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Síndrome de fatiga crónica

Por Stephen Gluckman, MD, Professor of Medicine, Perelman School of Medicine at The University of Pennsylvania

El síndrome de fatiga crónica (o síndrome de astenia crónica) hace referencia a una fatiga duradera, intensa e incapacitante sin causa física o psicológica comprobada.

  • La fatiga es inexplicable y dura 6 meses o más.

  • A veces los síntomas comienzan durante o después de una enfermedad que se asemeja a una infección viral.

  • El tratamiento incluye el alivio de los síntomas, la terapia cognitivo-conductual y el ejercicio gradual.

Aunque hasta el 25% de las personas refieren haberse encontrado cansadas de forma crónica (ver Fatiga), sólo el 0,5% (1 de cada 200) tiene el síndrome de fatiga crónica (SFC). El síndrome de fatiga crónica afecta, principalmente, a personas con edades comprendidas entre 20 y 50 años, y es más frecuente en mujeres jóvenes y de mediana edad que en hombres, aunque aparece en personas de todas las edades, incluso en niños. Las personas con síndrome de fatiga crónica tienen síntomas reales y a menudo discapacitantes. El síndrome de fatiga crónica no es lo mismo que pretender tener síntomas (un trastorno conocido como simulación).

Causas

A pesar de que se ha realizado un número considerable de investigaciones, la causa del síndrome de fatiga crónica sigue siendo desconocida. Existe controversia sobre si existe una causa única o muchas causas, y sobre si la causa es física o mental, pero en un caso u otro los síntomas son bien reales para la persona.

Los primeros estudios propusieron como posibles causas del síndrome de fatiga crónica varias infecciones: el virus de Epstein-Barr, la enfermedad de Lyme, el citomegalovirus o cándida (una levadura). Sin embargo, las investigaciones actuales indican que estas infecciones no causan este síndrome. Además, no existen pruebas de que otras infecciones (como las infecciones causadas por el virus de la rubéola, el herpesvirus o el virus de la inmunodeficiencia humana [VIH]) estén relacionadas con el síndrome.

Es posible que el sistema inmunitario sufra algunas pequeñas anomalías. En conjunto se puede denominar desregulación del sistema inmunitario. Sin embargo, no existen anomalías que sean específicamente característica del trastorno. Las personas con síndrome de fatiga crónica no tienen un problema clínicamente serio que afecte a su sistema inmunológico. No existen pruebas que indiquen que las alergias sean la causa, aunque alrededor del 65% de las personas con síndrome de fatiga crónica refieren alergias previas. Se ha demostrado que no hay anomalías hormonales o trastornos de la salud mental que causen el síndrome de fatiga crónica.

El síndrome de fatiga crónica parece ser más frecuente en algunas familias, lo que seguramente apoya la teoría del componente genético o del desencadenante ambiental. Por otro lado, los miembros de una misma familia pueden responder de manera similar al estrés físico y psicosocial y/o pueden haber estado expuestos a las mismas sustancias.

Algunos investigadores creen que al final se demostrará que el síndrome tiene diversas causas, entre ellas la predisposición genética y la exposición a microorganismos, toxinas y otros factores físicos y emocionales.

Síntomas

La mayoría de las personas que sufren el síndrome de fatiga crónica tienen éxito y realizan funciones de alto nivel hasta que comienza el trastorno. El síntoma más importante es la fatiga que dura al menos 6 meses y es lo suficientemente intensa como para dificultar las actividades diarias. El intenso cansancio está presente incluso al despertarse, persiste durante todo el día y a menudo empeora con los esfuerzos físicos o durante periodos de estrés psicológico. Sin embargo, no suele haber indicios físicos de debilidad muscular o de alteraciones articulares o neurológicas. La fatiga extrema puede comenzar durante o después de la recuperación de una enfermedad que se asemeja a una infección viral, con fiebre, secreción nasal, y ganglios linfáticos sensibles o dolorosos. Sin embargo, en muchas personas, la fatiga comienza sin que la preceda ninguna de las enfermedades mencionadas. Otros síntomas que pueden aparecer son dificultad para concentrarse o para dormir, dolor de garganta, cefalea (dolor de cabeza, jaqueca), dolores articulares, musculares y abdominales. La depresión es común, sobre todo cuando los síntomas son graves o empeoran. Los síntomas a menudo se superponen con los de la fibromialgia, un trastorno relacionado (ver Fibromialgia).

