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Introducción al maltrato y negligencia infantil

Por Ann S. Botash, MD, Professor of Pediatrics, State University of New York, Upstate Medical University

La negligencia infantil consiste en negar al menor cosas que le son esenciales o necesidades básicas. El maltrato infantil consiste en hacer algo que perjudica al menor.

  • Algunos de los factores que aumentan el riesgo de maltrato y negligencia infantil son la pobreza, la drogadicción, el alcoholismo, los trastornos mentales y la monoparentalidad.

  • Los menores que sufren negligencia o maltrato pueden parecer cansados, hambrientos o sedientos, pueden presentar lesiones físicas o problemas emocionales o mentales o bien pueden tener un aspecto completamente normal.

  • El maltrato se sospecha cuando el patrón de hematomas sugiere que la lesión no ha sido accidental, cuando las lesiones no concuerdan con la explicación del cuidador, cuando el menor es incapaz, por su desarrollo, de hacer las cosas que podrían dar lugar a su lesión (como un lactante encendiendo una estufa) o cuando el menor presenta tanto lesiones curadas como lesiones nuevas que no parecen accidentales.

  • Los menores deben ser protegidos contra daños posteriores por medios que pueden consistir en la participación de los Servicios de protección del menor y/o Organismos de seguridad del Estado, hospitalización, asesoramiento para progenitores e hijos y ayuda a la familia para la prestación de una atención segura y apropiada.

La negligencia consiste en la falta de satisfacción de las necesidades principales del niño: físicas, médicas, educativas y emocionales.

El maltrato puede ser físico, sexual o emocional.

A veces, las diferentes formas de maltrato se producen a la vez. La negligencia y el maltrato infantil a menudo se producen a la vez y junto con otras formas de violencia familiar, como el maltrato por parte del compañero sentimental. Además del daño inmediato, la negligencia y el maltrato aumentan el riesgo de problemas duraderos, como los trastornos de salud mental y el abuso de sustancias tóxicas. El maltrato infantil también está relacionado con problemas durante la edad adulta, como obesidad, enfermedades cardíacas y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

En 2012 se contabilizaron 3,4 millones de informes de posibles casos de maltrato a menores enviados a los Servicios de Protección Infantil de Estados Unidos, que afectaban a 6,3 millones de niños. De estos informes, 2,1 millones fueron investigados con detalle y se identificaron aproximadamente 686.000 niños maltratados o víctimas de negligencia. Afecta por igual a ambos sexos. Los bebés y los niños pequeños presentan un riesgo mayor de maltrato.

De los niños que fueron identificados en 2012, el 78,3% eran víctimas de negligencia (incluyendo negligencia en la atención médica), el 18,3% eran objeto de maltratos físicos, el 9,3% eran víctimas de abuso sexual y el 8,5% sufrían maltrato emocional. Muchos niños fueron víctimas de múltiples tipos de maltrato.

En 2012, alrededor de 1640 niños murieron en Estados Unidos a causa de negligencia o maltrato y aproximadamente las tres cuartas partes eran menores de 3 años de edad. Casi el 70% de estos niños fueron víctimas de negligencia y el 44% fueron víctimas de maltrato físico que se produjo con o sin otras formas de maltrato. Alrededor del 80% de los agresores eran uno o ambos progenitores. Y más del 25% de las muertes fueron causadas por la madre actuando sola.

Causas del maltrato y la negligencia infantil

La negligencia y el maltrato son resultado de una compleja combinación de factores individuales, familiares y sociales. Ser madre o padre soltero, ser pobre, tener problemas con las drogas o el abuso de alcohol o trastornos mentales (como un trastorno de la personalidad o baja autoestima) puede hacer que el progenitor sea más propenso a ser negligente con el menor o a maltratarlo. Además, los adultos que sufrieron maltrato físico o abuso sexual cuando eran niños son más propensos a maltratar a sus propios hijos o a abusar de ellos. La negligencia se identifica con una frecuencia 12 veces mayor entre los menores que viven en la pobreza frente a los que no.

Aunque el maltrato físico, el maltrato emocional y la negligencia se asocian con la pobreza y con un estatus social y económico más bajo, todos los tipos de maltrato, incluyendo el abuso sexual, se producen dentro de todos los grupos sociales y económicos.

