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Linfocitopenia

Por Mary Territo, MD, University of California, Los Angeles

La linfocitopenia consiste en un número anormalmente bajo de linfocitos (un tipo de glóbulos blancos) en la sangre.

  • Muchos trastornos reducen su número, pero el sida y la malnutrición son los más frecuentes.

  • Las personas afectadas pueden no tener síntomas o, en algunos casos, tener fiebre y otros síntomas de infección.

  • Para establecer el diagnóstico de linfocitopenia se utiliza una muestra de sangre, pero para determinar su causa puede ser necesaria una muestra de médula ósea o de ganglios linfáticos.

  • Los médicos tratan la causa de la linfocitopenia.

  • A algunas personas se les administra gammaglobulina, y en ciertos casos resulta eficaz el trasplante de células madre (células progenitoras).

Por lo general, los linfocitos constituyen del 20 al 40% de los glóbulos blancos (leucocitos) que se encuentran en la sangre. El número de linfocitos suele estar por encima de 1500 células por microlitro de sangre en los adultos y de 3000 células por microlitro de sangre en los niños. Una reducción en el número de linfocitos puede no causar una disminución importante del número total de glóbulos blancos.

Son varios los trastornos que repercuten en una disminución del número de linfocitos en la sangre, entre ellos la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH, el virus que causa el sida). Los trastornos autoinmunitarios, como el lupus eritematoso sistémico, la artritis reumatoide y la miastenia grave, pueden disminuir el número de linfocitos. Asimismo, la inanición, el estrés importante, el uso de corticoesteroides (como prednisona), la quimioterapia para el cáncer y la radioterapia reducen temporalmente la cantidad de linfocitos. Una gran reducción en el número de linfocitos puede verse en ciertos trastornos hereditarios (las inmunodeficiencias hereditarias, ver ver Introducción a las inmunodeficiencias).

¿Sabías que...?

  • El sida y la desnutrición son las causas más frecuentes de linfocitopenia.

Existen tres tipos de linfocitos: los linfocitos B, los linfocitos T y los linfocitos citolíticos naturales (células NK), que desempeñan, todos ellos, funciones importantes en el sistema inmunitario. Un número bajo de linfocitos B lleva a una disminución en el número de células plasmáticas y a una baja producción de anticuerpos. Las personas con muy pocos linfocitos T o muy pocas células citolíticas naturales tienen problemas para controlar ciertas infecciones, en especial víricas, parasitarias y fúngicas. Es posible que las deficiencias importantes en los linfocitos den lugar a infecciones de difícil control, que pueden ser mortales.

Síntomas y diagnóstico

La linfocitopenia leve puede no causar síntomas y suele detectarse por casualidad en un hemograma completo realizado por otras causas. Una reducción drástica en el número de linfocitos da lugar a infecciones por bacterias, virus, hongos y parásitos.

Cuando el número de linfocitos desciende drásticamente, los médicos suelen hacer un análisis de sangre para detectar el VIH y otras infecciones, y a veces toman una muestra de médula ósea para examinarla al microscopio (examen de la médula ósea). La cantidad de cada uno de los tipos específicos de linfocitos (linfocitos T, linfocitos B y linfocitos citolíticos naturales) también puede determinarse en el análisis de sangre. La disminución de la cantidad de ciertas clases de linfocitos ayuda a los médicos a diagnosticar algunas enfermedades, como el sida o ciertas inmunodeficiencias hereditarias.

Tratamiento

El tratamiento depende principalmente de la causa. La linfocitopenia causada por fármacos suele normalizarse pocos días después de haberse interrumpido la administración del fármaco. Si está asociada al sida, el tratamiento combinado con al menos tres sustancias antivirales de diferentes clases incrementa el número de linfocitos T y mejora la supervivencia.

Se administra gammaglobulina (una sustancia rica en anticuerpos) para prevenir infecciones en personas con muy pocos linfocitos B (y que por lo tanto tienen una deficiencia en la producción de anticuerpos). En las personas con inmunodeficiencia hereditaria puede ser beneficioso un trasplante de médula ósea (células progenitoras o células madre). Ante una infección debe administrarse el antibiótico, antifúngico, antiviral o antiparasitario específico para combatir el agente infeccioso.

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