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Anemia en el recién nacido

Por Arthur E. Kopelman, MD, The Brody School of Medicine at East Carolina University

La anemia es un trastorno en el que la cantidad de glóbulos rojos (eritrocitos) en la sangre es demasiado baja.

  • La anemia puede ser causada por una rápida descomposición de glóbulos rojos, una gran pérdida de sangre o porque la médula ósea no produce suficientes eritrocitos.

  • Si los glóbulos rojos (eritrocitos) se descomponen con una rapidez excesiva, los niveles de bilirrubina aumentan y la piel y el blanco del ojo del recién nacido se vuelven amarillos (ictericia).

  • Si se pierde muy rápidamente una gran cantidad de sangre, el recién nacido puede entrar en choque (shock), tener un aspecto pálido, frecuencia cardíaca acelerada e hipotensión arterial; además, respira de forma rápida y superficial.

  • Si la pérdida de sangre es menos grave o tiene lugar de forma gradual, el recién nacido no parece enfermo excepto por la palidez.

  • El tratamiento requiere administración de líquidos por vía intravenosa, seguida de transfusión de sangre o exanguinotransfusión.

Normalmente, la médula ósea no produce nuevos glóbulos rojos entre el nacimiento y las 3 o 4 semanas de edad, lo que causa un lento descenso en el número de glóbulos rojos (denominado anemia fisiológica) durante los 2 o 3 primeros meses de vida. En los recién nacidos muy prematuros el descenso en el número de glóbulos rojos (eritrocitos) es ligeramente mayor. Puede producirse una anemia más grave cuando:

  • Los glóbulos rojos se degradan demasiado rápidamente

  • Se extrae demasiada sangre de un bebé pretérmino para el análisis de sangre

  • Se pierde demasiada sangre durante los trabajos de parto o el parto

  • La médula ósea no produce glóbulos rojos

Pueden ocurrir varios de estos procesos a la vez.

La descomposición grave de glóbulos rojos provoca anemia y niveles elevados de bilirrubina (hiperbilirrubinemia). Una enfermedad hemolítica en el recién nacido puede causarle una rápida destrucción de glóbulos rojos (eritrocitos), que también se destruyen rápidamente si el recién nacido sufre una anomalía hereditaria de los eritrocitos. Un ejemplo es la esferocitosis hereditaria, en la cual los glóbulos rojos se ven al microscopio como pequeñas esferas. Otro ejemplo raro ocurre en algunos bebés a los que les falta una enzima específica de los glóbulos rojos (glucosa-6-fosfato-deshidrogenasa [G6PD]). En estos niños, la exposición de la madre y el feto a determinados fármacos usados durante el embarazo (como tintes de anilina, fármacos sulfamidas y otros muchos) provoca una rápida descomposición de los glóbulos rojos (eritrocitos).

Las infecciones adquiridas antes del nacimiento, como la toxoplasmosis, la rubéola, la infección por el citomegalovirus, la infección por el herpes simple o la sífilis también pueden destruir los glóbulos rojos (eritrocitos) con rapidez, como pueden hacerlo también las infecciones bacterianas del recién nacido adquiridas durante o después del nacimiento.

Otra causa de anemia es la pérdida de sangre, que puede producirse de varias formas. Por ejemplo, se pierde sangre si hay una gran transfusión de la sangre fetal a través de la placenta (el órgano que conecta el feto al útero y suministra nutrición al feto) hacia el sistema circulatorio de la madre (transfusión feto-madre) o si queda atrapada demasiada sangre en la placenta en el momento del parto, cuando se pone al recién nacido sobre el abdomen de la madre estando sujeto al cordón umbilical. Las transfusiones de gemelo a gemelo, en las que la sangre fluye de un feto al otro, pueden producir anemia en un gemelo y demasiada sangre (policitemia) en el otro. La placenta puede desprenderse de la pared uterina antes del parto (desprendimiento de placenta) y provocar una hemorragia de la sangre fetal.

En raras ocasiones, la anemia se debe a la incapacidad de la médula ósea fetal de producir nuevos glóbulos rojos (eritrocitos). Ejemplos de esta falta de producción incluyen trastornos genéticos poco frecuentes como la anemia de Fanconi y la anemia de Diamond-Blackfan. Algunas infecciones (como infección por citomegalovirus, sífilis y VIH) también impiden que la médula ósea produzca glóbulos rojos.

Síntomas y diagnóstico

La mayoría de los bebés con anemia leve o moderada no presentan síntomas. La anemia moderada puede provocar apatía (letargo), y déficits de alimentación, o bien no provocar ningún síntoma. Los recién nacidos que han perdido de repente una gran cantidad de sangre durante el trabajo de parto o en el parto entran en choque (shock), están pálidos y tienen una frecuencia cardíaca acelerada y la presión arterial baja, junto con una respiración rápida y superficial. Cuando la anemia es la consecuencia de una rápida degradación de glóbulos rojos (eritrocitos), existe también un aumento de producción de bilirrubina y la piel y el blanco del ojo del recién nacido adquieren un color amarillo (ictericia). El diagnóstico se basa en los síntomas y se confirma con análisis de sangre.

Tratamiento

En la mayoría de los bebés, la anemia es leve y no requiere tratamiento.

Los recién nacidos que han perdido rápidamente grandes cantidades de sangre, a menudo durante las contracciones y en el parto, se tratan con líquidos intravenosos seguidos de una transfusión sanguínea. Una anemia muy grave causada por una enfermedad hemolítica también puede requerir una transfusión sanguínea, pero la anemia se trata de forma habitual mediante una exanguinotransfusión, que reduce el nivel de bilirrubina al tiempo que aumenta el número de glóbulos rojos (eritrocitos). En una exanguinotransfusión, se extrae gradualmente (de jeringa en jeringa) una pequeña cantidad de sangre del recién nacido y se reemplaza con volúmenes equivalentes de sangre fresca de donante.

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