Extraviado
Ubicaciones

Busque información sobre temas médicos, síntomas, fármacos, procedimientos, noticias y mucho más, escrita en lenguaje cotidiano.

Mieloma múltiple

(Mielomatosis; mieloma de células plasmáticas)

Por James R. Berenson, MD, President and Chief Medical Officer, Institute for Myeloma and Bone Cancer Research

El mieloma múltiple es un cáncer de células plasmáticas en el cual las células plasmáticas anormales se multiplican sin control en la médula ósea y, a veces, en otras partes del cuerpo.

  • Las personas sufren con frecuencia dolores óseos y fracturas, y también pueden tener problemas renales, un sistema inmunitario debilitado (inmunodeficiencia), debilidad y confusión.

  • El diagnóstico se realiza cuantificando los diferentes tipos de anticuerpos en sangre y orina, y se confirma con una biopsia de médula ósea.

  • Como tratamiento se emplean a menudo fármacos antineoplásicos y/o corticoesteroides.

La edad promedio de las personas con mieloma múltiple es alrededor de 65 años. Aunque su causa no es bien conocida, el hecho de que se observe una mayor incidencia de mieloma múltiple entre parientes cercanos indica que la herencia interviene como factor. Se cree que una posible causa es la exposición a algunos tipos de radiación, así como al benceno y otros solventes.

Normalmente, las células plasmáticas constituyen menos del 1% de las células en la médula ósea. En el mieloma múltiple, en general, la gran mayoría de los elementos de la médula ósea son células plasmáticas cancerosas. La proliferación de estas células conduce a una producción incrementada de proteínas que inhiben el desarrollo de otros elementos normales de la médula ósea, incluidos los glóbulos blancos (leucocitos), los glóbulos rojos (eritrocitos) y las plaquetas (partículas similares a células que contribuyen a la coagulación de la sangre). Además, las células plasmáticas anormales casi siempre producen una gran cantidad de un único tipo de anticuerpo, acompañado de una notable reducción en la cantidad de todos los demás tipos de anticuerpos normales.

Con frecuencia, los grupos de células plasmáticas cancerosas derivan en tumores en el interior de los huesos. Las células cancerosas también segregan sustancias que provocan pérdida ósea, generalmente de la pelvis, la columna vertebral, las costillas y el cráneo. Estos tumores no suelen desarrollarse en otras áreas distintas del hueso, aunque en algunas ocasiones se desarrollan en los pulmones, el hígado y los riñones.

Síntomas

Como los tumores de células plasmáticas a menudo invaden el hueso, aparece dolor óseo en la espalda, las costillas y las caderas. Otros síntomas son consecuencia de las complicaciones.

Complicaciones

Pueden producirse fracturas si los tumores de células plasmáticas provocan la pérdida de densidad ósea (osteoporosis) y debilitan los huesos.

Además, la movilización del calcio desde los huesos puede dar como resultado niveles anormalmente elevados de calcio en la sangre, lo cual puede causar estreñimiento, aumento en la frecuencia de la micción, problemas renales, debilidad y confusión.

La disminución en la producción de glóbulos rojos (eritrocitos) suele producir anemia, que causa fatiga, debilidad y palidez, y puede derivar en problemas cardíacos. La disminución en la producción de glóbulos blancos (leucocitos) da lugar a repetidas infecciones, que a su vez pueden causar fiebre y escalofríos. La disminución en la producción de plaquetas afecta la capacidad de la sangre para coagular y, en consecuencia, se producen con mayor facilidad hematomas y sangrados.

Resulta frecuente que algunos fragmentos de los anticuerpos monoclonales, conocidos como cadenas ligeras, terminen en el sistema colector de los riñones y, en algún caso, afecten de forma permanente a su función filtradora, ocasionando insuficiencia renal (riñón de mieloma). Los fragmentos de las cadenas ligeras de los anticuerpos que están presentes en la orina (o en la sangre) se conocen como proteínas de Bence-Jones. El aumento del número de células cancerosas en crecimiento puede dar lugar a la sobreproducción y la excreción de ácido úrico en la orina, y provocar la aparición de cálculos renales. Los depósitos de ciertos tipos de anticuerpos en los riñones u otros órganos pueden producir amiloidosis (ver Amiloidosis), otro trastorno grave que se encuentra en un pequeño número de personas con mieloma múltiple.

En casos raros, el mieloma múltiple interfiere con el flujo sanguíneo en la piel, los dedos de las manos y de los pies, la nariz, los riñones y el cerebro, ya que espesa la sangre (síndrome de hiperviscosidad, ver Síntomas y complicaciones).

