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Gastroenteritis en niños

Por William J. Cochran, MD, Geisinger Clinic, Danville, PA

La gastroenteritis es la inflamación del tubo digestivo, que se manifiesta mediante vómitos, diarrea o ambos y a veces se acompaña de fiebre o cólicos.

Para gastroenteritis en adultos, ver Gastroenteritis.

  • La gastroenteritis está causada normalmente por una infección vírica, bacteriana o parasitaria.

  • La infección produce una combinación de vómitos, diarrea, cólicos, fiebre e inapetencia, que deriva en deshidratación.

  • Los síntomas del niño y los antecedentes de exposición ayudan al médico a confirmar el diagnóstico.

  • La gastroenteritis se evita animando a los niños a lavarse las manos y enseñándoles a evitar alimentos en mal estado de conservación.

  • Se les proporciona líquidos y soluciones de rehidratación, pero a veces los niños necesitan atención médica.

La gastroenteritis, a veces denominada incorrectamente «gripe estomacal», es el trastorno digestivo más frecuente en niños (ver Introducción a la gastroenteritis). La gastroenteritis grave provoca deshidratación y un desequilibrio del contenido químico de la sangre (electrólitos) debido a la pérdida de líquidos corporales por el vómito y las heces.

Cada año se producen cerca de 5000 millones de casos, la mayoría en países en desarrollo y entre los niños menores de 5 años de edad. En los países en desarrollo, donde los niños son más vulnerables y no es tan fácil el acceso a la atención sanitaria, fallecen cerca de 1,5 millones de niños cada año por la diarrea causada por gastroenteritis. En países desarrollados, donde los niños están bien alimentados y tienen acceso a una excelente atención sanitaria (y lo que es más importante, tienen acceso a la hidratación intravenosa siempre que es necesaria), la gastroenteritis produce molestias e incapacidad pero no es persistente y solo rara vez tiene consecuencias graves. En países desarrollados, cerca del 2% de los niños va a requerir hospitalización en algún momento a causa de gastroenteritis grave y deshidratación. En Estados Unidos, la gastroenteritis grave provoca cerca de 200 000 hospitalizaciones y de 3 a 5 millones de consultas ambulatorias. De los 25 a 35 millones de episodios que ocurren cada año en Estados Unidos, solo entre 300 y 400 tienen como resultado la muerte.

Causas

Los virus (como el rotavirus) son la causa más frecuente de gastroenteritis. Los niños, por lo general, contraen la gastroenteritis vírica por contagio de otros niños que la han tenido o que han estado expuestos a ella, como en guarderías, escuelas y otros lugares concurridos. La gastroenteritis vírica generalmente se propaga de la mano a la boca, pero también puede propagarse al estornudar y al escupir. Se propaga de manera particularmente fácil entre los niños por la forma en que juegan, poniendo las manos y los dedos en su boca y luego tocando los juguetes y tocándose unos a otros.

Las bacterias (como Escherichia coli [E. coli], Salmonella, o Shigella) y los parásitos (como Giardia) también causan gastroenteritis. Los niños contraen la gastroenteritis bacteriana tocando o comiendo alimentos contaminados, particularmente carnes o huevos crudos o poco cocinados, bebiendo leche o zumos no pasteurizados y tocando animales que transportan determinadas bacterias. Por ejemplo, los niños pueden contraer Salmonella al tocar reptiles (tortugas o lagartijas), aves o anfibios (ranas o salamandras) y rara vez pueden contraer E. coli al tocar animales en zoológicos de animales dóciles. Las bacterias proliferan en muchos tipos de alimentos que no se han conservado en condiciones de refrigeración adecuadas (son situaciones potencialmente problemáticas los bufés y los picnics). Cuando la bacteria estafilococo (Staphylococcus) contamina un alimento, secreta una toxina que produce vómitos y diarrea repentinos. La gastroenteritis contraída por el consumo de alimentos contaminados por microorganismos o toxinas bacterianas se denomina a veces intoxicación alimentaria (ver Intoxicación alimentaria por sustancias químicas). En algunos casos, las bacterias las transmiten perros o gatos con diarrea. Los niños pueden contraer gastroenteritis bacteriana o parasitaria por comer mariscos; tragar agua contaminada, como la de los pozos, arroyos y piscinas; y al viajar por países en vías de desarrollo.

