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Ajo

Por Ara DerMarderosian, PhD, Professor Emeritus of Biology and Pharmacognosy, University of the Sciences

Desde hace mucho tiempo se viene utilizando el ajo en la cocina y en medicina. Cuando se corta o se pica el bulbo del ajo, se libera un subproducto aminoácido llamado alicina. La alicina es responsable del fuerte olor del ajo y de sus propiedades medicinales.

Indicaciones medicinales

El ajo disminuye la agregación celular que contribuye a detener la hemorragia al formar coágulos (plaquetas), Dado que detiene la reproducción de microorganismos (como las bacterias), puede utilizarse como antiséptico y antibacteriano. En grandes dosis, el ajo puede reducir ligeramente la presión arterial, la hiperactividad del intestino y los niveles de glucosa en sangre. Sus defensores sugieren que el ajo disminuye los niveles de lipoproteínas de baja densidad (LDL), es decir, el colesterol «malo». Sin embargo, como mínimo un estudio fiable no logró confirmar tal efecto beneficioso. La mayoría de los estudios han utilizado extractos de ajo madurado. Las preparaciones formuladas especialmente para suprimir en lo posible el olor a ajo pueden resultar inactivas y requieren ser analizadas.

Posibles efectos secundarios

El ajo no tiene otros efectos nocivos que hacer que el aliento, el cuerpo y la leche materna huelan a ajo. Sin embargo, el consumo de grandes cantidades puede causar náuseas y ardor en la boca, el esófago y el estómago.

El ajo puede interaccionar con los medicamentos que previenen los coágulos de sangre (como warfarina y acenocumarol), incrementando el riesgo de hemorragia. Por tanto, el ajo no se debe comer o tomar como complemento la semana previa a una intervención quirúrgica o antes de un procedimiento dental.