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Rabietas

Por Stephen Brian Sulkes, MD, Professor of Pediatrics, Division of Neurodevelopmental and Behavioral Pediatrics, Golisano Children’s Hospital at Strong, University of Rochester School of Medicine and Dentistry

Las rabietas son arrebatos emocionales violentos, por lo general en respuesta a la frustración.

  • La frustración, el cansancio y el hambre son las causas más frecuentes de las rabietas.

  • Durante estas, es posible que los niños griten, den golpes, se tiren por el suelo, tiren cosas y pataleen.

  • Si la rabieta no se interrumpe distrayendo al niño, hay que sacarle de esa situación.

Las rabietas son frecuentes en la infancia. Suelen aparecer hacia el final del primer año de vida, más a menudo entre los 2 y los 4 años y suelen ser muy poco frecuentes después de los 5 años. Si las rabietas siguen siendo frecuentes después de los 5 años, es probable que persistan durante toda la infancia.

Las causas incluyen frustración, cansancio y hambre. Los niños también tienen rabietas para llamar la atención o para manipular a los padres con el fin de conseguir algo, o para evitar hacer alguna cosa. A menudo los padres se sienten culpables (debido a un prejuicio de paternidad deficiente), pese a que la causa real suele ser una combinación de la personalidad del niño, las circunstancias del entorno y la conducta propia de su fase de desarrollo. Es poco frecuente que la causa sea un problema físico, mental o social subyacente, pero esto es más probable si la rabieta dura más de 15 minutos o si las rabietas se repiten muchas veces al día.

El niño que tiene una rabieta grita, gime, llora, se agita, se tira al suelo, patalea y arroja objetos. Algunos de los comportamientos son similares a la ira y potencialmente nocivos. El niño enrojece y golpea o da patadas. Algunos niños contienen la respiración de forma voluntaria durante unos segundos y recuperan luego la respiración normal (a diferencia de los espasmos del llanto, que también pueden aparecer después de las rabietas o de las crisis de llanto provocadas por frustración, ver Espasmos del llanto o del sollozo).

Aunque proporcionar a los niños el lugar adecuado y la oportunidad de recuperarse (un tiempo muerto) suele dar resultado, muchos niños tienen dificultades para detener las rabietas por sí mismos. En la mayoría de los casos, interesarse por la causa de la rabieta solo consigue prolongarla. Por lo tanto, es preferible distraer a los niños, proporcionándoles una actividad alternativa en la que puedan centrarse. Es beneficioso para el niño alejarlo físicamente de la situación en la que se ha producido la rabieta.

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