A veces, la gastroenteritis se produce cuando los niños comen cosas que no deben, como plantas y fármacos. En muy pocas ocasiones la gastroenteritis se produce por un trastorno alérgico (gastroenteritis eosinofílica).

Síntomas y diagnóstico

Los síntomas suelen ser una combinación de vómito, diarrea, cólicos, fiebre e inapetencia. En general, el vómito predomina al principio de la enfermedad, sobre todo cuando la causa es vírica. La diarrea se vuelve más prominente después, pero algunos niños tienen vómitos y diarrea al mismo tiempo. Cuando la causa es vírica, la diarrea acuosa es el síntoma principal. Cuando la causa son ciertas bacterias, las heces son sanguinolentas. Finalmente, estos síntomas disminuyen en los niños que toman suficientes líquidos. La complicación más frecuente de la gastroenteritis grave es la deshidratación (ver Deshidratación en niños), que se produce por la pérdida de líquidos a través de los vómitos y las heces. Los niños con deshidratación leve tienen sed, pero los gravemente deshidratados están apáticos, irritables o adormilados (aletargados). Los lactantes son mucho más propensos que los niños mayores a deshidratarse y desarrollar complicaciones graves. Los lactantes deshidratados no producen lágrimas cuando lloran y producen menor cantidad de orina. Sin embargo, puede ser difícil estimar la diuresis en los niños que usan pañales y que están teniendo evacuaciones acuosas frecuentes. Es más fácil identificar la disminución de la diuresis y la sed excesiva en los niños mayores.

El médico basa el diagnóstico de gastroenteritis en los síntomas del niño y en las respuestas de los padres a las preguntas sobre los agentes causantes a los que el niño ha estado expuesto. Por lo general, no se requieren pruebas diagnósticas, ya que la mayoría de las formas de gastroenteritis se resuelven en poco tiempo. Sin embargo, los análisis generales de laboratorio ayudan a precisar mejor la causa de la gastroenteritis y a identificar cualquier desequilibrio de las sustancias químicas presentes en la sangre.

Prevención

La mejor forma de evitar la gastroenteritis consiste en educar a los niños para que se laven las manos y en enseñarles a evitar los alimentos en mal estado de conservación. Una buena recomendación general es mantener fríos los alimentos que se consumen fríos y calientes los que se consumen calientes. La comida preparada para su consumo se debe ingerir en el intervalo de una hora. Las zonas para el cambio de pañales deben desinfectarse con una solución recién preparada de lejía doméstica (unos 15 mL de lejía diluidos en 1 L de agua).

Se comercializan dos vacunas para evitar la infección por rotavirus (ver Vacuna contra el rotavirus). Las vacunas actuales contra el rotavirus no se asocian a la invaginación intestinal (el grave problema del intestino que se repliega hacia su propio interior), como ocurría con la vacuna original. Una vez que se difunda su uso, estas vacunas deben reducir de forma significativa el número de hospitalizaciones y muertes por gastroenteritis, especialmente en los países en desarrollo.

La lactancia materna es otra manera sencilla y efectiva de evitar la gastroenteritis. Los niños con diarrea no deben volver a los centros de educación infantil hasta que sus síntomas hayan desaparecido.

Los padres contribuyen a evitar la deshidratación animando a su hijo a beber líquidos aunque sea en cantidades pequeñas pero frecuentes.

Los lactantes y los niños con inmunodeficiencia no deben tocar reptiles, aves o anfibios.

Los padres pueden prevenir enfermedades transmitidas por aguas recreativas al no permitir a sus hijos nadar en aguas públicas si tienen diarrea. Si el niño usa pañales, estos se deben revisar con frecuencia para ver si contienen heces y se deben cambiar en un área que no esté cerca del agua. Los padres deben enseñar a sus hijos a evitar tragar agua cuando nadan.

¿Sabías que...?

  • Millones de niños mueren cada año de diarrea causada por una gastroenteritis.

Tratamiento

Cuando un niño tiene gastroenteritis, los padres deben supervisar el estado de hidratación de su hijo. Los lactantes están deshidratados y precisan atención médica inmediata en los casos siguientes:

  • Si la zona blanda de la parte superior de la cabeza (fontanela) está hundida.

