche maternizada de calidad para lactantes y de agua no contaminada, las madres infectadas por el VIH deben alimentar al bebé con biberón y debe explicárseles con claridad que nunca deben amamantar a sus bebés ni donar leche a los bancos de leche materna. En los países donde existe un alto riesgo de malnutrición o de diarrea infecciosa causada por el uso de agua contaminada para alimentar a los lactantes o para preparar la leche de fórmula, los beneficios de amamantar prevalecen sobre el riesgo de transmisión del VIH. En estos países en desarrollo, las madres infectadas por el VIH deben continuar con la lactancia durante los primeros 6 meses de vida del bebé y luego rápidamente suspender la lactancia materna.

Prevención en los niños

Dada la probabilidad de ignorar que un niño está infectado por el VIH, todos los colegios y las guarderías deben adoptar medidas especiales para controlar los accidentes, tales como las hemorragias nasales, y limpiar y desinfectar las superficies contaminadas con sangre. Durante la limpieza, el personal debe ser instruido para evitar el contacto directo de la piel con la sangre. Siempre deben utilizarse guantes y es necesario lavarse las manos después de quitárselos. Las superficies contaminadas deben limpiarse y desinfectarse con una solución de lejía recién preparada que contenga una parte de lejía de uso doméstico y de 10 a 100 partes de agua. Se siguen estas prácticas (llamadas precauciones generales) no sólo para los niños con infección por el VIH, sino en todos los niños y en todas las situaciones en las que existe exposición a productos sanguíneos.

Prevención en adolescentes

La prevención en los adolescentes es la misma que en los adultos (ver Infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) : Prevención). Todos los adolescentes deben tener acceso a las pruebas del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y recibir información sobre las vías de transmisión del VIH y la manera como puede evitarse, incluyendo evitar comportamientos de riesgo, la abstinencia sexual o la utilización de prácticas sexuales seguras.

Prevención de las infecciones oportunistas

Para evitar la neumonía por Pneumocystis, los médicos administran trimetoprima-sulfametoxazol a ciertos niños con infección por VIH demostrada y con inmunodeficiencia importante y a todos los bebés nacidos de mujeres infectadas por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), comenzando a partir de las 4 a 6 semanas de edad (y continuando hasta que las pruebas muestren que los niños no están infectados). A los niños que no toleran la trimetoprima-sulfametoxazol se les puede administrar dapsona, atovacuona o pentamidina.

A los niños con inmunodeficiencia importante también se les administra azitromicina o claritromicina para evitar la infección por el complejo Mycobacterium avium. La rifabutina es un fármaco alternativo.

Tratamiento

  • Fármacos o sustancias

  • Fomentar la adherencia al tratamiento

Tratamiento farmacológico

Los niños son tratados con la mayor parte de los mismos fármacos antirretrovirales que los adultos (ver Fármacos antirretrovirales), en general mediante una TARV combinada que incluye dos de los siguientes:

  • Dos inhibidores nucleósidos de la transcriptasa reversa

  • Un inhibidor de la proteasa, un inhibidor no nucleósido de la transcriptasa inversa o, en circunstancias especiales, un inhibidor de la integrasa

Sin embargo, no todos los fármacos utilizados en adultos están disponibles para los niños pequeños, en parte porque algunos no se presentan en forma líquida. En general, los niños manifiestan las mismas reacciones adversas que los adultos, pero habitualmente a un nivel más bajo. Sin embargo, las reacciones adversas de los fármacos también suponen una limitación para el tratamiento. El médico supervisa la efectividad del tratamiento determinando regularmente la cantidad de virus presente en la sangre y el recuento de células CD4+ del niño (ver Infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) en niños : Diagnóstico). El aumento de la cantidad de virus en la sangre es un indicio de que el virus está desarrollando resistencia a los fármacos o de que el niño no está siguiendo el tratamiento. En uno y otro caso es a veces necesario que el médico prescriba otros fármacos. Para seguir el progreso del niño, el médico examina y realiza análisis de sangre y otras pruebas de laboratorio a intervalos de 3 a 4 meses.

Adherencia

La adherencia a el régimen de TARV prescrito es extremadamente importante. Si los niños toman los antirretrovirales con menos frecuencia de lo establecido, el VIH en su organismo puede desarrollar rápidamente resistencias a uno o más de los fármacos. Aun así, puede ser difícil para los padres y los niños seguir tratamientos farmacológicos complicados, lo que limita la efectividad de la terapia. Para simplificar los regímenes y mejorar la adherencia, se pueden administrar tabletas que contienen tres o más fármacos. La toma de estos comprimidos puede ser necesaria solo 1 o 2 veces al día. Las formas líquidas de los fármacos tienen ahora mejor sabor, lo que puede mejorar la adherencia.