Tipos

Existen distintos tipos de negligencia y maltrato infantil. A menudo, estos distintos tipos se producen a la vez.

Negligencia

La negligencia es el hecho de no cubrir o no ocuparse de las necesidades físicas, emocionales, educativas y médicas básicas de un niño. Los progenitores o los cuidadores pueden dejar al menor al cuidado de una persona pese a saber que puede maltratarlo o puede dejarlo solo, sin supervisión. Hay muchas formas de negligencia.

En la negligencia física, los progenitores o los cuidadores pueden no lograr proporcionar una alimentación adecuada, ropa, vivienda, supervisión y protección frente a posibles daños.

En la negligencia emocional, los progenitores o los cuidadores pueden no lograr proporcionar afecto o amor u otros tipos de apoyo emocional. Los menores pueden ser ignorados o rechazados o se les puede impedir que interaccionen con otros menores o con adultos.

En la negligencia en la atención médica, los progenitores o los cuidadores pueden desatender los cuidados preventivos dentales o médicos del menor, como la necesidad del tratamiento de lesiones o de trastornos físicos o mentales. Puede ocurrir que retrasen la obtención de asistencia médica cuando el menor está enfermo, exponiéndole a enfermedades graves e incluso a la muerte.

En la negligencia educativa, puede que los progenitores o los cuidadores no inscriban al menor en la escuela o que no aseguren que el menor asista a la escuela en un entorno convencional, como una escuela pública, o bien en su domicilio.

La negligencia se diferencia del maltrato en que, por lo general, en el primer caso los progenitores y los cuidadores no tienen intención de hacer daño a los menores que están a su cargo.

La negligencia suele ser resultado de una combinación de factores como la mala crianza de los hijos, pocas habilidades para afrontar el estrés, sistemas familiares poco colaboradores y circunstancias vitales estresantes. La negligencia ocurre a menudo en familias pobres que experimentan tensiones financieras y ambientales, sobre todo aquellas en las que los progenitores también sufren trastornos mentales (por lo general depresión, trastorno bipolar o esquizofrenia), consumo excesivo de fármacos o drogas recreativas o limitación de la capacidad intelectual. Los hijos de familias monoparentales pueden estar en riesgo de sufrir negligencia debido a que disponen de una renta más baja y tienen menos recursos disponibles.

Maltrato físico

El maltrato físico consiste en maltratar o lesionar al menor, infligiéndole un castigo físico excesivo. Los ejemplos específicos incluyen sacudir, dejar caer, golpear, morder y quemar (por ejemplo con un líquido caliente o por contacto con un cigarrillo encendido). Los niños de cualquier edad pueden sufrir maltrato físico, pero los lactantes y los niños muy pequeños (entre 1 y 3 años de edad) son particularmente vulnerables. Los lactantes y los niños muy pequeños (entre 1 y 3 años de edad) corren un riesgo especialmente elevado de sufrir episodios repetidos de maltrato debido a que no pueden hablar. Además, durante estos períodos, los niños suelen experimentar ciertos cambios de desarrollo que facilitan el hecho de que los cuidadores se sientan frustrados y pierdan el control de sus impulsos. Entre estos cambios de desarrollo se encuentran las rabietas, el control de esfínteres, los patrones de sueño inconsistentes y los cólicos.

El maltrato físico es la causa más frecuente de traumatismos craneales graves en menores. Las lesiones abdominales resultantes de maltrato físico son más comunes entre los niños pequeños que en los lactantes. Los malos tratos físicos (incluido el homicidio) se encuentran entre las diez causas principales de muerte en los menores. Generalmente, el riesgo de maltrato físico disminuye durante los primeros años de escolarización y aumenta de nuevo durante la adolescencia.

Los niños que nacen en un entorno de pobreza y/o de un progenitor joven y soltero son muy vulnerables a sufrir maltrato físico. El estrés familiar contribuye al maltrato físico. El estrés puede provenir del desempleo, de las mudanzas frecuentes, del aislamiento social de amigos o familiares o de la violencia familiar continua. Los niños difíciles (irritables, exigentes o hiperactivos) o con necesidades especiales (discapacidades intelectuales o físicas) son más propensos a recibir maltrato físico.

