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Trastorno de conversión

(Trastorno por síntomas neurológicos Funcionales)

Por Joel E. Dimsdale, MD, Professor Emeritus, Department of Psychiatry, University of California, San Diego

En el trastorno de conversión aparecen síntomas físicos que se asemejan a los de algunos trastornos del sistema nervioso (neurológicos). Estos síntomas suelen ser desencadenados por factores psicológicos, como conflictos u otras situaciones de tensión.

  • Se puede producir la parálisis de una o más extremidades, pérdida de la sensibilidad, ceguera o sordera.

  • Generalmente se realiza una exploración médica exhaustiva para confirmar que los síntomas no derivan de un trastorno orgánico.

  • Una intervención del médico que tranquilice a la persona afectada, manteniendo una actitud de confianza y apoyo, puede ser beneficiosa; también pueden ser útiles la hipnosis y la terapia cognitivo-conductual.

El trastorno de conversión parece tener su origen en factores psicológicos, como el estrés y ciertos conflictos psíquicos, que la persona experimenta (o convierte) en forma de síntomas físicos.

Aunque el trastorno de conversión se inicia generalmente en los últimos años de la infancia o en los primeros de la edad adulta, puede aparecer a cualquier edad. Parece ser más frecuente en mujeres que en hombres.

Síntomas

Algunos síntomas, como la parálisis de una o varias extremidades o la pérdida de sensibilidad en una parte del cuerpo, pueden sugerir inicialmente la existencia de una alteración neurológica. Otros síntomas pueden parecerse a un ataque convulsivo o conllevar dificultades cognitivas, dificultad para tragar, o pérdida de uno de los sentidos principales, como la visión o la audición.

A menudo, los síntomas aparecen después de haber vivido un acontecimiento estresante de carácter psíquico o social. Los síntomas no son intencionados. Son lo bastante graves para causar un malestar significativo y provocar un deterioro funcional en la persona que los padece.

El trastorno de conversión puede aparecer en forma de un único episodio a lo largo de la vida o repetirse de manera esporádica. Generalmente los episodios son breves.

Diagnóstico

En primer lugar el médico descarta la existencia de trastornos físicos, en particular neurológicos, que puedan causar los síntomas mediante la elaboración de la historia clínica, una exploración física completa y la realización de pruebas disgnósticas. La clave para el diagnóstico es que los síntomas no coinciden con los causados por cualquier trastorno neurológico. Por ejemplo, la persona puede temblar y pensar que el temblor está causado por un trastorno convulsivo. Pero cuando se distrae, el temblor desaparece. Cuando se tiene un trastorno convulsivo, las distracciones no ponen fin al temblor.

Una vez se determina que los síntomas no se ajustan a los causados por un trastorno neurológico, el médico considera la posibilidad de un diagnóstico de trastorno por conversión. El diagnóstico se basa principalmente en toda la información obtenida durante la evaluación.

Tratamiento

Es esencial que exista una relación de confianza y de apoyo entre médico y paciente. El enfoque terapéutico más útil requiere la colaboración del médico de atención primaria con un psiquiatra y con un médico de otra especialidad, que puede ser un neurólogo o un internista.

Cuando el médico ha descartado la presencia de un trastorno orgánico y tranquiliza a la persona afectada explicándole que los síntomas no son indicativos de un grave trastorno subyacente, la persona en cuestión puede empezar a sentirse mejor, y los síntomas pueden ir remitiendo.

Los siguientes tratamientos pueden ser útiles:

  • La hipnosis, porque permite a la persona controlar los efectos que tienen el estrés y otros estados psicológicos sobre sus funciones corporales.

  • El narcoanálisis es una técnica similar a la hipnosis que se utiliza con muy poca frecuencia. Se distingue de esta última en que se emplean sedantes para la inducción a la somnolencia.

  • La psicoterapia, que incluye la terapia cognitivo-conductual, es eficaz para algunas personas.

Cualquier otro trastorno psiquiátrico (por ejemplo una depresión) debe ser tratado.