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Problemas de comportamiento en los adolescentes

Por Sharon Levy, MD, MPH, Harvard Medical School;Children's Hospital, Boston

La adolescencia es el momento en que se desarrolla la independencia. Por regla general, los adolescentes ejercitan su independencia poniendo en duda (y a veces quebrantando) las normas. Los padres y los médicos han de diferenciar los errores de juicio esporádicos de una mala conducta que requiere tratamiento profesional. La gravedad y la frecuencia de las infracciones son indicios. Por ejemplo, beber con regularidad, estar involucrado a menudo en peleas, hacer novillos reiteradamente y los hurtos son mucho más significativos que los episodios aislados de estas mismas faltas. Otros signos de alarma son el empeoramiento del rendimiento escolar y las fugas del hogar. Son motivo de especial preocupación los adolescentes que causan lesiones graves a otros o que usan armas en una pelea.

Los niños participan ocasionalmente en enfrentamientos de tipo físico. La frecuencia y la gravedad de las interacciones violentas pueden aumentar durante la adolescencia. Aunque se habla mucho de los episodios de violencia en la escuela, es mucho más probable que sea en casa y fuera de la escuela donde los adolescentes participan en episodios violentos (o más a menudo en amenazas de violencia). Muchos factores contribuyen a incrementar el riesgo de violencia entre los adolescentes:

  • Pandillas y bandas

  • Acceso a armas de fuego o de otro tipo

  • Consumo de sustancias o drogas

  • Pobreza

Hay pocas pruebas que sugieran la relación entre la violencia y defectos genéticos o anomalías cromosómicas.

Dado que los adolescentes son más independientes y volubles que cuando eran niños, frecuentemente quedan fuera del control físico directo de los adultos. En estas circunstancias, el comportamiento de los adolescentes está determinado por su propio código de moral y de conducta. Los padres actúan como guías en las acciones de los adolescentes, en lugar de controlarlas directamente. Los adolescentes que sienten afecto y apoyo por parte de sus padres son menos propensos a mantener comportamientos temerarios. Además, los adolescentes cuyos padres les transmiten expectativas claras relativas al comportamiento infantil y muestran los límites de forma consistente y los supervisan, tienen menos probabilidades de que sus hijos adolescentes sigan conductas arriesgadas. El estilo parental basado en la confianza favorece que los niños participen en la configuración de expectativas y el establecimiento de reglas familiares. Este estilo parental, en oposición a los padres autoritarios o permisivos, favorece la aparición de comportamientos maduros.

Por lo general, cuando la intervención parental se basa en la autoridad, los padres utilizan un sistema de concesiones gradual, en el que al principio se dan a los adolescentes pequeñas parcelas de responsabilidad y libertad (como cuidar de una mascota, hacer labores domésticas, seleccionar su ropa o decorar su cuarto). Si los adolescentes manejan esta responsabilidad de forma apropiada durante un periodo de tiempo, se les conceden más responsabilidades y más privilegios (como por ejemplo salir con amigos sin supervisión paterna o conducir). En cambio, una actuación poco juiciosa o irresponsable conlleva la pérdida de concesiones. Cada nueva concesión requiere una vigilancia estrecha por parte de los padres para asegurarse de que los adolescentes cumplen con las reglas previamente pactadas.

Algunos padres y sus hijos adolescentes se enfrentan por casi todo. En estas situaciones, el punto central es el control. Los adolescentes quieren sentir que tienen el control de su vida y los padres quieren que los adolescentes sepan que siguen poniendo las reglas. En estas situaciones, todos se benefician de que los padres seleccionen los frentes concentrando sus esfuerzos en las acciones de los adolescentes (como asistir a la escuela y cumplir con las tareas domésticas) más que en sus manifestaciones (como su atuendo, su peinado o su entretenimiento preferido).

Los adolescentes con comportamiento peligroso o de todo punto inaceptable, a pesar de los mejores esfuerzos de sus padres, requieren ayuda profesional. El consumo de sustancias o drogas es un desencadenante frecuente de los problemas de comportamiento y supone trastornos que requieren un tratamiento específico. Los problemas de comportamiento también pueden ser un síntoma de trastornos de aprendizaje, depresión u otros trastornos mentales. Estos trastornos suelen requerir asesoramiento y los trastornos de la salud mental a menudo también requieren tratamiento con medicamentos. Si los padres no consiguen reorientar la conducta peligrosa de un adolescente pueden solicitar ayuda profesional o, según la práctica y usos de cada país, la designación legal de un tutor u orientador que contribuya al refuerzo de unas reglas domésticas razonables.

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