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Decisiones sobre las pruebas médicas

Por Thomas V. Jones, MD, MPH, Director, Inflammatory Diseases, Specialty Care Unit, Pfizer

Las pruebas se realizan para detectar una enfermedad, diagnosticarla, clasificarla y valorar la magnitud o el estadio de la misma, así como controlar su curso, en especial su respuesta al tratamiento.

Pruebas de cribado

Las pruebas de cribado se realizan para intentar descubrir una enfermedad cuando no hay indicios aparentes de que la persona la tenga. Por ejemplo, la mayoría de los médicos recomiendan que las mujeres de más de 40 años se hagan una mamografía anual cada año o cada 2 años para detectar el cáncer de mama, incluso si no tienen bultos en el pecho. Las pruebas de cribado se basan en la idea de que el pronóstico será mejor si la enfermedad se detecta y se trata en sus etapas iniciales. Aunque bastante lógica, esta idea no siempre es correcta. Para algunas enfermedades, como el cáncer testicular y el cáncer de ovario, no parece haber ninguna diferencia en el pronóstico de las personas cuya enfermedad se descubre por pruebas de cribado y en las que esta se diagnostica tras la aparición de los primeros síntomas.

Otro problema potencial de las pruebas de cribado es que los resultados normalmente requieren confirmación mediante pruebas más definitivas. Por ejemplo, las mujeres que obtienen resultados anómalos en la mamografía necesitarán una biopsia mamaria. Estas pruebas definitivas suelen ser invasivas, incómodas y a menudo algo peligrosas. Por ejemplo, una biopsia pulmonar puede provocar el colapso pulmonar. Como a veces los resultados de las pruebas de cribado no son normales en personas sin enfermedad (lo cual es frecuente, porque no hay pruebas fiables al 100%), algunas personas se someten a pruebas innecesarias que pueden perjudicarles.

Los ensayos clínicos son necesarios para saber qué pruebas de cribado son efectivas y en qué pacientes deben realizarse. Aparte de esto, está claro que en ciertas enfermedades, como la hipertensión arterial o el cáncer cervical (del cuello uterino), las pruebas de cribado salvan vidas. Para que sean útiles, las pruebas de cribado tienen que ser exactas, relativamente baratas, tener pocos riesgos, producir pocas o ninguna molestia y mejorar los resultados.

¿Sabías que...?

  • Una prueba de cribado puede no ser adecuada si el tratamiento precoz no supone ninguna diferencia para la resolución de la enfermedad en estudio, o si la enfermedad es muy rara.

Diagnóstico, clasificación y pruebas de control

Las pruebas diagnósticas confirman o descartan la enfermedad que el médico sospecha que padece una persona. Por ejemplo, si el médico sospecha la presencia de una enfermedad grave del corazón, puede recomendar un cateterismo cardíaco. Este examen es una buena prueba diagnóstica, pero no sería una buena prueba de detección, ya que es costosa, tiene efectos secundarios graves y resulta molesta. Sin embargo, estas desventajas son superadas por la necesidad de realizar esta prueba cuando se debe confirmar la presencia o la ausencia de enfermedad.

Para clasificar y medir la gravedad de una enfermedad ya diagnosticada se utilizan otras pruebas. Los resultados servirán para tomar decisiones más específicas y concretas para el tratamiento. Por ejemplo, después de confirmar un diagnóstico de cáncer de mama, se realizan pruebas complementarias para determinar si se ha extendido y hasta dónde.

También existen pruebas para controlar la evolución de una enfermedad o determinar la respuesta al tratamiento. Por ejemplo, se realizan análisis de sangre de manera periódica a personas que toman hormonas tiroideas para tratar su hipotiroidismo con el fin de determinar si reciben una dosis de sustitución adecuada a sus necesidades. También se decide la frecuencia con la que se necesitan dichas pruebas en función de la situación de cada persona.

Realizar pruebas e interpretar los resultados

Cuando el médico decide recomendar pruebas para una enfermedad, especialmente para su diagnóstico, evalúa la probabilidad de que una persona presente dicha enfermedad (probabilidad preprueba de la enfermedad). Para realizar una estimación en el caso de una persona en particular, el médico tendrá en cuenta lo siguiente:

  • La información que exista sobre la enfermedad en la zona, como la frecuencia de la misma (prevalencia) y el número de casos nuevos de dicha enfermedad que se presentan durante un periodo de tiempo (incidencia)

  • Las características particulares de cada persona (factores de riesgo, como los antecedentes familiares de enfermedad) que aumentan o disminuyen la probabilidad de estar afectado

Con esta información, el médico selecciona la mejor prueba para confirmar la presencia de la enfermedad.

El médico debe estar preparado para determinar el significado posible de los resultados de las pruebas. Desafortunadamente, las pruebas no son perfectas. A veces dan resultados normales en personas que tienen la enfermedad; es decir, se producen resultados falsos negativos. A veces, dan resultados alterados en personas que no tienen la enfermedad; en este caso, las pruebas tienen resultados falsos positivos. Por lo tanto, las características más importantes de una prueba son su sensibilidad (la probabilidad de que se obtengan resultados anómalos en personas afectadas por la enfermedad analizada) y su especificidad (probabilidad de dar resultados normales en personas sin esa enfermedad). El médico puede combinar matemáticamente la probabilidad preprueba de la enfermedad con los resultados de la prueba y la información sobre la sensibilidad y la especificidad de la misma para estimar de manera más precisa la probabilidad de que una persona tenga la enfermedad (probabilidad posprueba).

Otra característica de una prueba es su fiabilidad. Una prueba muy fiable da el mismo resultado cuando la misma persona se somete a la prueba en más de una ocasión, a menos que la enfermedad analizada haya mejorado o empeorado. Los resultados de una prueba menos fiable pueden cambiar de forma aleatoria.

Antes de realizar una prueba, el médico sopesa su perjuicio potencial en comparación con el posible beneficio que puede proporcionar la información que aporte dicha prueba. También se debe considerar cómo van a ser utilizados los resultados. Puede que no sea útil realizar una prueba si los resultados no van a modificar el tratamiento recomendado. Por ejemplo, si se va a realizar una prueba para determinar si un tratamiento en particular es recomendable para una persona, pero dicha persona ya ha decidido que no quiere ese tratamiento, entonces no es necesario realizar la prueba.

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