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Dolor musculoesquelético

Por Alexandra Villa-Forte, MD, MPH, Cleveland Clinic

El dolor es el síntoma principal en la mayoría de los trastornos musculoesqueléticos. El dolor varía de leve a grave; de agudo y corta duración a crónico y larga evolución; y puede ser local o generalizado (difuso).

Causas

La causa del dolor musculoesquéletico puede ser un trastorno óseo, articular o muscular; una lesión de los tendones, los ligamentos o de las bolsas sinoviales, o una combinación de estos. Los traumatismos son la causa más frecuente de dolor.

El dolor óseo es habitualmente profundo, penetrante o sordo. Por lo general, es el resultado de un traumatismo. Otras causas menos frecuentes son la infección ósea (osteomielitis), los trastornos endocrinológicos y los tumores.

El dolor muscular (denominado mialgia) es con frecuencia menos intenso que el dolor óseo, pero puede ser muy molesto. Por ejemplo, un espasmo muscular o un calambre en la pantorrilla (una contracción muscular sostenida y muy dolorosa) producen un dolor intenso. El dolor puede ocurrir cuando un músculo se ve afectado por una lesión, pérdida de flujo sanguíneo, infección, o un tumor.

El dolor en los tendones y los ligamentos suele ser menos acusado que el dolor óseo. A menudo se describe como «cortante» y aumenta cuando el tendón o el ligamento afectados se estiran o se mueven y por lo general se alivia con el reposo. Entre las causas frecuentes de dolor en los tendones se incluyen tendinitis, tenosinovitis, epicondilitis (epicondilitis lateral) y epitrocleítis (epicondilitis medial) y traumatismos tendinosos. La causa más frecuente de dolor en los ligamentos son los traumatismos (esguinces).

Las bolsas sinoviales (bolsas serosas o bursas) son pequeñas bolsas llenas de líquido que proporcionan un colchón de protección alrededor de las articulaciones. El dolor en la bolsa puede estar causado por un traumatismo, sobrecarga, gota o infección. Generalmente, empeora con los movimientos en los que está implicada la bolsa y se alivia con el reposo. La bolsa afectada puede inflamarse.

El dolor en las articulaciones (denominado artralgia) puede o no estar relacionado con la inflamación articular (artritis). La artritis puede causar inflamación y dolor. Una amplia variedad de trastornos pueden causar artritis, incluyendo la artritis inflamatoria (como la artritis reumatoide), la artrosis, la artritis infecciosa, la gota y los trastornos relacionados, las enfermedades autoinmunitarias y las vasculitis (como el lupus eritematoso sistémico y la púrpura de Henoch-Schönlein), la osteonecrosis, y las lesiones que afectan a la porción articular del hueso. El dolor artrítico puede ser de aparición reciente (agudo, por ejemplo, cuando está producido por infecciones, traumatismos o gota), o de larga evolución (crónico, por ejemplo, cuando está causado por la artritis reumatoide o la artrosis). El dolor causado por la artritis empeora con el movimiento, pero por lo general está presente incluso en reposo. A veces, el dolor que se origina en estructuras cercanas a la articulación, como los tendones y las bolsas sinoviales, parece tener su origen en la articulación.

La fibromialgia (ver Fibromialgia) puede causar dolor en músculos, tendones y ligamentos. Normalmente el dolor se percibe como dolor a la palpación en múltiples localizaciones y puede ser difícil de describir con precisión, pero por lo general no proviene de las articulaciones. Las personas afectadas suelen tener otros síntomas, como fatiga y trastornos del sueño.

Algunos trastornos musculoesqueléticos causan dolor por compresión de los nervios. Entre estos procesos se incluyen los síndromes por compresión de nervios periféricos (por ejemplo, los síndromes del túnel carpiano, ver ver Síndrome del túnel carpiano; el túnel cubital, ver ver Síndrome del túnel cubital y el túnel tarsiano, ver ver Síndrome del túnel tarsiano). El dolor tiende a irradiar a lo largo de la zona inervada por el nervio y es a veces quemante. Por lo general se acompaña de sensación de hormigueo, entumecimiento, o ambos.

A veces, un dolor que parece ser musculoesquelético está en realidad causado por un trastorno en otro sistema del organismo. Por ejemplo, el dolor de hombro puede ser causado por una enfermedad que afecte a los pulmones, al bazo o a la vesícula biliar. El dolor de espalda puede estar ocasionado por un cálculo renal, un aneurisma aórtico abdominal, una inflamación del páncreas o, en las mujeres, por trastornos pélvicos. El dolor en el brazo puede deberse a un ataque al corazón (infarto de miocardio).