El maltrato físico se desencadena frecuentemente por una crisis que estalla en un ambiente de estrés. Esta crisis puede tener su origen en la pérdida de un trabajo, una muerte en la familia o un problema de disciplina. Los progenitores que consumen drogas recreativas o alcohol pueden comportarse de manera impulsiva e incontrolada con sus hijos. Los niños cuyos progenitores sufren problemas de salud mental corren un riesgo mayor de ser maltratados.

Los progenitores que fueron objeto de maltrato o de negligencia durante su infancia pueden ser inmaduros desde el punto de vista emocional o tener una baja autoestima. Pueden ver a sus hijos como una fuente de afecto ilimitado e incondicional y esperar de ellos el apoyo que nunca recibieron. Como resultado, pueden crear expectativas poco realistas sobre lo que les pueden ofrecer sus hijos y frustrarse fácilmente, tener poco control sobre sus impulsos y ser incapaces de dar lo que nunca recibieron.

A veces no se desarrollan lazos emocionales intensos entre padres e hijos. Esta falta de unión es más frecuente en el caso de bebés prematuros o enfermos que han estado separados de sus progenitores desde etapas muy tempranas de la infancia o en el caso de menores con quienes no existe una relación biológica (por ejemplo, hijastros); en estos casos, el riesgo de maltrato aumenta.

Abuso Sexual

Se considera abuso sexual cualquier acto con un menor que implique la gratificación sexual de un adulto o de un joven significativamente mayor (ver Pedofilia). Comprende:

  • Penetrar al menor por la vagina, el ano o la boca

  • Tocar al menor con intención sexual, pero sin penetración (abuso deshonesto)

  • Exponer los genitales por parte del agresor o mostrar pornografía a un menor

  • Forzar a un menor a participar en un acto sexual con otro menor

  • Usar a un menor en la producción de pornografía

El abuso sexual no incluye el juego sexual. En este, un menor ve o toca los genitales de otro menor de edad parecida sin que exista coerción o intimidación. Cuando se trata de determinar si una situación particular entre menores se debe considerar abuso sexual, es importante tener en cuenta las relaciones de poder, como la edad de los menores, la fuerza, el tamaño y el estatus de popularidad. Aunque no existen pautas firmes sobre cuál es la diferencia de edad entre los menores que distingue el abuso del juego, podríamos considerar, por ejemplo, que sería inapropiado que un menor de 12 años de edad mantenga relaciones sexuales con otro menor de 8 años de edad incluso aunque ambos estuvieran de acuerdo. Cuanto mayor es la diferencia de edad, mayor es también la diferencia en la madurez emocional e intelectual y en el estatus social entre el niño mayor y el niño más pequeño. Y, en algún momento, estas diferencias son tan grandes que no puede decirse legítimamente que el niño pequeño está "de acuerdo" con la actividad con un niño mayor.

Hacia la edad de 18 años, entre el 12 y el 25% de las niñas y entre el 8 y el 10% de los niños han sido objeto de abuso sexual. En la mayoría de los casos, los responsables de abuso sexual son personas conocidas por los menores, frecuentemente del propio entorno familiar: un padrastro, un tío o la pareja de la madre. El abuso sexual cometido por mujeres es menos frecuente.

Ciertas condiciones aumentan el riesgo de abuso sexual. Por ejemplo, los menores que reciben cuidados de varias personas o de un solo cuidador con varios compañeros sexuales están muy expuestos. La vulnerabilidad también aumenta con la marginación social, con el hecho de tener una baja autoestima o tener familiares próximos que también fueron víctimas de abuso sexual o pertenecieron a una banda.

Maltrato emocional

Utilizar palabras o acciones para maltratar psicológicamente al menor es un maltrato emocional. El maltrato emocional hace sentir a los menores que son despreciables, que tienen defectos, que no son amados, que son rechazados, que están en peligro o que solo son válidos cuando satisfacen las necesidades de otra persona.

