Extraviado
Ubicaciones

Busque información sobre temas médicos, síntomas, fármacos, procedimientos, noticias y mucho más, escrita en lenguaje cotidiano.

Tumores óseos

Por Michael J. Joyce, MD, Associate Clinical Professor, Orthopaedic Surgery;Orthopaedic Surgeon, Case Western Reserve University ;Cleveland Clinic

Los tumores óseos se deben al crecimiento de células anormales en los huesos.

  • Los tumores óseos pueden ser cancerosos (malignos) o no cancerosos (benignos) y pueden desarrollarse en el interior del propio hueso o extenderse a él desde otra parte del organismo.

  • Los tumores pueden originar un dolor óseo inexplicable que empeora progresivamente, tumefacción, o una propensión a que se produzcan fracturas con facilidad.

  • El diagnóstico se basa a veces en los resultados de las pruebas de imagen (como radiografía, tomografía computarizada, o resonancia magnética nuclear) pero a menudo requiere la extracción de una muestra de tejido del tumor o del hueso para examinarla al microscopio (biopsia).

Los tumores óseos pueden ser no cancerosos o cancerosos. Un tumor canceroso puede extenderse a otras zonas del organismo. Además, los tumores óseos pueden ser primarios o metastásicos. Los tumores primarios se originan en el propio hueso y pueden ser no cancerosos o cancerosos. Los tumores metastásicos son tumores cancerosos que tienen su origen en otra parte del organismo (por ejemplo, en la mama o en la próstata) y después se extienden al hueso. En los niños, la mayoría de los tumores óseos cancerosos son primarios. En los adultos, la mayoría de los tumores óseos cancerosos son metastásicos. En general, los tumores óseos no cancerosos son relativamente frecuentes, pero los tumores óseos primarios cancerosos son poco frecuentes: afectan a unas 2500 personas cada año en Estados Unidos. Esta cifra excluye el mieloma múltiple, un cáncer que afecta principalmente a la médula ósea dentro del hueso en lugar de tejido óseo duro.

Síntomas

A veces una persona tiene un bulto indoloro en un hueso que, con el tiempo, se vuelve doloroso, pero el primer síntoma suele ser el dolor óseo. El dolor puede ser intenso (algo similar al dolor de muelas), puede ocurrir en reposo o por la noche y tiende a empeorar progresivamente. En ocasiones un tumor, sobre todo si es canceroso, debilita un hueso, provocando que se fracture con poco o ningún esfuerzo (fractura patológica).

Diagnóstico

Una articulación o una extremidad que presenten un dolor persistente deben ser radiografiadas. Sin embargo, las radiografías tienden a mostrar solamente que hay una alteración que sugiere un crecimiento atípico o que hay una cavidad en el hueso, y con frecuencia no indican si un tumor es no canceroso o canceroso. Sin embargo, algunos tumores pueden identificarse como benignos mediante una radiografía. Por ejemplo, esta identificación es posible con frecuencia en la enfermedad ósea de Paget, los encondromas, los quistes óseos, los fibromas no osificantes (proliferaciones fibrosas sin tejido óseo) y la displasia fibrosa. Si una radiografía no es concluyente, la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética nuclear (RMN) ayudan a menudo a determinar la localización exacta y el tamaño del tumor y dan información adicional con respecto a su naturaleza, aunque estas pruebas no suelen proporcionar un diagnóstico específico.

Si se sospecha un cáncer o si su existencia es una posibilidad razonable, suele ser necesaria una biopsia para el diagnóstico. En muchos tumores, se toma una muestra introduciendo en ellos una aguja y sacando algunas células (biopsia por aspiración); sin embargo, como la aguja empleada es muy pequeña, a veces se toman en la muestra solo células normales y ninguna cancerosa, incluso aunque las cancerosas estén situadas justo al lado de las normales. Con frecuencia es necesario realizar una biopsia con una aguja más grande (biopsia con aguja gruesa) para poder examinar mayor cantidad de tejido. En ocasiones, para obtener una muestra adecuada para el diagnóstico es necesario utilizar una técnica quirúrgica denominada biopsia abierta, que se realiza al mismo tiempo que se está procediendo a la intervención quirúrgica para tratar el tumor.

