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Ansiedad inducida por trastornos orgánicos o por consumo de sustancias

Por John H. Greist, MD, Professor Emeritus, Psychiatry;Distinguished Senior Scientist, University of Wisconsin School of Medicine and Public Health;Madison Institute of Medicine

La ansiedad puede aparecer debido a la existencia de un trastorno orgánico o por el consumo o la interrupción (abstinencia) del consumo de una sustancia. Los problemas médicos que pueden causar ansiedad son los siguientes:

  • Trastornos cardíacos, como insuficiencia cardíaca y anomalías del ritmo cardíaco (arritmias)

  • Trastornos hormonales (endocrinos), como una glándula suprarrenal o tiroidea hiperactivas o un tumor que secreta hormonas llamado feocromocitoma

  • Trastornos pulmonares (respiratorios), como el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)

La fiebre también puede originar ansiedad.

Algunas de las sustancias que pueden producir ansiedad son las siguientes:

  • Alcohol

  • Estimulantes

  • Cafeína

  • Cocaína

  • Muchos de los medicamentos de venta con receta, como los corticoesteroides

  • Algunos productos adelgazantes de venta libre, como los que contienen hierba de guaraná, cafeína o ambos

La abstinencia de alcohol o sedantes como las benzodiazepinas (utilizados para tratar los trastornos de ansiedad) pueden causar ansiedad y otros síntomas, como insomnio e inquietud.

El enfermo terminal también puede padecer ansiedad, como resultado del miedo a la muerte, al dolor y a las dificultades respiratorias (ver Síntomas presentes durante una enfermedad mortal : Depresión y ansiedad).

Tratamiento

El objetivo del médico es corregir las causas de la ansiedad antes que tratar los síntomas de esta patología. Se espera que la ansiedad remita tras el tratamiento del trastorno orgánico o una vez transcurrido el tiempo suficiente desde la supresión del fármaco para que se produzca la desaparición de cualquier síntoma de abstinencia.

Si la ansiedad persiste, se emplean fármacos ansiolíticos o psicoterapia (como la terapia conductual). En los enfermos terminales suelen emplearse analgésicos con efectos ansiolíticos potentes, como la morfina. Ninguna persona en dicha situación terminal debería experimentar ansiedad de carácter intenso.