Diagnóstico

No se dispone de pruebas de laboratorio que confirmen el diagnóstico de síndrome de fatiga crónica. Los médicos, por lo tanto deben descartar otras enfermedades que pueden causar síntomas similares. A veces se realizan pruebas para descartar trastornos como la anemia, alteraciones electrolíticas, insuficiencia renal, trastornos inflamatorios (como la artritis reumatoide), o trastornos del tiroides o de las glándulas suprarrenales. El diagnóstico del síndrome de fatiga crónica se realiza solo si no se encuentra ninguna otra causa, incluidos los efectos secundarios de fármacos, que explique la fatiga y otros síntomas.

Tratamiento

En la mayoría de los casos los síntomas del síndrome de fatiga crónica disminuyen con el paso del tiempo. Sin embargo, son necesarios años para que los síntomas desaparezcan, y no todos llegan a desaparecer. Estos sujetos pueden recuperarse más plenamente si se centran más en las funciones que pueden recuperar que en la cantidad de funciones que han perdido.

Se tratan los síntomas específicos como el dolor, la depresión y la falta de sueño. Los únicos tratamientos que han demostrado ser eficaces para el síndrome de la fatiga crónica como tal son la terapia cognitivo-conductual y el ejercicio gradual.

La terapia cognitiva-conductual por lo general consiste en un programa breve de psicoterapia enfocada a redirigir pensamientos ocultos que podrían desalentar a las personas e impedir actitudes positivas y la recuperación.

Los periodos excesivos de descanso prolongado originan una mala condición física y de hecho pueden empeorar los síntomas del síndrome de fatiga crónica. La introducción regular de ejercicios aeróbicos, como caminar, nadar, montar en bicicleta o correr bajo estricta supervisión médica (lo que se denomina un programa de ejercicio físico gradual), pueden reducir la fatiga y mejorar la función corporal. Los programas de rehabilitación física estructurados y formales pueden funcionar mejor.

Se han probado numerosos diferentes medicamentos y terapias alternativas. Aunque muchos tratamientos, como los antidepresivos y los corticoesteroides, parecen hacer que algunas personas se sientan mejor, ninguno es claramente eficaz para todo el mundo. Tanto para la persona como para el médico puede ser difícil saber qué tratamiento es efectivo, porque los síntomas son diferentes en cada persona y además pueden aparecer y desaparecer por sí solos.

La mejor manera de probar los tratamientos son los ensayos clínicos controlados (ver La ciencia médica), que comparan los beneficios de un fármaco con los de un placebo (una sustancia parecida pero que no contiene ningún fármaco activo). Ninguna terapia farmacológica ha demostrado su eficacia en ensayos controlados. Los tratamientos dirigidos a posibles causas, como el uso de los interferones, inyecciones intravenosas de concentrado de inmunoglobulinas y fármacos antivirales, han sido en su mayoría decepcionantes. Los suplementos dietéticos, como el aceite de onagra, los suplementos con aceite de pescado y vitaminas a altas dosis, se usan frecuentemente, pero sus beneficios siguen sin estar comprobados. Otros tratamientos alternativos (por ejemplo, ácidos grasos esenciales, extractos de hígados animales, dietas de exclusión y la extracción de empastes dentales) también han sido ineficaces. Es mejor evitar los tratamientos que no tienen beneficios comprobados ya que pueden tener efectos secundarios.

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