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Leucemia linfocítica crónica (LLC)

Por Michael E. Rytting, MD, Professor;Professor, Department of Leukemia, University of Texas MD Anderson Cancer Center;Department of Pediatrics, University of Texas MD Anderson Cancer

La leucemia linfocítica crónica es una enfermedad en la cual los linfocitos aparentemente maduros se convierten en cancerosos, y de manera gradual reemplazan a las células normales en los ganglios linfáticos.

  • Las personas afectadas pueden no tener síntomas, o presentar síntomas no específicos, como cansancio.

  • También pueden tener los ganglios linfáticos aumentados de tamaño y sensación de plenitud abdominal.

  • Para el diagnóstico son necesarios análisis de sangre y el examen de una muestra de médula ósea.

  • El tratamiento incluye fármacos antineoplásicos (quimioterápicos), anticuerpos monoclonales y, en algunos casos, radioterapia.

Más de tres cuartas partes de las personas con leucemia linfocítica crónica (LLC) son mayores de 60 años, y la enfermedad no se presenta en la infancia. Este tipo de leucemia afecta a los varones con una frecuencia de 2 a 3 veces mayor que en las mujeres. La LLC es el tipo de leucemia más frecuente en América del Norte y en Europa. Es rara en Japón y en el sudeste de Asia, lo cual indica que la genética tiene que ver con su aparición.

El número de linfocitos maduros cancerosos aumenta primero en la sangre, la médula ósea y los ganglios linfáticos, y después van extendiéndose al hígado y el bazo, que empiezan a aumentar de tamaño. Los linfocitos cancerosos en la médula ósea sustituyen a las células normales y provocan una disminución en el número de glóbulos rojos (eritrocitos), de glóbulos blancos (leucocitos) normales y de plaquetas (trombocitos) en la sangre. El nivel de anticuerpos, las proteínas que ayudan a combatir las infecciones, también disminuye. El sistema inmunitario, que por lo general defiende al organismo contra patógenos y sustancias extrañas, algunas veces actúa de manera inadecuada y reacciona destruyendo tejidos normales. Esta situación puede tener como resultado la destrucción de glóbulos rojos (eritrocitos) y de plaquetas.

En la gran mayoría de los casos, la LLC es un trastorno de los linfocitos B (ver Linfocitos B). Existen otros tipos de LLC no asociada a los linfocitos B. La tricoleucemia (leucemia de células peludas o pilosas), que es un tipo poco frecuente de leucemia de linfocitos B de lenta progresión, produce un gran número de glóbulos blancos (leucocitos) anormales que al microscopio muestran unas proyecciones pilosas. La LLC de linfocitos T es mucho menos frecuente que la de linfocitos B.

¿Sabías que...?

  • La leucemia linfocítica crónica no se produce en los niños.

Síntomas y diagnóstico

En los estadios iniciales de la LLC, la mayoría de las personas no presentan síntomas y la enfermedad se diagnostica solo por el incremento del número de glóbulos blancos (leucocitos). Los síntomas posteriores pueden incluir ganglios linfáticos aumentados de tamaño, fatiga, pérdida del apetito, pérdida de peso, ahogo durante la realización de esfuerzos físicos y sensación de plenitud abdominal producida por el aumento de tamaño del bazo.

A medida que la LLC progresa, las personas palidecen y presentan hematomas con facilidad. Las infecciones bacterianas, víricas y fúngicas generalmente no aparecen hasta un estadio más avanzado de la enfermedad.

Algunas veces, la LLC se diagnostica de manera casual, al observar, en un análisis de sangre solicitado por otra razón, un aumento en el número de linfocitos. Con frecuencia se realiza un examen de la médula ósea para confirmar el diagnóstico y determinar hasta qué punto la LLC ha avanzado (estadificación). Puede hacerse pruebas especializadas para caracterizar los linfocitos anormales en las células sanguíneas. Los análisis de sangre también muestran un número bajo de glóbulos rojos (eritrocitos), plaquetas y anticuerpos.

Pronóstico

Por lo general la LLC progresa lentamente. Los médicos determinan el progreso de la enfermedad para establecer un pronóstico de supervivencia. La estadificación se basa en factores como el número de linfocitos en la sangre y en la médula ósea, el tamaño del bazo y del hígado, la presencia o no de anemia, y el número de plaquetas.

Las personas con LLC a menudo sobreviven de 10 a 20 años, o más, tras el diagnóstico, y no suelen precisar tratamiento en los estadios iniciales de la enfermedad. Las personas anémicas o con un número bajo de plaquetas necesitan tratamiento más inmediato y tienen un pronóstico menos favorable. Habitualmente, la muerte se produce porque la médula ósea no logra producir un número suficiente de células normales para transportar oxígeno, combatir infecciones e impedir hemorragias. Por lo general, el pronóstico de la LLC de células T es peor.

Por razones probablemente relacionadas con cambios en el sistema inmunitario, las personas con LLC tienen más tendencia a desarrollar otros cánceres, como por ejemplo de piel o de pulmón. La LLC también puede transformarse en un tipo de cáncer del sistema linfático más agresivo (linfoma).

Tratamiento

Como la LLC progresa lentamente, muchas personas no necesitan tratamiento durante años, hasta que el número de linfocitos comienza a aumentar y causa síntomas, los ganglios linfáticos empiezan a incrementar su tamaño o el número de glóbulos rojos o de plaquetas disminuye.

Los fármacos, incluidos los corticoesteroides, los antineoplásicos y los anticuerpos monoclonales, ayudan a aliviar los síntomas y reducir el crecimiento de los ganglios linfáticos y del bazo, pero no curan la enfermedad. El tratamiento controla la LLC durante años y a menudo puede emplearse de nuevo con éxito cuando la leucemia reincide.

Para la LLC de linfocitos B, el tratamiento inicial incluye fármacos como la fludarabina y la ciclofosfamida, que matan las células cancerosas mediante interacción con el ADN. Actualmente, para tratar la LLC se utilizan la quimioterapia y un anticuerpo monoclonal denominado rituximab. Esta combinación normalmente es efectiva para producir la remisión. Finamente, la mayoría de las LLC se vuelve resistente a estos fármacos, y entonces se consideran tratamientos con otros fármacos u otros anticuerpos monoclonales (como el alemtuzumab). Para la tricoleucemia, la 2-clorodesoxiadenosina y la desoxicoformicina son muy efectivas y pueden controlar la enfermedad.

La anemia debida a una disminución en el número de glóbulos rojos (eritrocitos) se trata con transfusiones de sangre y, en algunos casos, con inyecciones de eritropoyetina o darbepoetina (fármacos que estimulan la formación de glóbulos rojos). El número bajo de plaquetas se trata con transfusiones de plaquetas, y las infecciones con antibióticos. La radioterapia se utiliza para reducir el tamaño de los ganglios linfáticos, del hígado o del bazo, cuando su aumento está causando molestias y la quimioterapia no ha sido eficaz.

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