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Infecciones necrosantes de la piel

Por A. Damian Dhar, MD, JD

Las infecciones necrosantes de la piel, como la celulitis necrosante y la fascitis necrosante, son formas graves de celulitis que se caracterizan por la muerte de piel y tejido infectados (necrosis).

  • La piel infectada está enrojecida, caliente al tacto, y a veces se hincha; pueden formarse burbujas de gas subcutáneas.

  • La persona suele presentar dolor intenso, se encuentra muy mal y tiene fiebre elevada.

  • El tratamiento consiste en eliminar la piel muerta, lo cual a veces requiere cirugía mayor y la administración de antibióticos por vía intravenosa.

La mayoría de las infecciones no causan la muerte de la piel ni de los tejidos cercanos. Sin embargo, algunas veces, las infecciones bacterianas pueden provocar la coagulación de los vasos sanguíneos pequeños del área infectada, lo que provoca que el tejido alimentado por esos vasos muera por falta de irrigación sanguínea. Dado que las defensas del organismo que se desplazan por el torrente sanguíneo (como los glóbulos blancos o leucocitos y los anticuerpos) no pueden alcanzar dicha zona, la infección se extiende rápidamente y puede resultar difícil controlarla. Así, la muerte puede sobrevenir incluso con un tratamiento apropiado.

Algunas infecciones necrosantes de la piel se extienden profundamente a lo largo de la superficie del tejido conjuntivo que cubre el músculo (fascia): se las conoce como fascitis necrosante. Otras infecciones necrosantes de la piel se extienden en las capas externas de la piel y se denominan celulitis necrosante. Pueden causarlas diferentes tipos de bacterias, como los Streptococcus y Clostridia, aunque en muchos casos la infección se debe a una combinación de varias. La infección estreptocócica en particular ha sido denominada «enfermedad comedora de carne» por la prensa no especializada, aunque difiere poco de las demás.

Algunas infecciones necrosantes comienzan en heridas punzantes o laceraciones, especialmente si están contaminadas con suciedad y desechos; otras se inician en las incisiones quirúrgicas o incluso en la piel sana. En ocasiones, las personas con diverticulitis, perforación o tumores del intestino desarrollan infecciones necrosantes en la pared abdominal, la región genital o los muslos. Estas infecciones tienen lugar cuando ciertas bacterias escapan del intestino y se extienden a la piel. En estos casos, las bacterias crean al principio un absceso (bolsa de pus) en la cavidad abdominal y se extienden directamente hasta la piel, o se propagan por el torrente sanguíneo a la piel y a otros órganos. Las personas con diabetes corren un riesgo particularmente alto de contraer infecciones necrosantes de la piel.

Síntomas y diagnóstico

Los síntomas son parecidos a los de la celulitis (ver Celulitis). La piel puede presentar un aspecto pálido al principio, pero rápidamente adopta un color rojo o de bronce y se vuelve tibia al tacto; a veces se inflama. Después la piel se torna violeta, y a menudo aparecen grandes ampollas llenas de líquido (bullas). El líquido de estas ampollas es de color marrón, acuoso, y a veces tiene un olor fétido. Las zonas de piel muerta (gangrena) se vuelven negras. Algunos tipos de infecciones, como las causadas por Clostridia y por bacterias mixtas, generan gas (ver Gangrena gaseosa). El gas crea burbujas bajo la piel y algunas veces en las propias ampollas, lo que hace que la piel se sienta agrietada cuando se la presiona. Inicialmente la zona infectada es extremadamente dolorosa, pero cuando la piel muere, los nervios dejan de funcionar y la zona pierde la sensibilidad.

Por lo general, la persona se siente muy enferma y tiene fiebre elevada, la frecuencia cardíaca aumenta y se experimenta un deterioro mental que oscila entre la confusión y la pérdida de la consciencia. La presión arterial puede sufrir un descenso debido a las toxinas secretadas por las bacterias y la respuesta del organismo a la infección (choque séptico, ver ver Septicemia, septicemia grave y choque séptico). Las personas afectadas pueden sufrir el síndrome de choque tóxico (ver Síndrome de choque (shock) tóxico).

El médico puede realizar el diagnóstico de infección necrosante de la piel a partir de su aspecto, especialmente por la presencia de burbujas de gas bajo la piel, que también pueden detectarse mediante radiografías. Si se realiza un análisis de sangre, el número de glóbulos blancos (leucocitos) habrá aumentado (leucocitosis). Las bacterias específicas involucradas en el proceso se identifican mediante un cultivo de muestras de sangre o tejido. Sin embargo, el tratamiento debe comenzar antes de que el médico sepa con certeza cuál es la bacteria causante de la infección.

Pronóstico y tratamiento

El índice global de mortalidad se sitúa alrededor del 30%. Las personas de edad avanzada con otros trastornos médicos y las que se encuentran en un estado avanzado de la enfermedad tienen un mal pronóstico. La demora en el diagnóstico y el tratamiento, así como una insuficiente extirpación quirúrgica del tejido muerto empeoran el pronóstico.

El tratamiento para la fascitis necrosante es la extirpación quirúrgica del tejido muerto, además de la administración de antibióticos por vía intravenosa. A menudo debe extirparse gran cantidad de piel, tejido y músculo, y en algunos casos incluso es necesario amputar el brazo o la pierna afectados. Las personas afectadas pueden necesitar grandes volúmenes de líquidos intravenosos antes y después de la cirugía. Algunos médicos recomiendan el tratamiento en una cámara de oxígeno a alta presión (hiperbárica), pero no está claro que dicho tratamiento sea de gran ayuda. A las personas que también padecen el síndrome de choque tóxico se les puede administrar inmunoglobulinas intravenosas.