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Efectos del envejecimiento en el sistema musculoesquelético

Por Alexandra Villa-Forte, MD, MPH, Staff Physician, Center for Vasculitis Care and Research, Department of Rheumatic and Immunologic Diseases, Cleveland Clinic

A partir de los 30 años, la densidad de los huesos comienza a disminuir tanto en hombres como en mujeres. Esta pérdida de densidad ósea se acelera en las mujeres tras la menopausia. Como resultado de ello, los huesos se vuelven más frágiles y más propensos a las fracturas (ver Osteoporosis), especialmente en la vejez.

A medida que se envejece, las articulaciones experimentan cambios en el cartílago y en el tejido conjuntivo. El cartílago interior de la articulación se vuelve más fino y sus componentes (los proteoglicanos, las sustancias que contribuyen a proporcionar resiliencia al cartílago) se alteran, lo que disminuye la resiliencia de la articulación y aumenta la propensión a las lesiones. Por todo ello, en algunas personas, las superficies articulares no se deslizan una sobre otra tan bien como solían hacerlo. Este proceso puede causar artrosis (ver Artrosis). Además, las articulaciones se vuelven más rígidas porque el tejido conjuntivo de los ligamentos y los tendones se vuelve más duro y quebradizo. Este cambio también limita la amplitud de movimiento de las articulaciones.

La pérdida de músculo (sarcopenia) es un proceso que comienza alrededor de los 30 años de edad y sigue avanzando durante el resto de la vida. En este proceso, disminuyen gradualmente tanto la cantidad de tejido muscular, como el número y el tamaño de las fibras musculares. La consecuencia de la sarcopenia es una pérdida gradual de masa y de fuerza de los músculos. Esta leve pérdida de fuerza muscular supone un aumento de carga sobre ciertas articulaciones (como las rodillas) y predispone a la persona afectada a sufrir artropatías y caídas. Afortunadamente, la pérdida de masa y fuerza musculares se puede evitar o al menos retrasar considerablemente mediante un programa de ejercicio regular. Los tipos de fibras musculares también se ven afectados por el envejecimiento. El número de fibras musculares que se contraen de forma más rápida disminuye mucho más que el número de fibras musculares que se contraen más lentamente. En consecuencia, los músculos no son capaces de contraerse tan rápidamente en la vejez.