Diagnóstico

El descubrimiento de un mieloma múltiple puede producirse incluso antes de que se desarrollen síntomas, cuando se realizan pruebas de laboratorio por alguna otra causa y revelan niveles elevados de proteínas en la sangre o en la orina, o bien cuando una prueba radiológica prescrita por otros motivos muestra la presencia de zonas específicas de pérdida ósea. La pérdida de tejido óseo puede ser generalizada o bien, con mayor frecuencia, aparecer en forma de imágenes aisladas en sacabocados.

Algunos síntomas, como por ejemplo el dolor de espalda u otros dolores óseos localizados, la fatiga, la fiebre y los hematomas, permiten sospechar el diagnóstico de mieloma múltiple. Los análisis de sangre que se realizan para investigar tales síntomas pueden revelar que una persona tiene anemia, un número bajo de glóbulos blancos, una cantidad también baja de plaquetas o insuficiencia renal.

Los análisis de sangre más útiles son la electroforesis de proteínas de sangre y orina y la inmunoelectroforesis. Estas pruebas detectan e identifican la proliferación de un tipo único de anticuerpo presente en la mayoría de las personas que padecen un mieloma múltiple. Los médicos también cuantifican los diferentes tipos de anticuerpos, especialmente IgG, IgA, e IgM.

Generalmente suelen medirse los niveles de calcio. Debe solicitarse una muestra de orina de 24 horas para medir la cantidad y los tipos de proteínas que contiene. Las proteínas de Bence-Jones se encuentran en la orina de la mitad de las personas que presentan mieloma múltiple.

Para confirmar el diagnóstico se realizan un aspirado y una biopsia de médula ósea (ver Examen de la médula ósea). En los casos de mieloma múltiple, estos estudios muestran un gran número de células plasmáticas anormalmente dispuestas en sábanas y grupos. Las células individuales también pueden ser anormales.

Además, otros análisis de sangre son útiles para determinar el grado de evolución del mieloma múltiple (estadificación). La presencia de niveles altos de beta-2-microglobulina y niveles bajos de albúmina en sangre en el momento del diagnóstico suele indicar un pronóstico de supervivencia corta y repercutir en las decisiones terapéuticas.

Incluso si los resultados de las radiografías sugieren el diagnóstico, se necesitan pruebas de diagnóstico por la imagen para determinar qué huesos se ven afectados. Suelen hacerse radiografías de todo el cuerpo (serie ósea radiográfica). Para examinar los lugares específicos de dolor óseo se puede hacer una resonancia magnética nuclear (RMN) o una tomografía por emisión de positrones (PET) en combinación con la tomografía computarizada (TC).

Tratamiento y pronóstico

El mieloma múltiple sigue siendo incurable a pesar de los recientes avances importantes en su tratamiento. Este se dirige a evitar o aliviar los síntomas y complicaciones, destruyendo las células plasmáticas anormales y retrasando la progresión del trastorno.

El tratamiento generalmente no comienza hasta que la persona desarrolla síntomas o complicaciones.

Se utilizan varios fármacos distintos para reducir la progresión del mieloma múltiple y eliminar las células plasmáticas anómalas. Los médicos utilizan diferentes combinaciones de fármacos en función de las características del mieloma y de si la persona es candidata a un trasplante de células madre. Las combinaciones de fármacos pueden consistir en talidomida, lenalidomida, pomalidomida y/o bortezomib o carfilzomib, además de los corticosteroides (como la dexametasona) y/o fármacos antineoplásicos. Los fármacos antineoplásicos son ciclofosfamida, melfalán, bendamustina y doxorrubicina. Puesto que la quimioterapia destruye tanto las células normales como las anómalas, es necesario controlar los niveles de los glóbulos sanguíneos y ajustar la dosis cuando el número de glóbulos blancos normales y de plaquetas disminuye demasiado.

¿Sabías que...?

  • A pesar de que puede originar defectos congénitos, los médicos emplean la talidomida, con estrictas precauciones, en el tratamiento del mieloma múltiple, por ser esta una enfermedad muy grave.

A veces los médicos hacen un trasplante de células madre en personas con buena salud subyacente y para las que el mieloma ha respondido a varios ciclos de tratamiento farmacológico. Se extraen células madre (células no especializadas que se transforman en glóbulos sanguíneos inmaduros, que finalmente maduran para convertirse en glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas) de la sangre de la persona afectada antes de administrar altas dosis de quimioterapia. Estas células madre son devueltas (trasplantadas) a la persona en cuestión tras el tratamiento de dosis altas (ver Trasplante de células madre). Generalmente, este procedimiento se reserva para personas menores de 70 años. Sin embargo, muchas de las nuevas combinaciones de fármacos son muy eficaces, por lo que el trasplante de células madre se está utilizando ahora con menos frecuencia.

