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Agorafobia

Por John H. Greist, MD, Clinical Professor of Psychiatry;Distinguished Senior Scientist, University of Wisconsin School of Medicine and Public Health;Madison Institute of Medicine

La agorafobia es la aparición de ansiedad debida a la posibilidad de quedar atrapado en situaciones o lugares donde puede resultar difícil escapar si aparece una crisis de angustia. Estas situaciones o lugares a menudo se evitan o bien se toleran con mucha angustia.

La agorafobia es un tipo de trastorno de ansiedad. Alrededor del 30 al 50% de las personas con agorafobia presentan también un trastorno de angustia. Alrededor del 2% de las mujeres y el 1% de los hombres presentan agorafobia sin trastorno de angustia durante algún período de 12 meses. La mayoría de las personas afectadas desarrollan la agorafobia alrededor de los 20 años de edad. Es muy poco frecuente que aparezca después de los 40 años.

Aunque agorafobia significa literalmente «miedo a la plaza pública», el término describe más específicamente el miedo a quedar atrapado, a menudo en un lugar lleno de gente, sin que exista una vía fácil y no embarazosa de escapar si la ansiedad se agrava.

Entre las situaciones que resultan difíciles para una persona con agorafobia se encuentran las siguientes:

  • Viajar en autobús o en avión

  • Permanecer en un espacio abierto, como un estacionamiento o un mercado

  • Permanecer en un espacio cerrado, como una tienda o un teatro

  • Permanecer entre una multitud o hacer cola en un banco o en un supermercado

  • Ocupar una butaca en la mitad de una fila de un teatro o de un aula

  • Estar solo fuera de casa

Algunas personas desarrollan agorafobia después de haber sufrido una crisis de angustia en alguna de estas situaciones. Otras personas pueden sentirse simplemente incómodas en estas situaciones y no sufrir nunca, o solo posteriormente, crisis de angustia en esas circunstancias. La agorafobia a menudo afecta a la vida diaria, en ocasiones de forma tan intensa que hace que la persona se recluya en casa.

Diagnóstico

  • Evaluación de un médico, en base a criterios específicos

Los médicos diagnostican agorafobia cuando la persona afectada presenta miedo o ansiedad con todas las características siguientes:

  • Se trata de miedo o ansiedad de un grado intenso y ha estado presente durante 6 meses o más

  • Se produce en dos o más situaciones típicamente asociadas con agorafobia

  • Casi siempre aparece en la misma situación

  • Incluye pensamientos relativos a la dificultad de escapar de la situación o a la imposibilidad de recibir ayuda si la persona quedara incapacitada por el miedo o una crisis de angustia.

  • La persona afectada siente la necesidad de alterar su comportamiento para evitar la situación o bien de pedir la compañía de alguien para enfrentarse a la situación problemática.

  • Se trata de miedo o ansiedad desproporcionados respecto al peligro real

  • Provocan un malestar significativo a la persona afectada o perjudican notablemente su funcionamiento

Además, los médicos deben descartar otros trastornos mentales que pueden causar síntomas similares, tales como fobia social o trastorno dismórfico corporal.

Tratamiento

  • Terapia de exposición

  • Terapia cognitivo-conductual

  • En ocasiones, antidepresivos, los denominados inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina

Si la agorafobia no se trata, generalmente sigue un curso fluctuante, con altibajos; incluso puede desaparecer sin un tratamiento específico, posiblemente debido a que la persona ha desarrollado su propio método de terapia de exposición, es decir se ha expuesto repetidamente a la situación que le generaba miedo hasta conseguir su desaparición.

La terapia de exposición (ver ¿Qué es la terapia de exposición?) resulta útil en más del 90% de las personas que la realizan del modo adecuado.

También puede ser útil la terapia cognitivo-conductual. Gracias a esta terapia, las personas afectadas aprenden a reconocer y controlar los pensamientos distorsionados y a modificar su conducta de la manera conveniente. Las sustancias depresoras del sistema nervioso central (encéfalo y médula espinal), como el alcohol o dosis elevadas de fármacos ansiolíticos, pueden interferir en la evolución de la terapia conductual, por lo que a menudo se ha de reducir su consumo o administración antes del tratamiento.

En las personas con agorafobia puede resultar beneficioso administrar un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS), un tipo de antidepresivo.