El maltrato emocional comprende:

  • Regañar duramente gritando

  • Desdeñar las capacidades y los logros del menor

  • Alentar una conducta desviada o delictiva, como cometer delitos o abusar del alcohol o de las drogas

  • Intimidar, amenazar o asustar al menor

El maltrato emocional tiende a darse durante un periodo prolongado.

Maltrato infantil en un entorno médico

En este tipo de maltrato infantil menos frecuente (anteriormente llamado síndrome de Munchausen por poder y que ahora se llama trastorno facticio impuesto a otro), un cuidador trata de hacer que los médicos piensen que un niño sano está enfermo. El cuidador normalmente da información falsa acerca de los síntomas del niño, por ejemplo, indica que el niño ha estado vomitando o quejándose de dolor abdominal. Sin embargo, los cuidadores a veces también cometen acciones que provocan los síntomas, como, por ejemplo, administrar medicamentos al menor. A veces, los cuidadores hacen ver que el menor está enfermo añadiendo sangre u otras sustancias a muestras que se utilizan para pruebas de laboratorio.

Factores culturales

Las diferentes culturas tienen maneras distintas de disciplinar a los niños. Algunas culturas usan el castigo corporal, es decir, cualquier castigo que es físico y que ocasiona dolor. El castigo corporal severo, que incluye latigazos, quemaduras y escaldaduras, se considera maltrato físico. Sin embargo, cuando se trata de un grado menor de castigo corporal, como los manotazos en las nalgas (azotes en las nalgas), la línea entre la conducta socialmente aceptada y el maltrato es borrosa entre las diferentes culturas. Algunos expertos sugieren que el castigo corporal que se realiza con ira, para lastimar al menor o que da lugar a lesiones visibles no es legítimo en ninguna cultura.

Las prácticas médicas también varían entre las diferentes culturas. Algunas prácticas culturales (tales como la ablación genital femenina) son tan extremas que constituyen maltrato. Sin embargo, ciertos remedios populares (como la sanación con monedas o con ventosas calientes) a menudo provocan contusiones o quemaduras menores que pueden parecer consecuencia de un castigo corporal severo, pero que en realidad no lo son.

Los miembros de ciertos grupos religiosos y culturales a veces no consienten u omiten el tratamiento de un menor que sufre un trastorno potencialmente mortal (como la cetoacidosis diabética o la meningitis), lo que da lugar a la muerte del menor. Esta omisión del tratamiento se considera habitualmente negligencia independientemente de cuál sea la intención de los progenitores o los cuidadores. Cuando los menores están enfermizos o enfermos, el rechazo al tratamiento médico a menudo requiere una mayor investigación e incluso intervención legal. Además, en Estados Unidos, ciertas personas y grupos culturales se niegan cada vez más a vacunar a sus hijos porque están preocupados por la inocuidad de la vacunación o por motivos religiosos. No está claro si este rechazo a la vacunación es una negligencia en la atención médica.

Síntomas

Los síntomas de negligencia y maltrato varían en parte según la naturaleza y la duración de la negligencia o del maltrato del menor y las circunstancias particulares. Además de lesiones corporales manifiestas, los síntomas incluyen problemas emocionales y de salud mental. Tales problemas aparecen inmediatamente o más tarde y pueden persistir.

Negligencia física (abandono)

Los menores que son objeto de abandono físico pueden tener aspecto de estar mal alimentados, cansados o sucios, pueden carecer de ropa adecuada y pueden estar faltos de desarrollo. Faltan a la escuela con frecuencia. En casos extremos, pueden encontrarse viviendo solos o con hermanos, sin la supervisión de un adulto. Los niños sin supervisión pueden enfermarse o lesionarse. El desarrollo físico y emocional puede estar retrasado. En ciertos casos, los menores abandonados están raquíticos y mueren de hambre o de frío.