Tumores óseos no cancerosos

Osteocondromas

Los osteocondromas (exostosis osteocartilaginosas) son el tipo más frecuente de tumor óseo no canceroso (benigno) y suelen aparecer en personas de 10 a 20 años de edad. Estos tumores son proliferaciones en la superficie de un hueso que protruyen como bultos duros. Una persona puede tener uno o varios osteocondromas. La predisposición a desarrollar varios se presenta en diferentes miembros de una misma familia.

En algún momento de su vida, alrededor del 10% de las personas que tienen más de un osteocondroma (osteocondromatosis múltiple) desarrolla un tumor óseo canceroso (maligno) denominado condrosarcoma (presumiblemente formado a partir de un osteocondroma ya existente). La extirpación quirúrgica es generalmente el proceder apropiado si uno de los tumores se agranda o causa nuevos síntomas (por ejemplo, si el tumor perjudica el crecimiento del hueso, aumenta de tamaño o presiona nervios cercanos, músculos o estructuras vecinas). Estas personas deben además visitar a su médico para someterse a exploraciones periódicas. Sin embargo, es improbable que las personas que tienen solo un osteocondroma desarrollen un condrosarcoma; por ello, no suele ser necesario extirpar un único osteocondroma a menos que cause síntomas.

Encondromas

Los encondromas pueden producirse a cualquier edad pero tienden a identificarse en personas de entre 10 y 40 años. Estos tumores se desarrollan en la parte central de un hueso. Con frecuencia se descubren cuando se realizan radiografías por otros motivos y a menudo se diagnostican por su apariencia radiológica. Algunos encondromas aumentan de tamaño y causan dolor. Si no causan dolor y no parecen ser cancerosos en las radiografías o en otras pruebas de diagnóstico por la imagen, no tienen que ser extirpados ni tratados. Sin embargo, se debe realizar un seguimiento radiológico para vigilar su tamaño. Si el tumor no puede ser identificado con certeza en las radiografías o si causa dolor, es necesaria la extracción de una muestra de tejido para examinarla al microscopio (biopsia) y determinar si es o no es canceroso.

Condroblastomas

Los condroblastomas son tumores poco frecuentes que crecen en los extremos de los huesos. Suelen presentarse en personas de entre 10 y 20 años de edad. Estos tumores pueden causar dolor, lo que lleva a su descubrimiento. Si no se tratan, pueden continuar creciendo y destruir el hueso y la articulación; por ello, su tratamiento consiste en la extirpación quirúrgica y en rellenar con un injerto óseo el hueco que dejan. El material para el injerto se obtiene de la pelvis de la persona afectada (autoinjerto), pero también puede ser tejido óseo procesado procedente de otra persona (aloinjerto) o un sustituto sintético de hueso. En ocasiones, estos tumores reaparecen después de la intervención quirúrgica.

Condromixofibromas

Los condromixofibromas son tumores muy poco frecuentes que aparecen en personas menores de 30 años. Se suelen localizar cerca de los extremos de los huesos de las extremidades. El dolor es el síntoma habitual. Tienen un aspecto característico en las radiografías. Su tratamiento consiste en la extirpación quirúrgica, que normalmente es curativa, aunque a veces estos tumores reaparecen.

Osteomas osteoides

Los osteomas osteoides son tumores muy pequeños que habitualmente se desarrollan en personas de edades comprendidas entre los 10 y los 35 años. Son más frecuentes en brazos y piernas, aunque pueden aparecer en cualquier hueso. Generalmente causan un dolor que empeora por la noche y se alivia con dosis bajas de aspirina (ácido acetilsalicílico) u otros fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE). En ocasiones, los músculos que rodean al tumor se estropean (atrofian). Este proceso puede mejorar tras la extirpación del tumor. Si el tumor se desarrolla cerca de la placa de crecimiento (la zona de un hueso a partir de la cual se produce el crecimiento en los niños), se sobreestimula el crecimiento óseo. Esto hace que las extremidades crezcan de modo desigual una de otra. Las gammagrafías óseas con trazadores radiactivos ayudan a determinar la localización exacta del tumor. A veces la localización del tumor es difícil, por lo que es necesario practicar pruebas adicionales, como la tomografía computarizada (TC).

