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Introducción a los trastornos de la sangre

Por David J. Kuter, MD, DPhil, Harvard Medical School;Massachusetts General Hospital Cancer Center

Los trastornos que afectan a la sangre se denominan trastornos sanguíneos o trastornos hematológicos. Existen muchos trastornos de la sangre y pueden afectar tanto a la cantidad como a la funcionalidad de las células de la sangre (glóbulos sanguíneos), a las proteínas del sistema de coagulación de la sangre o al sistema inmunitario.

Ciertos trastornos sanguíneos pueden provocar una disminución del número de células sanguíneas:

Otros trastornos de la sangre provocan el aumento del número de células de la sangre:

Otros trastornos de la sangre afectan a las proteínas del interior de las células de la sangre o al plasma sanguíneo (la parte líquida de la sangre, ver Componentes de la sangre : Plasma):

La sangre fluye hacia todas las células del organismo y es importante para la salud y el funcionamiento de todos los órganos del cuerpo. Las células y las proteínas de la sangre realizan las funciones siguientes:

  • Los glóbulos rojos y la hemoglobina transportan oxígeno a todas las partes del organismo.

  • Los glóbulos blancos (leucocitos) y los anticuerpos combaten las infecciones y el cáncer.

  • Las plaquetas y los factores de coagulación de la sangre detienen las hemorragias o impiden que se produzcan.

Los trastornos de la sangre causan síntomas como consecuencia de la afectación de estas funciones y estos síntomas pueden surgir en cualquier tejido y órgano que se vea afectado de manera adversa (ver Síntomas de los trastornos de la sangre).

El médico pregunta acerca de los síntomas y realiza una exploración física (ver Historia clínica y exploración física en los trastornos sanguíneos), pero a menudo la presencia de un trastorno de la sangre se descubre por un análisis de sangre, como un hemograma completo (CBC, ver Hemograma completo) que se lleva a cabo cuando el médico está haciendo una valoración de un nuevo paciente o cuando se investiga por qué una persona no se encuentra bien. Para hacer el diagnóstico de un trastorno de la sangre, el médico normalmente tiene que hacer otros análisis de sangre y a veces es necesaria una biopsia de la médula ósea (ver Examen de la médula ósea).