Maltrato físico

Los hematomas, las quemaduras, las lesiones, las mordeduras o los rasguños son algunos de los signos de maltrato físico. Estas marcas pueden tener la forma del objeto usado para golpear, como un cinturón, una lámpara o un cable eléctrico. La piel del menor puede tener marcas de las huellas dactilares o de la mano entera causadas por bofetadas, agarrones o sacudidas. Las quemaduras con cigarrillos o agua caliente pueden ser visibles en brazos y piernas o en otras partes del cuerpo. Los menores que han sido amordazados pueden tener engrosamiento de la piel o cicatrices en las comisuras de los labios. A los menores que han recibido tirones de pelo les pueden faltar mechones de pelo o pueden tener el cuero cabelludo inflamado. Pueden producirse también lesiones graves no visibles en la boca, los ojos, el cerebro u otros órganos internos. Sin embargo, los signos de maltrato físico son a menudo sutiles. Por ejemplo, pueden aparecer hematomas o puntos de color púrpura rojizo en la cara, en el cuello o en ambos. Los menores presentan a veces signos de lesiones antiguas, como fracturas, que ya han empezado a curarse. A veces las lesiones causan desfiguración.

Los bebés que han sido echados en agua caliente de forma intencionada (por ejemplo en una bañera caliente) pueden presentar escaldaduras. Estas quemaduras pueden localizarse en las nalgas y tienen forma de círculo. Las quemaduras no se ven en la piel que no ha entrado en el agua o que se ha presionado contra el fondo de la bañera, más frío. La salpicadura de agua caliente puede causar pequeñas quemaduras en otras partes del cuerpo.

Los bebés pueden sufrir una lesión cerebral como resultado de lo que actualmente se denomina traumatismo craneal por maltrato (TCM). El TCM esta provocado por sacudir y/o golpear violentamente la cabeza del niño contra un objeto firme. El término traumatismo craneal por maltrato ha sustituido el término "síndrome del bebé zarandeado" porque puede consistir en más que un zarandeo o sacudida. Los lactantes con traumatismo craneal por maltrato (TCM) pueden estar nerviosos o con vómitos o bien puede que no presenten signos visibles de lesión y den la impresión de estar durmiendo con un sueño profundo. Esta somnolencia se debe al daño cerebral y a la hinchazón, que puede ser el resultado de una hemorragia entre el cerebro y el cráneo (hemorragia subdural). Los lactantes pueden sufrir también hemorragia retiniana, en la parte posterior del ojo. También pueden tener rotas las costillas u otros huesos.

Los niños que han sufrido maltrato durante mucho tiempo pueden aparecer temerosos e irritables. Con frecuencia duermen mal. Están deprimidos y ansiosos y presentan síntomas de estrés postraumático. Son mucho más propensos a actuar de forma violenta o suicida.

Abuso Sexual

Los cambios en el comportamiento son signos frecuentes de abuso sexual. Estos cambios pueden producirse bruscamente y ser extremos. Los menores se vuelven agresivos, se fugan o desarrollan fobias o trastornos del sueño. Los menores que son objeto de abuso sexual pueden mostrar un comportamiento sexual, como tocarse a sí mismos en exceso o tocar a otros de forma no apropiada. Los que sufren abusos sexuales por parte de un progenitor u otro miembro de la familia tienen sentimientos conflictivos. Se sienten emocionalmente unidos al agresor, aunque traicionados.

El abuso sexual también provoca lesiones corporales. Los menores presentan en ocasiones hematomas, desgarros o hemorragias en las zonas que rodean los genitales, el ano o la boca. Al principio, las lesiones en las zonas de los genitales y el recto hacen difícil caminar y sentarse. Las niñas pueden presentar secreción vaginal, sangrado o escozor. Pueden también presentarse enfermedades de transmisión sexual, como gonorrea, clamidiasis, infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) u otras infecciones. Se puede producir embarazo.

Maltrato y negligencia emocionales

En general, los menores que sufren malos tratos emocionales tienden a ser inseguros y ansiosos acerca de su relación con los demás porque sus necesidades no han sido satisfechas de forma consistente o previsible. Existen otros síntomas que varían según el modo en que ha sido maltratado emocionalmente el menor. Los menores pueden tener una baja autoestima. Los menores aterrorizados o amenazados pueden parecen temerosos y retraídos. Pueder ser inseguros, desconfiados, poco expresivos y estar extremadamente ansiosos por complacer a los adultos. Pueden acercarse inapropiadamente a personas extrañas. Los menores a los que no se les permite interaccionar con los demás se muestran torpes en ciertas situaciones sociales y tienen dificultades para establecer relaciones normales. En otors casos pueden cometer delitos o abusar del alcohol o de las drogas. Es posible que los niños más mayores no asistan a la escuela regularmente, no obtengan buenos resultados cuando asisten o tengan dificultades para establecer relaciones con los maestros y compañeros.

