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Ketamina

Por Patrick G. O’Connor, MD, MPH, Professor of Medicine; Chief, Section of General Internal Medicine, Yale University School of Medicine

La ketamina o cetamina es un fármaco empleado en la anestesia. Quienes lo usan de manera ilícita pueden esnifarlo o inyectárselo por vía intravenosa, intramuscular o subcutánea.

Síntomas

La ketamina disminuye la percepción del dolor y origina mareos y euforia, que a menudo van seguidos de ataques de ansiedad. Con dosis elevadas (sobredosis), los consumidores tienen una percepción distorsionada de su cuerpo, del entorno y de la noción del tiempo. Se sienten aislados o irreales (despersonalización) y separados de su entorno (disociación).

A dosis aún mayores, pueden aparecer alucinaciones y delirios paranoicos, y la sensación de alejamiento del mundo se hace más intensa. Los consumidores de ketamina se refieren a menudo a esta experiencia como agujero K. Las personas pueden volverse agresivas, perder la coordinación de movimientos y sufrir temblores y sacudidas musculares.

Dosis muy elevadas pueden provocar un aumento de la temperatura corporal (hipertermia) potencialmente mortal, aumento de la frecuencia cardíaca, presión arterial muy elevada, convulsiones y coma. La ketamina también puede afectar la memoria durante unas horas.

Diagnóstico y tratamiento

Ninguna prueba es capaz de confirmar de manera rápida la presencia de ketamina en el organismo.

Por lo general, apoyar al consumidor y proporcionarle un ambiente tranquilo y no amenazador son de ayuda en el proceso de recuperación. Se pueden utilizar benzodiazepinas (sedantes) para controlar las convulsiones. Los efectos de la ketamina suelen disminuir al cabo de unos 30 minutos.