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Introducción a las infecciones bacterianas de la piel

Por A. Damian Dhar, MD, JD, Private Practice, North Atlanta Dermatology

La piel aporta una barrera notablemente eficaz contra las infecciones bacterianas y, aun cuando muchas bacterias entran en contacto o residen en ella, por lo general no producen infecciones. Las infecciones bacterianas pueden afectar a una pequeña zona de la piel o extenderse por toda la superficie corporal. Igualmente, pueden variar en agresividad, de leves a potencialmente mortales.

Muchos tipos de bacterias pueden infectar la piel. Las más frecuentes son los Staphylococcus y los Streptococcus. Las infecciones de la piel causadas por bacterias menos comunes pueden contraerlas las personas ingresadas en hospitales o en residencias, así como las que trabajan en jardinería, o simplemente las que nadan en un estanque, un lago o en el mar.

Algunas personas corren un riesgo particularmente alto de contraer infecciones cutáneas. Por ejemplo, las que padecen de diabetes son más propensas a sufrir falta de flujo sanguíneo, especialmente en las manos y los pies, y los elevados niveles de azúcar (glucosa) en sangre disminuyen la capacidad de los glóbulos blancos (leucocitos) para combatir las infecciones. Las personas de edad avanzada, las que tienen el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), sida u otros trastornos del sistema inmunitario, las que sufren hepatitis y aquellas sometidas a quimioterapia o a un tratamiento con otros inmunosupresores también presentan un riesgo mayor, porque su sistema inmunitario está debilitado. La piel inflamada o lesionada por quemaduras provocadas por el sol, arañazos u otros traumatismos es también más propensa a infectarse. En general, cualquier lesión en la piel predispone a las personas a padecer una infección.

La prevención implica mantener la piel sin lesiones y limpia. Cuando se sufre un corte o un arañazo, la lesión debe lavarse con agua y jabón y cubrirse con una venda estéril. Puede aplicarse vaselina sobre las zonas abiertas para mantener el tejido húmedo y evitar la invasión bacteriana. Los médicos recomiendan que no se utilicen ungüentos o pomadas antibióticas (con receta o sin receta) en pequeñas heridas no infectadas debido al riesgo de que aparezca una alergia al antibiótico. Sin embargo, se utiliza una pomada o un ungüento antibiótico si hay infección. El tratamiento de áreas más grandes requiere antibióticos tomados por vía oral o en forma inyectable. Los abscesos (bolsas llenas de pus) deben ser abiertos por el médico y drenados y cualquier tejido muerto debe extirparse quirúrgicamente.