  • Si tienen los ojos hundidos.

  • Si lloran sin lágrimas.

  • Si tienen la boca seca.

  • Si la producción de orina es escasa.

  • Si han reducido el estado de alerta y la energía (letargo).

Hay que animar a los niños a beber líquidos, aunque sea en cantidades pequeñas y frecuentes. Los lactantes deben continuar con la lactancia materna o con la lactancia artificial además de administrárseles una solución electrolítica oral (solución de rehidratación, disponible en polvo o en líquido en farmacias y en algunas tiendas de alimentación). No deben administrarse a los lactantes y niños pequeños zumos, refrescos, bebidas carbonatadas, tés, bebidas deportivas y bebidas que contengan cafeína. Estas bebidas pueden contener demasiado azúcar, que puede empeorar la diarrea, y muy pocas sales (electrólitos), que son necesarias para reponer las que ha perdido el cuerpo. Para niños mayores, sin embargo, las bebidas deportivas son preferibles a los zumos y refrescos por su menor contenido en azúcar, aunque tienen menor cantidad de electrólitos que las soluciones electrolíticas orales.

Para el niño con vómitos, la administración frecuente de pequeñas cantidades de líquido contribuye a evitar la deshidratación. Los padres deben ofrecer al niño unos sorbos de líquido. Si no lo vomita, se repiten los sorbos cada 10 o 15 minutos, aumentando la cantidad hasta unos 30 o 60 mL tras una hora o más y de forma creciente según su tolerancia. Estas cantidades mayores se le dan con menor frecuencia, aproximadamente cada hora. Los líquidos se absorben muy rápidamente, de modo que si el niño tarda en vomitar más de 10 minutos después de beberlos, la mayor parte de los mismos han sido absorbidos y debe continuarse su administración. La cantidad de líquido que se debe dar al niño en un periodo de 24 horas depende de su edad, pero generalmente debe ser más o menos de unos 100 mL de líquido por cada kilogramo de peso del niño. Si el vómito y la diarrea del niño disminuyen, los padres pueden intentar que vuelva a una dieta normal al día siguiente. No se deben administrar las soluciones de electrólitos durante más de 24 horas debido a los posibles problemas asociados a una insuficiente ingestión de nutrientes.

Los niños con diarrea pero con pocos vómitos deben ingerir más líquidos para compensar la cantidad de líquido perdida con la diarrea. Pero, a diferencia de los niños con vómitos, se les puede administrar una mayor cantidad de líquido de una vez. Se les alimenta de manera normal, pero, si la diarrea es significativa, probablemente habrá que reducir el consumo de productos lácteos (que contienen lactosa). La gastroenteritis grave disminuye la capacidad del niño para la absorción de la lactosa, resultando incluso en una intensificación de la diarrea.

Los niños que no pueden tolerar ni siquiera pequeños sorbos de líquido o que tienen signos de deshidratación grave (como sopor, boca seca, falta de lágrimas y ausencia de orina durante 6 horas o más) están en peligro y deben ser examinados por un médico inmediatamente. Los niños que no presentan estos signos pero cuyos síntomas duran más de 1 o 2 días deben acudir al médico. Si la deshidratación es grave, el médico puede administrar al niño líquidos por vía intravenosa.

Por lo general, a los niños no se les suelen prescribir fármacos antidiarreicos, como la loperamida. Sin embargo, una vez determinada la causa de los vómitos y siempre bajo criterio médico, pueden administrarse ciertos fármacos (como el ondasentrón) para aliviar o evitar las naúseas o los vómitos. Los antibióticos no son eficaces cuando la causa de la gastroenteritis es una infección vírica. Los médicos prescriben tratamiento antibiótico solo para ciertas bacterias que se sabe que responden a estos fármacos. Los fármacos antiparasitarios dan buenos resultados en la infección parasitaria.

Los probióticos, como los lactobacilos (típicamente presentes en el yogur), pueden acortar un poco la duración de la diarrea (tal vez un día) si se empiezan a tomar poco después de que comience la enfermedad. Sin embargo, los probióticos probablemente no evitan las consecuencias más graves de gastroenteritis, como la necesidad de líquidos por vía intravenosa o la hospitalización.

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