Los lactantes que han sido privados de cariño no se desarrollan bien y pueden parecer impasibles o indiferentes ante lo que les rodea. Su comportamiento puede confundirse con una discapacidad intelectual o un trastorno orgánico. A los menores abandonados emocionalmente les faltan habilidades sociales o son lentos en el desarrollo de habilidades del habla y del lenguaje.

¿Sabías que...?

  • La mayoría de las víctimas de abuso sexual conocen a su agresor.

Diagnóstico

  • Exploración médica

  • Fotografías de las heridas o lesiones

  • Para el maltrato físico, pruebas de diagnóstico por la imagen y, a veces, radiografías

  • Para el abuso sexual, análisis para descartar infecciones y, a veces, recogida de muestras de fluídos corporales, pelo y otros materiales como pruebas del delito

El abandono (la negligencia) y el maltrato suelen ser difíciles de reconocer, a menos que los menores tengan aspecto de estar gravemente desnutridos o presenten lesiones evidentes, o que otras personas sean testigos del abandono y el maltrato. El abandono y el maltrato pueden no ser reconocidos durante años. Hay muchas razones por las cuales la negligencia y el maltrato pasan desapercibidos. Los menores que sufren malos tratos pueden sentir que el maltrato es parte normal de la vida y no hablan de ello. Los menores que sufren abusos físicos y sexuales a menudo son reacios a proporcionar voluntariamente esta información por sentir vergüenza, por miedo a las represalias o, incluso, por la sensación de haber merecido el maltrato. Los menores que han sido objeto de malos tratos físicos y que son capaces de hablar, suelen identificar a su agresor y describen lo que les ha sucedido si se les pregunta directamente. Sin embargo, los menores que han sido objeto de abuso sexual pueden haber jurado guardar el secreto o estar tan traumatizados que no son capaces de hablar sobre el abuso e incluso pueden negarlo cuando se les pregunta especificamente por ello.

Cuando los médicos sospechan abandono o cualquier tipo de maltrato, buscan signos de otros tipos de maltrato. También realizan una evalución completa de las necesidades físicas, ambientales, emocionales y sociales del menor. Los médicos observan las interacciones entre el menor y sus cuidadores siempre que sea posible. Los médicos documentan el historial médico del menor anotando citas exactas y tomando fotos de cualquier lesión.

Negligencia y maltrato emocional

Los profesionales de la salud pueden identificar los casos de negligencia durante la valoración de un problema no relacionado, como una lesión, una enfermedad o un problema de comportamiento. Los médicos pueden notar que un menor no se desarrolla física o emocionalmente con normalidad o que ha faltado a muchas citas médicas o sesiones de vacunación. Los maestros y los trabajadores sociales son a menudo los primeros en percatarse de la situación de abandono. Los maestros pueden darse cuenta de la negligencia hacia el menor por las ausencias frecuentes e injustificadas de la escuela.

El maltrato emocional se suele identificar al evaluar otro problema, como un escaso rendimiento en la escuela o un problema de comportamiento. Los menores que sufren abusos emocionales son examinados en busca de signos de maltrato físico y abuso sexual.

Maltrato físico

Se sospecha de maltrato físico si el bebé que aún no camina presenta hematomas, lesiones importantes o lesiones menores en la cara. Los bebés que están inusualmente somnolientos o letárgicos son evaluados para descartar una lesión cerebral. Puede sospecharse de maltrato en niños pequeños cuando presentan ciertos tipos de hematomas, como en la parte posterior de las piernas, las nalgas y la espalda. Cuando los niños están aprendiendo a caminar, los hematomas o magulladuras son frecuentes, pero se suelen encontrar en zonas óseas prominentes de la parte delantera del cuerpo, como las rodillas, las espinillas, el mentón y la frente.