Para tratar el tumor de forma definitiva, el médico suele puncionar la piel e insertar en el interior del tumor una sonda parecida a una aguja, utilizando la TC como guía para la colocación. Luego se aplica un pulso de radiofrecuencia para destruir el tumor. Mientras se realiza esto, la persona está bajo anestesia general, anestesia epidural o bloqueo nervioso anestésico (ver Anestésicos). El pronóstico es bueno y el dolor suele desaparecer. Otra forma de eliminar permanentemente el dolor consiste en extirpar quirúrgicamente el tumor. Algunas personas prefieren tomar analgésicos de forma indefinida como alternativa en lugar de someterse a la operación quirúrgica. El dolor puede desaparecer finalmente sin tratamiento.

Tumores de células gigantes

Los tumores de células gigantes o gigantocelulares suelen aparecer en personas de 20 a 30 años de edad. Estos tumores se originan habitualmente en los extremos de los huesos y pueden extenderse a los tejidos adyacentes. Generalmente causan dolor. El tratamiento depende del tamaño del tumor. Es posible extirparlo quirúrgicamente y rellenar el hueco resultante con un injerto óseo o con cemento óseo sintético para preservar la estructura del hueso. En ocasiones, los tumores muy extensos requieren la extirpación del segmento de hueso afectado y la reconstrucción de la articulación. Uno de los tratamientos es un procedimiento quirúrgico denominado legrado óseo, en el cual el tumor se raspa con un instrumento en forma de pala. Después de este tratamiento, alrededor del 10% de los tumores reaparecen. Los tumores de células gigantes rara vez se convierten en cancerosos.

Tumores óseos cancerosos primarios

Mieloma múltiple

El mieloma múltiple (ver Mieloma múltiple) es el tumor óseo canceroso (maligno) primario más frecuente y en la mayoría de los casos aparece en personas ancianas. Sin embargo, es un cáncer que afecta a la médula ósea (el tejido hematopoyético del interior de la cavidad del hueso) más que al tejido compacto que constituye el hueso. Por esta razón, no siempre se le considera un tumor óseo primario. El mieloma múltiple es más frecuente que los cánceres del tejido óseo cortical. Puede afectar a uno o a más huesos, por lo que el dolor aparece en una o en varias localizaciones. Si solo queda afectado un hueso en una única zona, el trastorno es denominado plasmocitoma. Si queda afectada más de una zona, se le denomina mieloma múltiple. El tratamiento es complejo e incluye quimioterapia, radioterapia y, a veces, cirugía.

Osteosarcoma

El osteosarcoma (sarcoma osteogénico) es el segundo tipo más frecuente de tumores óseos cancerosos primarios pero es menos frecuente que el mieloma múltiple. Este cáncer provoca el crecimiento de células óseas anormales. Aunque son más frecuentes en personas con edades comprendidas entre los 10 y los 25 años, los osteosarcomas pueden aparecer a cualquier edad. A veces, este tipo de tumor se desarrolla en personas ancianas con enfermedad ósea de Paget (ver Enfermedad ósea de Paget), que han recibido radioterapia en los huesos o que tienen áreas de tejido óseo muerto debidas a la anemia de células falciformes y a otros trastornos (infartos óseos). Aproximadamente la mitad de estos tumores se presentan en la rodilla o alrededor de esta, aunque se pueden originar en cualquier hueso. Tienden a extenderse (metastatizar) a los pulmones. Habitualmente, estos tumores producen dolor y tumefacción. Se realizan radiografías, pero para el diagnóstico es necesaria la extracción de una muestra de tejido para su examen al microscopio (biopsia). Para detectar las metástasis del cáncer en el pulmón se necesita una radiografía de tórax y una tomografía computarizada (TC) y para detectar el cáncer que se ha extendido a otros huesos se necesita una gammagrafía ósea.

Los osteosarcomas suelen tratarse con una combinación de quimioterapia y cirugía. Habitualmente se administra primero la quimioterapia. El dolor disminuye con frecuencia durante esta fase del tratamiento. Después el tumor es extirpado quirúrgicamente sin romperlo (invadirlo), es decir, se extirpa por completo, sin cortarlo, ya que se diseminarían sus células, lo que podría provocar que el cáncer reapareciera en la misma zona.

Aproximadamente el 65% de las personas que tiene este tipo de tumor sobreviven al menos 5 años después del diagnóstico si han recibido tratamiento antineoplásico y el cáncer no ha metastatizado. Si la quimioterapia destruye casi todo el cáncer, la probabilidad de sobrevivir al menos 5 años es mayor del 90%. Debido a la mejora de las técnicas quirúrgicas, el brazo o la pierna afectados pueden frecuentemente salvarse y reconstruirse. En el pasado, por lo general, la extremidad afectada tenía que ser amputada.

