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Introducción a la disfunción sexual en los hombres

Por Irvin H. Hirsch, MD, Thomas Jefferson University

En los hombres, la disfunción sexual hace referencia a la dificultad para realizar el coito. La disfunción sexual abarca una variedad de trastornos que afectan el estímulo sexual (libido), la capacidad para lograr o mantener una erección (disfunción eréctil o impotencia), la capacidad de eyacular, la capacidad de lograr una erección sin deformidades en el pene y la capacidad para alcanzar el orgasmo.

La disfunción sexual puede ser consecuencia de determinados factores físicos o psicológicos. La mayoría de los problemas sexuales se deben a una combinación de factores físicos y psicológicos. Un problema físico puede conducir a la aparición de problemas psicológicos (como ansiedad, depresión o tensión emocional) que, por otro lado, es posible que agraven el problema físico. A veces, algunos hombres se presionan a sí mismos o se sienten presionados por su pareja para rendir sexualmente de forma adecuada, y se angustian cuando no pueden hacerlo (ansiedad de desempeño sexual). La ansiedad de desempeño sexual puede causar problemas y empeorar mucho más la capacidad de un hombre para disfrutar de las relaciones sexuales.

Los trastornos eyaculatorios son las disfunciones sexuales más frecuentes en los hombres. Los trastornos incluyen eyaculación prematura, antes o poco después de la penetración en la vagina (eyaculación precoz), eyaculación hacia el interior de la vejiga (eyaculación retrógrada) e incapacidad para eyacular (aneyaculación). Las disfunciones eréctiles son frecuentes en los hombres de mediana edad y de edad avanzada. Algunos también presentan reducción de la libido.

Función sexual masculina normal

La función sexual normal es una interacción compleja que implica la participación tanto de la mente como del cuerpo. Los sistemas nervioso, circulatorio y endocrino (hormonal) interaccionan con la mente para producir una respuesta sexual. Una interacción delicada y equilibrada entre estos sistemas controla la respuesta sexual masculina.

El deseo (también llamado estímulo sexual o libido) es el impulso por querer mantener relaciones sexuales. Puede desencadenarse por pensamientos, palabras, vistas, olores o tacto. El deseo lleva a la primera etapa del ciclo sexual, la excitación. A continuación se produce la excitación sexual. Durante la excitación, el cerebro envía señales nerviosas a través de la médula espinal hasta el pene. Las arterias que suministran sangre a los tejidos eréctiles (cuerpos cavernosos y cuerpo esponjoso) responden haciéndose más anchas (dilatación). Las arterias aumentan notablemente el flujo sanguíneo a estas áreas, que se congestionan con sangre y se expanden. Esta expansión ejerce una presión que comprime las venas del pene, que normalmente evacuan la sangre del pene, pero que ahora retardan la salida de la sangre y elevan así la presión sanguínea dentro del pene. La presión elevada en el pene produce la erección y la rigidez. Asimismo, aumenta la tensión muscular en todo el cuerpo.

En la fase de meseta, se intensifican la excitación y la tensión muscular. El orgasmo es el punto máximo o clímax de la excitación sexual. En el orgasmo, aumenta más la tensión muscular en todo el cuerpo, se contraen los músculos de la pelvis y a continuación sobreviene la eyaculación. Esta se produce cuando los nervios estimulan las contracciones musculares en los órganos reproductores masculinos: las vesículas seminales, la próstata, los conductos del epidídimo y los conductos deferentes. Estas contracciones hacen que el semen penetre en la uretra. La contracción de los músculos que rodean la uretra aumenta el impulso del semen hacia fuera del pene. El cuello de la vejiga también se contrae y evita así que el semen retroceda y vaya hacia la vejiga.

Aunque la eyaculación y el orgasmo con frecuencia se producen simultáneamente, son fenómenos separados. Con poca frecuencia puede producirse una eyaculación sin orgasmo. Igualmente, el orgasmo puede producirse sin eyaculación, sobre todo antes de la pubertad o como efecto secundario de determinados medicamentos (como antidepresivos) o tras una cirugía (como la extirpación del colon o la próstata). Por lo general, el orgasmo suele ser muy placentero.

En la fase de resolución, el cuerpo vuelve al estado anterior a la excitación. Una vez alcanzada la eyaculación o el orgasmo, las arterias del pene se contraen y las venas se relajan, reduciendo con ello el aporte de sangre y aumentando su salida, de modo que el pene recupera la flacidez (detumescencia). Después de un orgasmo no puede conseguirse una segunda erección durante algún tiempo (periodo refractario), a menudo unos 20 minutos o menos en los hombres jóvenes, pero más en los mayores, debido a que suele aumentar con la edad.

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