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Artritis reactiva

Por Roy D. Altman, MD, Professor of Medicine, Division of Rheumatology and Immunology, University of California, Los Angeles

La artritis reactiva (anteriormente conocida como síndrome de Reiter) es una espondiloartritis que provoca inflamación de las articulaciones y de las zonas de inserción de los tendones en estas, a menudo relacionada con una infección.

  • El dolor y la inflamación articular se pueden presentar en respuesta a una infección, generalmente del tracto genitourinario o gastrointestinal.

  • También son frecuentes la inflamación de los tendones, las erupciones y el enrojecimiento ocular.

  • El diagnóstico se basa en los síntomas.

  • Los antiinflamatorios no esteroideos, la sulfasalazina, la azatioprina y el metotrexato son beneficiosos en el tratamiento de los síntomas.

La artritis reactiva es un tipo de espondiloartritis.

La artritis reactiva se llama así porque la inflamación articular parece ser una reacción a una infección originada en el tracto digestivo (gastrointestinal) o en los órganos genitales o urinarios (genitourinario).

Hay dos formas comunes de artritis reactiva:

  • Una se presenta asociada a enfermedades de transmisión sexual (ETS), como la infección por clamidias. Esta forma es más frecuente en hombres de 20 a 40 años de edad.

  • La otra forma suele aparecer después de infecciones intestinales como shigelosis, salmonelosis o infecciones por Yersinia o por Campylobacter.

La mayoría de las personas que tienen estas infecciones no desarrollan artritis reactiva. Las personas que sí la desarrollan en tales circunstancias parecen tener una predisposición genética a este tipo de reacción, en parte relacionada con el mismo gen encontrado en las personas que tienen espondilitis anquilosante. Existe alguna evidencia de que la bacteria clamidia y posiblemente otras bacterias se extienden realmente a las articulaciones, pero el papel de la infección y de la reacción inmunitaria a ella no está claro.

La artritis reactiva puede ir acompañada por inflamación de la conjuntiva (ver Introducción a los trastornos conjuntivales y esclerales) y de las membranas mucosas (tales como las de la boca y los genitales) y por una erupción característica. Esta forma de artritis reactiva antes se denominaba síndrome de Reiter.

Síntomas

El dolor articular y la inflamación pueden ser leves o graves. Se suelen afectar varias articulaciones al mismo tiempo, en especial las rodillas, las articulaciones de los dedos de los pies y las zonas en donde los tendones se insertan en los huesos, como los talones. A menudo, las grandes articulaciones de las extremidades inferiores son las más afectadas. La artritis reactiva afecta con frecuencia a las articulaciones de forma menos simétrica que la artritis reumatoide. Los tendones pueden estar inflamados y dolorosos. Cuando la enfermedad es grave suele cursar con dolor de espalda. Entre otros síntomas se incluyen febrícula, pérdida de peso y fatiga excesiva.

También se produce inflamación de la uretra (conducto que lleva la orina desde la vejiga hasta el exterior del cuerpo), habitualmente entre 7 y 14 días después de mantener relaciones sexuales, o en ocasiones después de haber sufrido diarrea.

  • En los varones, la inflamación de la uretra causa dolor moderado y supuración del pene o una erupción formada por úlceras pequeñas y a menudo indoloras localizada en el glande (balanitis circinada). La próstata puede estar inflamada y dolorosa.

  • Los síntomas genitales y urinarios en las mujeres, si es que aparecen, suelen ser leves y consisten en una ligera secreción vaginal o molestias al orinar.

La conjuntiva (la membrana que reviste el párpado y cubre el globo ocular) se enrojece e inflama, causando picor o ardor, sensibilidad a la luz y en ocasiones dolor y lagrimeo excesivo. Pueden aparecer pequeñas úlceras en la boca y en la lengua, que suelen ser indoloras o que duelen un poco al tocarlas. En ocasiones, aparece una erupción característica, constituida por manchas duras y gruesas en la piel, especialmente en las palmas de las manos y en las plantas de los pies y alrededor de las uñas (queratodermia blenorrágica).

En raras ocasiones, se desarrollan complicaciones en el corazón y los vasos sanguíneos (como la inflamación de la aorta), inflamaciones de las membranas que recubren los pulmones, insuficiencia de la válvula aórtica y síntomas cerebrales y de la médula espinal o del sistema nervioso periférico (que incluye todos los nervios que están fuera del cerebro y de la médula espinal).

Diagnóstico

  • Evaluación por un médico

  • Radiografía

La combinación de síntomas articulares y una infección previa, especialmente si la persona presenta síntomas genitales, urinarios, cutáneos y oculares, lleva al médico a sospechar la artritis reactiva. Debido a que estos síntomas pueden no aparecer simultáneamente, la enfermedad puede no ser diagnosticada hasta pasados varios meses.

No hay pruebas de laboratorio simples que permitan confirmar el diagnóstico de artritis reactiva, pero con frecuencia se realizan radiografías para valorar el estado de las articulaciones. Se deben hacer pruebas para descartar otros trastornos que causan síntomas similares.

Pronóstico

En la mayoría de las personas, los síntomas iniciales de artritis reactiva desaparecen en 3 o 4 meses, pero hasta un 50% de los pacientes sufren inflamación articular recurrente u otros síntomas durante varios años.

Pueden desarrollarse deformidades de las articulaciones, la columna y las articulaciones entre la columna vertebral y el hueso de la cadera (la articulación sacroilíaca) si los síntomas persisten o reaparecen con frecuencia. Algunas personas afectadas por artritis reactiva llegan a una situación de invalidez permanentemente.

Tratamiento

  • Fármacos o sustancias

  • Fisioterapia

Cuando la enfermedad afecta a los genitales o al tracto urinario, se administran antibióticos para tratar la infección, aunque el tratamiento no siempre es eficaz y no se conoce su duración óptima.

La inflamación articular suele tratarse con un fármaco antiinflamatorio no esteroideo (AINE). Se usan la sulfasalazina o fármacos que inhiben el sistema inmunitario (como la azatioprina o el metotrexato), igual que en la artritis reumatoide. A veces se utiliza apremilast. Este fármacop puede reducir la inflamación y ayuda a regular el sistema inmunológico.

Los corticoesteroides también se pueden inyectar en las articulaciones o en los tendones inflamados para aliviar los síntomas.

La fisioterapia es útil para mantener la movilidad articular durante la fase de recuperación.

La conjuntivitis y las úlceras cutáneas no suelen necesitar tratamiento, aunque una inflamación ocular grave (uveítis) requiere la aplicación de colirios de corticoesteroides y dilatadores de la pupila.