Fibrosarcomas y fibrohistiocitomas malignos

Los fibrosarcomas y los fibrohistiocitomas malignos afectan al mismo grupo de edad y son similares a los osteosarcomas en apariencia, localización, síntomas y pronóstico. Estos tumores cancerosos tienen células que producen tejido fibroso (conjuntivo) canceroso en vez de tejido óseo canceroso. El tratamiento es similar al del osteosarcoma.

Condrosarcomas

Los condrosarcomas son tumores formados por células cartilaginosas cancerosas. Estos tumores tienden a aparecer en personas mayores. Muchos condrosarcomas son tumores de crecimiento lento o de bajo grado, lo que significa que la probabilidad de que se extiendan es menor que en algunos otros tumores. Frecuentemente se curan con cirugía. Sin embargo, algunos condrosarcomas son tumores de alto grado, que tienden a metastatizar. Para establecer el diagnóstico es necesario realizar una biopsia.

Los condrosarcomas de bajo grado son frecuentemente extirpados del hueso raspándolos con un instrumento en forma de pala (legrado óseo) y mediante la utilización de nitrógeno líquido, fenol o un rayo de argón para matar las células tumorales superficiales incrustadas en el hueso. Otros condrosarcomas deben ser extirpados quirúrgicamente en su integridad, es decir, sin dañar (invadir) el tumor, por el riesgo de diseminación de las células tumorales. Estos tumores no responden a la quimioterapia ni a la radioterapia. Casi nunca es necesaria la amputación del brazo o la pierna. Más del 75% de las personas afectadas por condrosarcoma sobreviven si el tumor se extirpa íntegro.

Sarcoma de Ewing

El sarcoma de Ewing es un tumor canceroso que afecta con mayor frecuencia a varones que a mujeres y se presenta principalmente en personas de entre 10 y 25 años de edad. La mayoría de estos tumores se desarrollan en brazos y piernas, aunque pueden aparecer en cualquier hueso. Los síntomas más frecuentes son el dolor y la tumefacción. Estos tumores llegan a ser bastante grandes, afectando en ocasiones al hueso en toda su longitud. El tumor puede incluir una gran masa de tejido blando (no óseo). Para el diagnóstico se necesita una biopsia, aunque la TC y la resonancia magnética nuclear (RMN) ayudan a determinar el tamaño exacto del tumor. El tratamiento incluye varias combinaciones de cirugía, quimioterapia y radioterapia, dependiendo de si la cirugía es conveniente o, en caso de que se haya intentado, de si ha tenido éxito. Con el tratamiento se cura más del 60% de las personas que tienen sarcoma de Ewing.

Linfoma de hueso

El linfoma óseo (anteriormente denominado sarcoma de células reticulares) es un tumor canceroso que generalmente afecta a personas de edades comprendidas entre los 40 y los 50 años. Puede originarse en cualquier hueso o bien en otra parte del organismo y extenderse después al hueso. Habitualmente, este tumor causa dolor y tumefacción y una acumulación de tejido blando. El hueso dañado es propenso a fracturarse. El tratamiento consistente en una combinación de quimioterapia y radioterapia parece ser tan eficaz como la amputación o la extirpación quirúrgica del tumor. La amputación solo es necesaria en casos poco frecuentes. Cuando un hueso parece propenso a fracturarse, los médicos lo estabilizan quirúrgicamente con el fin de evitar su fractura.

Tumores malignos de células gigantes

Los tumores malignos de células gigantes o tumores gigantocelulares son raros y cancerosos y con frecuencia se localizan en el extremo de un hueso largo (húmero o fémur). El tratamiento es parecido al de los osteosarcomas, pero el índice de curaciones es bajo.

Cordomas

Los cordomas son infrecuentes y cancerosos y tienden a presentarse en los extremos de la columna vertebral, generalmente en el centro de la base de la columna (sacro) o en el cóccix, o bien cerca de la base del cráneo. Un cordoma que afecta al sacro o al cóccix causa un dolor casi continuo. Si está localizado en la base del cráneo causa problemas en los nervios, sobre todo en los oculares. Los síntomas pueden estar ya presentes de meses a varios años antes de que se realice el diagnóstico. Los cordomas no suelen extenderse a otros huesos, pero pueden reaparecer. Los que afectan al sacro o al cóccix pueden curarse mediante extirpación quirúrgica. Los localizados en la base del cráneo habitualmente no pueden curarse con cirugía pero pueden responder a la radioterapia.