Valoración

Al tratar de establecer la causa de dolor en las articulaciones, el médico determina en primer lugar:

  • Cuántas y qué articulaciones están involucradas

  • Si la parte central del esqueleto (es decir, la columna y la pelvis) está afectada

  • Si el dolor de las articulaciones es agudo o crónico

  • Qué factores alivian o empeoran el dolor

  • Si hay otros síntomas que afectan a otros órganos (por ejemplo, erupción cutánea, fiebre, o sequedad de ojos)

La identificación de estos factores proporciona pistas importantes sobre qué trastorno es el responsable más probable del dolor. El médico realiza una exploración física para determinar estos factores y detectar otros hallazgos importantes que podrían ayudar a determinar la causa del dolor.

A veces, el tipo de dolor sugiere cuál es su origen. Por ejemplo, el dolor que empeora con el movimiento orienta hacia un trastorno musculoesquelético. El dolor con espasmos musculares sugiere un trastorno muscular (a veces una lesión crónica de la médula). La zona de tumefacción o la localización de la zona que presenta dolor a la palpación (por ejemplo, una articulación, un ligamento o una bolsa sinovial) suelen indicar que ese es el origen del dolor. Sin embargo, con frecuencia estas características del dolor no son suficientes para establecer su origen ni su causa. Por ello, el médico normalmente hace un diagnóstico específico basándose en la presencia de otros síntomas, en hallazgos de la exploración y a menudo en los resultados de las pruebas de laboratorio y las radiografías. Por ejemplo, la enfermedad de Lyme a menudo causa dolor en las articulaciones con inflamación y erupción con manchas en ojo de buey, y los análisis de sangre muestran anticuerpos frente a la bacteria que la causa. La gota se caracteriza por un dolor súbito, con tumefacción y enrojecimiento en la articulación del dedo gordo del pie o en otras articulaciones; los análisis del líquido sinovial suelen mostrar la presencia de cristales de ácido úrico.

Pruebas complementarias

Los análisis de sangre son útiles solo para confirmar el diagnóstico de sospecha tras la exploración física. Un análisis de sangre aislado no establece ni confirma un diagnóstico. Ejemplos de estos análisis de sangre son el factor reumatoide y los anticuerpos antinucleares, los cuales se utilizan para ayudar al diagnóstico de muchas de las causas frecuentes de artritis, como la artritis reumatoide y el lupus eritematoso sistémico. Normalmente, este tipo de análisis se recomienda solo si los síntomas sugieren específicamente estas enfermedades.

Las radiografías se utilizan principalmente para obtener imágenes óseas; no muestran los músculos, los tendones ni los ligamentos. Normalmente se realizan si el médico sospecha una fractura o, con menos frecuencia, un tumor o una infección ósea, o para detectar alteraciones que confirmen la presencia de ciertos tipos de artritis (por ejemplo, artritis reumatoide o artrosis).

A diferencia de las radiografías simples, las resonancias magnéticas nucleares (RMN) identifican anomalías de las partes blandas como músculos, bolsas sinoviales, ligamentos y tendones. Así, la RMN puede utilizarse cuando el médico sospecha una lesión en un ligamento o tendón principal o en estructuras importantes dentro de una articulación; puede que no sea mejor que una radiografía estándar en la evaluación de muchas dolencias que cursan con dolor. La RMN puede detectar fracturas que no son evidentes en las radiografías.

La tomografía computarizada (TC) es más sensible que las radiografías y se utiliza a menudo para obtener más detalles sobre una fractura o sobre un problema óseo identificado en la radiografías simples. Una TC es útil si no se puede realizar o no está disponible la RMN.

Otras pruebas de diagnóstico por la imagen incluyen la ecografía, la artrografía (procedimiento radiológico que consiste en la inyección de un contraste radiopaco en el espacio articular para delimitar sus estructuras, como por ejemplo los ligamentos intraarticulares), y la gammagrafía. Estas pruebas pueden ayudar al médico a diagnosticar ciertas patologías. El médico en ocasiones puede necesitar extraer una muestra ósea, del tejido de revestimiento articular (sinovial), o de otros tejidos para su examen al microscopio (biopsia).

Las determinaciones en el líquido sinovial se suelen realizar si la articulación está hinchada. El médico extrae el líquido de la articulación tras esterilizar la piel con una solución antiséptica y tras infiltrar la piel con un anestésico. Luego se introduce una aguja en la articulación y se extrae el líquido sinovial (procedimiento denominado punción articular o artrocentesis). Este procedimiento causa poco o ningún dolor. Se examina al microscopio el líquido sinovial para determinar, entre otras cosas, si existen bacterias que puedan causar una infección y para detectar cristales responsables de la gota u otros trastornos relacionados.

Tratamiento

La mejor manera de aliviar el dolor es casi siempre tratar su causa. El médico puede recomendar un tratamiento con analgésicos (ver Tratamiento del dolor) como el paracetamol (acetaminofeno), antiinflamatorios no esteroideos (AINE) o, si el dolor es intenso, opiáceos. Dependiendo de la causa, la aplicación de frío o calor o la inmovilización de la articulación ayuda a aliviar el dolor musculoesquelético.