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Masas cervicales (bultos en el cuello) en niños

Por Udayan K. Shah, MD, Professor;Chief, Division of Otolaryngology, Sidney Kimmel Medical College at Thomas Jefferson University;Nemours/A.I. duPont Hospital for Children

Las masas cervicales (bultos en el cuello) son protuberancias que alteran la forma del cuello.

Los bultos en el cuello son extremadamente frecuentes entre los niños. La causa más habitual es la presencia de uno o más ganglios linfáticos hipertrofiados (ver Bultos en el cuello). Un ganglio linfático puede aumentar de tamaño (hipertrofiarse) por las siguientes razones:

Algunas veces los bultos en el cuello tienen su origen en un quiste (un saco lleno de líquido) que ha estado presente desde el nacimiento pero que se aprecia solo después de empezar a hincharse o infectarse. Los bultos en el cuello también son resultado de hinchazón por traumatismos en el cuello, inflamación de las glándulas salivales o tumores no cancerosos (benignos). Con escasa frecuencia, la causa es un linfoma (ver Introducción a los linfomas), un tumor tiroideo u otros tumores cancerosos (malignos).

La mayoría de los bultos en el cuello no causan síntomas y preocupan más a los padres que a los niños afectados. Sin embargo, los ganglios linfáticos o quistes infectados son dolorosos a la palpación y pueden provocar fiebre.

Diagnóstico y tratamiento

Dado que muchos bultos en el cuello tienen su origen en infecciones víricas y desaparecen sin tratamiento, la realización de pruebas no suele ser necesaria, a no ser que un bulto persista durante varias semanas. Sin embargo, el médico toma una muestra de la parte posterior de la garganta para evaluar la presencia de una infección bacteriana o solicita un análisis de sangre para descartar enfermedades tales como mononucleosis infecciosa, leucemia, hipertiroidismo o problemas hemorrágicos. El médico también solicita a veces radiografías torácicas y una tomografía computarizada (TC, ver Tomografía computarizada (TC)) o una resonancia magnética nuclear (RMN, ver Resonancia magnética nuclear (RMN)) de la cabeza y el cuello para saber si el bulto es un tumor o un quiste y determinar con mayor precisión su tamaño y extensión. Se puede hacer una ecografía para determinar si una masa en el cuello es un quiste. Una prueba cutánea ayuda a descartar la tuberculosis, y la biopsia permite descartar o confirmar si se trata de un tumor canceroso. Puede realizarse un escáner y otros análisis que permitan determinar el funcionamiento de la glándula tiroidea. Pueden ser necesarias otras pruebas, como el uso de un tubo de visualización para examinar la nariz, la garganta y la laringe (lo que se denomina nasofaringolaringoscopia); los pulmones (broncoscopia) o el esófago (esofagoscopia).

El tratamiento depende de la causa. Los antibióticos son eficaces para los ganglios linfáticos infectados y otras infecciones bacterianas. Si los antibióticos no son eficaces, puede ser necesaria una intervención quirúrgica. Los bultos causados por infecciones víricas y la hinchazón debida a traumatismos desaparecen gradualmente con el tiempo. Los tumores y los quistes suelen necesitar cirugía.