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Solventes inhalables

Por Patrick G. O’Connor, MD, MPH, Yale University School of Medicine

Entre los adolescentes, los inhalantes (solventes volátiles y aerosoles) se consumen con mayor frecuencia que la cocaína o el LSD, pero con menos frecuencia que la marihuana y el alcohol. En Estados Unidos, por ejemplo, alrededor del 10% de los adolescentes ha inhalado solventes en algún momento. El consumo de inhalantes resulta ser un problema sobre todo entre los niños menores de 12 años. Los inhalantes se encuentran en muchos productos domésticos comunes. Así, los niños y los adolescentes los pueden obtener fácilmente.

Los productos pueden ser pulverizados en una bolsa de plástico e inhalados (aspirar u oler), o bien pueden colocarse una tela empapada con el producto cerca de la nariz o de la boca (resoplar).

Síntomas

Los usuarios pueden intoxicarse con rapidez. Experimentan mareos, somnolencia y confusión. Al hablar pueden arrastrar las palabras. Pueden tener dificultad para mantenerse de pie y caminar, por lo que la marcha puede ser inestable. También pueden experimentar excitación, pero no porque los solventes sean estimulantes. Más adelante, puede aparecer distorsión de las percepciones y del sentido de la realidad, dando lugar a ilusiones, alucinaciones y delirios. Los consumidores experimentan euforia y somnolencia, que culmina en un corto periodo de sueño. Pueden sufrir delirios y confusión, con cambios de humor. El pensamiento y la coordinación pueden verse afectados. La intoxicación puede durar desde unos pocos minutos hasta más de una hora.

Incluso la primera vez que se inhala directamente uno de estos productos, puede producirse la muerte debida a una depresión intensa de la respiración o a un ritmo cardíaco irregular (arritmia cardíaca).

Con su uso crónico, se desarrolla cierta tolerancia a los efectos del solvente. Se puede desarrollar dependencia psicológica, con una intensa urgencia por continuar consumiendo, pero no se desarrolla dependencia física, es decir, al interrumpir el consumo de la droga no aparecen síntomas desagradables (abstinencia).

El consumo o exposición crónica a los solventes (incluida la laboral) puede lesionar el cerebro, el corazón, los riñones, el hígado y los pulmones. Además, se puede dañar la médula ósea, afectando la producción de glóbulos rojos y provocando anemia.

Tratamiento

El tratamiento de niños y adolescentes que usan inhalantes implica la evaluación de cualquier posible daño orgánico. También se debe educar y asesorar para mejorar las habilidades sociales y los problemas de salud mental, y para manejar problemas sociológicos. Los porcentajes de recuperaciones exitosas del uso de inhalantes están entre los más bajos de cualquier sustancia que altera el estado del ánimo. Sin embargo, muchos de los usuarios dejan este hábito al finalizar la adolescencia.

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