También se sospecha de maltrato cuando los padres parecen saber muy poco sobre la salud del niño, cuando no parecen preocuparse por lesiones manifiestas o cuando parecen preocuparse en exceso por una lesión evidente. Los padres maltratadores son reacios a describir al médico o a los amigos cómo ocurrió la lesión. La descripción no es adecuada a la edad y la naturaleza de la lesión o se proporcionan distintas versiones cada vez que se cuenta la historia. Los progenitores maltratadores pueden no buscar tratamiento inmediato para la lesión del menor.

Si los médicos sospechan de maltrato físico, generalmente toman fotografías de las lesiones. Los médicos pueden indicar una prueba de imagen del cerebro (una tomografía computarizada [TC] o una resonancia megnética nuclear [RMN]). A veces se toman radiografías para detectar signos de lesiones anteriores. A menudo, si el niño es menor de 3 años, se toman radiografías de todos los huesos para comprobar la presencia de fracturas.

Abuso sexual

A menudo, el abuso sexual se diagnostica sobre la base del relato del incidente por parte del menor o de un testigo. Sin embargo, dado que muchos menores son reacios a hablar del abuso sexual, nace la sospecha solo cuando el menor comienza a comportarse de una forma anormal. Los médicos habitualmente sospechan la existencia de abuso sexual si un niño pequeño presenta una enfermedad de transmisión sexual.

Si el menor ha sido objeto de abusos sexuales dentro de las 96 horas previas a la llegada al centro médico, el médico lo examina para recoger una prueba legal de contacto sexual, por ejemplo tomando un frotis de líquidos corporales y de superficies cutáneas. Este examen es similar en algunos aspectos al examen de violación que se hace a las víctimas adultas de asalto sexual y, por lo general, consiste en lo que se conoce como un kit de violación. Se toman fotografías de cualquier lesión visible. En algunas comunidades, este examen lo llevan a cabo profesionales de la salud especialmente entrenados para valorar el abuso sexual en menores. Por regla general, los médicos también realizan análisis para descartar enfermedades de transmisión sexual y, en su caso, para descartar el embarazo.

Prevención

La mejor manera de prevenir el maltrato y las situaciones de negligencia en menores es detenerlos antes de que comiencen. Los programas que proporcionan apoyo a los progenitores y que enseñan habilidades parentales positivas son muy importantes y necesarios. Los progenitores pueden aprender a comunicarse de manera positiva, a impartir disciplina de forma adecuada y a responder a las necesidades físicas y emocionales de sus hijos. Los programas para prevenir el maltrato y el abandono de menores también contribuyen a mejorar las relaciones entre progenitores e hijos y a ofrecer apoyo social a los progenitores.

Estos programas de apoyo para los progenitores se pueden seguir en el propio hogar, en las escuelas, en clínicas médicas o de salud mental o en otros centros de la comunidad. Los programas pueden incluir sesiones individuales o sesiones en grupo.

Tratamiento

  • Tratamiento de las lesiones

  • Medidas para garantizar la seguridad del menor, que a veces incluyen la salida de su domicilio

Todas las lesiones físicas y los trastornos deben recibir tratamiento. Algunos menores son hospitalizados para tratar las lesiones, la desnutrición grave u otros trastornos. Algunas lesiones graves necesitan cirugía. Los lactantes que pueden tener traumatismos craneales por maltrato suelen ser ingresados en el hospital. A veces, menores con buena salud son hospitalizados para protegerlos de potenciales malos tratos hasta haber logrado encontrarles un hogar adecuado. El maltrato físico, sobre todo los traumatismos craneales, pueden tener efectos a largo plazo sobre el desarrollo. Todos los niños con traumatismo craneal deben ser evaluados, ya que pueden necesitar servicios de intervención temprana, como logopedia y terapia ocupacional.

A algunos menores que han sufrido abusos sexuales se les administran fármacos para prevenir las enfermedades de transmisión sexual (ETS), incluso, a veces, la infección por VIH. Cuando se sospecha maltrato a un menor, se le debe ayudar de inmediato. Los menores que sufren abusos sexuales, incluso los que parecen inicialmente no estar afectados, son remitidos a un profesional de la salud mental, ya que son muy frecuentes los problemas a largo plazo. A menudo es necesario el asesoramiento psicológico a largo plazo. En caso de presentarse problemas emocionales o de comportamiento, los médicos remiten a los menores con otros tipos de maltrato a un asesoramiento psicológico.

