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Trastornos de los eosinófilos

Por Mary Territo, MD, Emeritus Professor of Medicine, Division of Hematology and Oncology, David Geffen School of Medicine at UCLA

Los eosinófilos son un tipo de leucocito que desempeñan un papel importante en la respuesta del organismo frente a las reacciones alérgicas, el asma, y la infección por parásitos. Los eosinófilos generalmente constituyen menos del 7% de los leucocitos circulantes (de 100 a 500 eosinófilos por microlitro de sangre). Estas células forman parte del sistema inmunitario y colaboran en la defensa contra ciertos parásitos, pero también participan en el proceso inflamatorio asociado con los trastornos alérgicos.

A veces, los eosinófilos causan inflamación en ciertos órganos y dan lugar a síntomas.

Bajo número de eosinófilos

Un número bajo de eosinófilos en la sangre (eosinopenia) puede observarse en el síndrome de Cushing, en infecciones sanguíneas (septicemia) y en el tratamiento con corticoesteroides. Sin embargo, un bajo número de eosinófilos no suele causar problemas debido a que otras partes del sistema inmunitario compensan adecuadamente esta alteración.

Un recuento bajo de eosinófilos suele detectarse por casualidad en un hemograma completo realizado por otras causas.

El tratamiento de la causa restaura el número normal de eosinófilos.

Número elevado de eosinófilos

Las causas más comunes de un número elevado de eosinófilos (llamado eosinofilia o hipereosinofilia) son:

  • Trastornos alérgicos

  • Infecciones por parásitos

  • Ciertos tipos de cáncer

Los trastornos alérgicos, incluyendo el asma, la rinitis alérgica, la dermatitis atópica y el eczema, a menudo aumentan el número de eosinófilos. Muchos parásitos, particularmente los que invaden los tejidos, causan eosinofilia. Los cánceres que causan eosinofilia incluyen ellinfoma de Hodgkin, la leucemia y los trastornos mieloproliferativos.

Si el número de eosinófilos es sólo ligeramente elevado, las personas afectadas no suelen presentar síntomas, mientras que su número elevado en sangre solamente suele descrubrirse cuando se realiza un hemograma completo por otras razones. Sin embargo, a veces, en particular cuando la elevación es muy marcada, el aumento del número de eosinófilos inflama los tejidos y causa daños en órganos. El corazón, los pulmones, la piel y el sistema nervioso son los más afectados, pero cualquier órgano puede resultar dañado.

Los síntomas están relacionados con el órgano afectado Por ejemplo, las personas pueden tener una erupción cuando se ve afectada la piel, sibilancias y dificultad para respirar cuando se ven afectados los pulmones, dificultad para respirar y fatiga (síntomas de insuficiencia cardíaca) cuando se afecta el corazón, o dolor de garganta y estómago cuando el esófago o el estómago resultan afectados. En consecuencia, los trastornos eosinofílicos se diagnostican de acuerdo con la ubicación en la que los niveles de eosinófilos aparecen elevados:

  • Neumonía eosinofílica (pulmones)

  • Cardiomiopatía eosinofílica (corazón)

  • Esofagitis eosinofílica (esófago)

  • Gastritis eosinofílica (estómago)

  • Enteritis eosinofílica (intestino delgado)

  • Colitis eosinofílica (intestino grueso)

A menudo, en un primer momento se llevan a cabo análisis y se tratan las causas más comunes de los síntomas que presentan las personas afectadas. Por ejemplo, podrían llevarse a cabo pruebas para la detección de infecciones y administrar antibióticos incluso si no se encontraran signos de infección. En estos casos, debido a que las personas afectadas todavía presentarían síntomas después del tratamiento, los médicos normalmente tomarían muestra de tejido para su examen (biopsia), en el que se observaría que aparecen eosinófilos en el órgano afectado.

El tratamiento de estos trastornos frecuentemente incluye corticoesteroides por vía oral.

Síndrome hipereosinófilo idiopático

El síndrome hipereosinófilo idiopático es un trastorno raro en el cual la cantidad de eosinófilos aumenta a más de 1500 células por microlitro de sangre durante más de 6 meses sin causa evidente.

Puede aparecer a cualquier edad, pero es más frecuente en los varones mayores de 50 años. El aumento del número de eosinófilos puede dañar el corazón, los pulmones, el hígado, la piel y el sistema nervioso. Por ejemplo, el corazón puede inflamarse como consecuencia de una complicación llamada endocarditis de Löffler, que da lugar a formación de coágulos de sangre, insuficiencia cardíaca, infarto de miocardio o disfunción de las válvulas cardíacas.

Los síntomas son pérdida de peso, fiebre, sudoración nocturna, cansancio, tos, dolor torácico, inflamación, dolor de estómago, erupciones, dolor, debilidad, confusión y coma. Algunos síntomas adicionales de este síndrome dependen de cuáles sean los órganos dañados.

Se sospecha este síndrome en personas que presentan estos síntomas y los análisis de sangre repetidos muestran que el número de eosinófilos está por encima de los valores normales de manera persistente. El diagnóstico se confirma al determinar que la causa de la eosinofilia no es una infección parasitaria, una reacción alérgica ni otro trastorno diagnosticable, y cuando en la biopsia se observan eosinófilos en los órganos.

Sin tratamiento, generalmente más del 80% de las personas con este síndrome mueren en menos de 2 años, pero con tratamiento, más del 80% sobreviven. La lesión cardíaca es la causa principal de muerte. A veces no es necesario el tratamiento y las personas solo requieren un control estricto durante 3 a 6 meses, pero la mayoría necesitan ser tratadas con prednisona, hidroxiurea o fármacos quimioterápicos.

Algunas personas con síndrome hipereosinófilo idiopático tienen una anomalía en un gen que regula el crecimiento celular. Este tipo de hipereosinofilia puede responder al tratamiento con imatinib, un fármaco utilizado para tratar el cáncer. Si el tratamiento con estos fármacos no tiene éxito, pueden utilizarse otros fármacos, que pueden combinarse con un procedimiento para eliminar los eosinófilos de la sangre (aféresis, ver Control de enfermedades mediante la purificación de la sangre).

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