La adherencia al tratamiento antirretroviral puede ser más difícil en adolescentes que en niños más pequeños. Los adolescentes también tienen dificultad para adherirse a los regímenes de tratamiento para otras enfermedades crónicas como la diabetes y el asma. Quieren ser como sus compañeros y pueden sentirse apartados por su enfermedad. Omitir o interrumpir el tratamiento puede ser una forma de negación de la enfermedad. Otras cuestiones que pueden complicar el tratamiento y reducir la adherencia en los adolescentes incluyen:

  • Autoestima baja

  • Un estilo de vida caótico y desestructurado

  • El miedo a ser señalado por causa de la enfermedad

  • A veces, la falta de apoyo familiar

Además, los adolescentes pueden no ser capaces de entender por qué son necesarios los fármacos cuando no se sienten enfermos y pueden estar preocupados por los posibles efectos secundarios. A pesar del contacto frecuente con un equipo de atención pediátrica, los adolescentes que se infectaron desde el nacimiento pueden temer o negar la infección por el VIH o desconfiar de la información proporcionada por el equipo de atención médica. En lugar de plantear un enfrentamiento directo sobre la necesidad de seguir el tratamiento con aquellos adolescentes que carecen de adecuados sistemas de apoyo, los equipos de atención a veces ayudan al adolescente a que se centre en cuestiones prácticas tales como la forma de evitar las infecciones oportunistas y la forma de obtener información sobre salud reproductiva, la vivienda, y tener éxito en colegio.

Vacunación

Casi todos los niños infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) deben recibir las vacunas infantiles sistemáticas (ver Calendario de vacunación infantil), incluyendo las siguientes:

  • Difteria-tétanos-tosferina (DTaP)

  • Vacuna antipoliomielítica inactivada

  • Haemophilus influenzae

  • Streptococcus pneumoniae

  • Hepatitis A y B

Algunas vacunas que contienen bacterias vivas, como el bacilo de Calmette-Guérin (utilizado para prevenir la tuberculosis en algunos países fuera de los Estados Unidos), o virus vivos, como la vacuna oral contra la poliomielitis y las vacunas de la varicela y la del sarampión, parotiditis y rubéola pueden causar una enfermedad grave o mortal en los niños con VIH cuyo sistema inmunitario está muy deteriorado. Sin embargo, la vacuna elaborada con microbios vivos contra el sarampión, la parotiditis y la rubéola, y la vacuna elaborada con microbios vivos contra la varicela, se recomiendan para los niños con infección por VIH cuyo sistema inmunitario no esté gravemente deteriorado.

En niños infectados o expuestos al VIH se puede administrar la vacuna con virus vivos contra el rotavirus siguiendo el calendario vacunal habitual.

La vacuna anual inactivada (no la que se administra con microbios vivos) contra la gripe también se recomienda para todos los niños infectados por el VIH de más de 6 meses de edad, y se recomienda la inmunización inactivada o mediante vacunas elaboradas con microbios vivos para todos los miembros que convivan en el hogar.

Sin embargo, la efectividad de cualquier vacuna es menor en niños con infección por VIH. Los niños infectados por el VIH con recuentos muy bajos de linfocitos CD4+ se consideran susceptibles de vacunación ante enfermedades prevenibles por vacunación cuando están expuestos (como el sarampión, el tétanos o la varicela), independientemente de si han recibido la vacuna para esa enfermedad, y se les puede administrar la inmunoglobulina por vena (vía intravenosa). La inmunoglobulina intravenosa o la vacunación inmediata con la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola también se deben considerar para cualquier miembro de la familia no inmunizado que está expuesto al sarampión.

Problemática social

En el caso de niños que necesitan atención en hogares de acogida, guarderías o escolarización, el médico puede ayudar a determinar el riesgo de exposición a enfermedades infecciosas. En general, la transmisión de infecciones, como la varicela, a un niño infectado por el VIH (o a cualquier niño con inmunodeficiencia) constituye un peligro mayor que la transmisión del VIH por parte de ese niño a otros. Un niño pequeño infectado por el VIH que tiene heridas cutáneas abiertas o presenta una conducta potencialmente peligrosa, como morder, no debe acudir a la guardería.

Los niños infectados por el VIH han de participar en las actividades rutinarias de la infancia tanto como se lo permita su condición física. La interacción con otros niños mejora el desarrollo social y la autoestima. Dado el estigma asociado con la enfermedad, el uso generalizado de precauciones universales en escuelas y guarderías y el hecho de que el contagio de la infección a otros niños es muy poco probable, no es necesario que nadie, aparte de los padres, el médico y tal vez el personal de enfermería de la escuela sepa que el niño tiene la infección por el VIH.

A medida que el estado del niño empeora, es mejor hacer el tratamiento en un ambiente lo menos restrictivo posible. Si se cuenta con asistencia médica en el hogar y con servicios sociales adecuados, los niños pueden pasar más tiempo en casa que en el hospital.

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