Seguridad inmediata del niño

Los médicos y el personal de enfermería están obligados por ley a denunciar de inmediato ante un servicio de protección de menores aquellos casos en los que se sospeche abandono o maltrato infantil. Los profesionales de la salud deben comunicar a los padres, aunque no están obligados a hacerlo, que se ha realizado una denuncia de acuerdo con la legislación y que una persona autorizada se pondrá en contacto con ellos, les entrevistará y probablemente les visitará en su domicilio. Dependiendo de las circunstancias y la normativa, también se debe informar a las autoridades legales municipales. Aquellas personas que, en razón de su trabajo, tienen a su cargo a niños y adolescentes menores de 18 años de edad, también deben informar de inmediato cuando tengan sospecha o constancia de que se está produciendo un caso de abandono o maltrato de menores. Entre estas personas se encuentran maestros, profesionales del cuidado infantil, personal de los servicios de acogida, policía y personal de servicios legales. También se insta a cualquier otra persona que conozca o sospeche de un caso de abandono o maltrato a informar de este, aunque no está obligada a hacerlo. Cualquier persona que haga una denuncia de maltrato basado en causa razonable y de buena fe no puede ser arrestada o demandada por su acción. Se puede denunciar maltrato u obtener ayuda contactando con National Child Abuse Hotline (Línea directa nacional para ayuda a menores maltratados) en el número 1-800-4-A-CHILD (1-800-422-4453).

Las denuncias de maltrato a menores se estudian para detectar la necesidad de una mayor investigación. Todas las denuncias que requieren más investigación son investigadas por representantes del organismo municipal de los servicios de protección de menores, que determinan los hechos y emiten recomendaciones. Los representantes de este organismo pueden recomendar la intervención de los servicios sociales (para el menor y sus familiares), la hospitalización temporal para la protección del menor o la reubicación temporal del menor en casa de familiares o en un hogar de acogida. Los médicos y los trabajadores sociales ayudan a los representantes de los organismos municipales de los servicios de protección de menores a decidir lo que se debe hacer basándose en las necesidades médicas inmediatas del menor, la gravedad de las lesiones y la probabilidad de que siga produciéndose abandono o maltrato.

Cuidados de seguimiento

Un equipo formado por médicos, otros profesionales de la salud y trabajadores sociales trata las causas y los efectos del abandono y el maltrato. Este equipo trabaja conjuntamente con el sistema legal para coordinar los cuidados al menor. El equipo ayuda a los familiares a comprender las necesidades del niño y a acceder a recursos locales. Por ejemplo, se puede solicitar asistencia médica pública y gratuita para un menor cuyos padres no pueden pagar determinados servicios de atención sanitaria. Otros programas municipales y gubernamentales pueden proporcionar asistencia con alimentos y vivienda. Los padres que abusan de sustancias tóxicas o que sufren trastornos mentales pueden incorporarse a programas específicos de tratamiento. En algunas zonas se dispone de programas de orientación parental y grupos de apoyo. Puede ser necesario el contacto periódico o continuo entre la familia y un trabajador social.

Salida del menor de su domicilio

El objetivo principal de los servicios de protección al menor es devolver a los menores a un ambiente familiar seguro y saludable. Dependiendo de la naturaleza del maltrato y de otros factores, los menores pueden volver a su hogar con sus familiares o ser alejados de su hogar y ubicados en casa de familiares o en un hogar de acogida temporal, donde los cuidadores pueden proteger al menor de maltratos posteriores. Esta situación suele ser temporal, por ejemplo hasta que los padres consigan albergue o un trabajo o hasta que puedan establecerse las visitas domiciliarias regulares de un trabajador social para el seguimiento. Por desgracia, las recurrencias de la negligencia y/o del maltrato son frecuentes. En casos graves de abandono o de maltrato o abuso, se puede considerar la salida permanente del menor del domicilio familiar o puede interrumpirse de forma permanente la patria potestad. En tales casos, el menor permanece en un hogar de acogida hasta que sea adoptado o llegue a la mayoría de edad. En ocasiones, los menores vuelven a sufrir maltratos durante la acogida temporal.

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