Los analgésicos fuertes y la radioterapia dirigida a los huesos afectados contribuyen a aliviar el dolor óseo, que puede ser intenso. La radioterapia también puede evitar la aparición de fracturas. Sin embargo, la radioterapia puede dañar la función de la médula ósea, lo que repercute en la capacidad de la persona para ser tratada con fármacos antimieloma. La administración intravenosa mensual de pamidronato (un bisfosfonato, un medicamento que enlentece la pérdida de densidad ósea) u otro fármaco más potente, el ácido zoledrónico, reduce la aparición de complicaciones óseas; por eso, la mayoría de las personas con mieloma múltiple reciben estos medicamentos de por vida como parte de su tratamiento. Se debe estimular a las personas a ingerir suplementos de calcio y vitamina D, dado que no tienen altas concentraciones de calcio en la sangre. Además, los médicos deben animarlas a permanecer activas debido a que estas acciones ayudan a prevenir la pérdida ósea. El reposo prolongado en cama tiende a acelerar la pérdida ósea y hace que los huesos se vuelvan más propensos a las fracturas. La mayoría de las personas pueden llevar un estilo de vida normal y realizar la mayor parte de las actividades cotidianas.

La ingestión de gran cantidad de líquidos diluye la orina y ayuda a prevenir la deshidratación, que favorece la insuficiencia renal. Las personas que desarrollan problemas renales pueden beneficiarse de la plasmaféresis (ver Control de enfermedades mediante la purificación de la sangre).

Las personas que presentan signos de infección, fiebre, escalofríos, tos con producción de esputo o áreas enrojecidas en la piel, deben buscar atención médica inmediata porque pueden necesitar antibióticos. También pueden estar en riesgo de padecer infecciones por virus herpes zóster, especialmente cuando reciben tratamiento con medicamentos antimieloma, como el bortezomib. Un medicamento antiviral de administración oral denominado aciclovir utilizado a largo plazo ayuda a prevenir las infecciones por herpes. Como la persona presenta un mayor riesgo de infección, debe recibir vacunas contra el neumococo y la gripe.

Las personas con anemia grave requieren transfusiones de glóbulos rojos (eritrocitos). Fármacos como la eritropoyetina o la darbepoetina, que estimulan la producción de glóbulos rojos, pueden tratar adecuadamente la anemia en algunas personas. Algunas personas con anemia también pueden beneficiarse de la administración de suplementos de hierro.

Los niveles altos de calcio en sangre se tratan con fluidos y bisfosfonatos intravenosos.

Las personas que tienen niveles elevados de ácido úrico en la sangre o enfermedad diseminada pueden mejorar con alopurinol, un medicamento que inhibe la producción de ácido úrico en el organismo.

Hoy en día no existe cura disponible para el mieloma múltiple, pero la mayoría de las personas responden al tratamiento. Recientemente, el número de tratamientos efectivos ha aumentado y, en consecuencia, el promedio de supervivencia casi se ha duplicado. El tiempo de supervivencia varía mucho en función de ciertas características, como problemas renales, niveles de ciertas proteínas en la sangre, incluyendo la beta-2-microglobulina y la albúmina sérica, y características genéticas en el momento del diagnóstico, y en función también de la respuesta al tratamiento. La calidad de vida ha mejorado considerablemente gracias a los bisfosfonatos, que reducen las complicaciones óseas, y a sustancias que estimulan la producción de glóbulos sanguíneos (factores de crecimiento) para incrementar el número de glóbulos rojos y blancos, y también gracias a la aparición de mejores analgésicos. En ocasiones, las personas que sobreviven muchos años tras un tratamiento exitoso contra el mieloma múltiple desarrollan leucemia o pérdida irreversible de la función de la médula ósea. Estas complicaciones tardías pueden ser consecuencia de la quimioterapia y con frecuencia conducen a una anemia grave y a una mayor propensión a infecciones y hemorragias.

Dado que el mieloma múltiple es finalmente mortal, es oportuno que las personas que lo padecen hablen con sus médicos y sus familiares y amigos acerca de los cuidados terminales. Estas previsiones pueden incluir las voluntades anticipadas (ver Voluntades anticipadas), la alimentación por sonda y el alivio del dolor (ver Síntomas presentes durante una enfermedad mortal : Dolor).

Recursos en este artículo