Tumores óseos metastásicos

  • Los cánceres, en particular los de mama, pulmón, próstata, riñón, glándula tiroidea y colon, pueden extenderse al hueso (metastatizar).

  • Una prueba de diagnóstico por la imagen puede mostrar la alteración ósea, o bien puede ser necesario extraer y analizar una muestra de tejido (biopsia).

  • Puede aplicarse un tratamiento de radioterapia, quimioterapia o cirugía.

El cáncer de próstata en los varones y el de mama en las mujeres son los cánceres más frecuentes. El cáncer de pulmón es la causa más frecuente de muerte por cáncer en ambos sexos. Los tumores óseos metastásicos son cánceres que se han extendido al hueso desde su localización original en algún otro lugar del organismo (ver Desarrollo y diseminación del cáncer). Entre los cánceres con mayor probabilidad de extenderse a los huesos se incluyen los de mama, pulmón, próstata, riñón, tiroides y colon. Sin embargo, cualquier cáncer puede finalmente extenderse al hueso. El cáncer puede extenderse a cualquier hueso, aunque no es frecuente que los cánceres se extiendan a huesos situados por debajo de la mitad del antebrazo o de la pantorrilla. Cuando lo hacen, en la mayoría de los casos las metástasis provienen de un cáncer de pulmón o a veces de un cáncer renal.

Diagnóstico

Una persona que tenga o que haya tenido cáncer y presente dolor o tumefacción en los huesos, debe ser examinada para descartar posibles tumores óseos metastásicos. Las gammagrafías óseas, que utilizan trazadores radiactivos, y las radiografías ayudan a localizar estos tumores. La resonancia magnética nuclear (RMN) o la tomografía por emisión de positrones (PET) son incluso más precisas. En ocasiones, un tumor metastásico en el hueso provoca síntomas incluso antes de que se haya detectado el cáncer original. Los síntomas consisten en dolor o en una fractura en la zona donde el tumor ha debilitado el hueso (una fractura patológica). En estas situaciones, la biopsia suele dar pistas para la localización del cáncer original, ya que el tipo de tejido canceroso puede ser reconocido con frecuencia al microscopio, permitiendo al médico localizar el cáncer primario (por ejemplo, pulmón, mama, próstata, riñón, tiroides o colon).

Tratamiento

El tratamiento depende del tipo de cáncer que se ha extendido al hueso. Algunos tipos responden a la quimioterapia, otros a la radioterapia, algunos a ambos tratamientos y otros a ninguno de los dos. La radioterapia suele ser lo más eficaz. La estabilización quirúrgica del hueso puede a veces evitar las fracturas. Algunas lesiones óseas metastásicas requieren la extirpación de parte de una extremidad y la reconstrucción posterior de la misma y de la articulación. Cuando el cáncer original (primario) se ha extirpado y existe una sola metástasis en el hueso (en especial cuando las metástasis se desarrollan años después del tumor original), la extirpación quirúrgica con reconstrucción, a veces combinada con radioterapia, quimioterapia o ambas, aunque no suele ser curativa, sí puede mejorar significativamente la calidad de vida, así como también la función o la apariencia estética de la extremidad.

Uno de los objetivos del tratamiento es reducir al mínimo la pérdida de tejido óseo. La pérdida del tejido óseo causa dolor y hace que los huesos sean propensos a las fracturas, cuyo tratamiento requiere a veces cirugía. La pérdida ósea se puede minimizar utilizando radioterapia y fármacos que evitan la pérdida de hueso (como los bisfosfonatos) antes de que sea extensa y cause dolor. Si el tumor provoca aplastamiento vertebral pero no hay compresión de la médula espinal, se utiliza la cifoplastia. En la vertebroplastia (solo inyección) o la cifoplastia (utilización previa de un balón elástico), el cemento óseo (metilmetacrilato) se inyecta en el interior del hueso para hacer que el área se expanda, lo cual alivia el dolor y evita un aplastamiento mayor. Si parece que existe riesgo de que los tumores se colapsen y lesionen la médula espinal (causando, por ejemplo, paraplejia) es necesario un tratamiento para descargar la presión y estabilizar la columna vertebral.