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Prueba de esfuerzo

Por Michael J. Shea, MD, University of Michigan Health Systems

Someter al corazón a una prueba de esfuerzo (mediante ejercicio físico o utilizando fármacos estimulantes que aceleran el latido cardíaco y lo hacen más contundente) puede ayudar a identificar una enfermedad de las arterias coronarias (arteriopatía coronaria). En dicha enfermedad, se produce una obstrucción parcial o total del flujo sanguíneo a través de las arterias (que son las encargadas de la irrigación sanguínea del músculo cardíaco). Si la obstrucción de las arterias coronarias es solo parcial, el corazón puede estar irrigado adecuadamente cuando la persona se encuentra en reposo, pero no cuando el corazón está trabajando con intensidad. Por lo tanto, someter al corazón a una prueba de esfuerzo puede ayudar a identificar la existencia de una enfermedad de las arterias coronarias. Dado que las pruebas de esfuerzo controlan específicamente el funcionamiento cardíaco, ayudan a los médicos a distinguir las enfermedades del corazón de otras alteraciones que también limitan la capacidad de ejercicio físico, como afecciones pulmonares, anemia y deterioro del estado físico general.

La prueba de esfuerzo tiene dos partes. Mediante ejercicio o con ayuda de un medicamento, se provoca un estrés cardíaco, haciendo que los latidos del corazón se aceleren y se comprueban así los signos de flujo sanguíneo inadecuado en el corazón. Durante dicho estudio también se realiza un control para detectar síntomas que sugieran enfermedad de las arterias coronarias, como la hipotensión arterial, la dificultad respiratoria y el dolor torácico.

Para provocar el esfuerzo cardíaco, la mayoría de las personas han de caminar sobre una cinta de correr o pedalear en una bicicleta estática. Gradualmente, se incrementa el ritmo de los movimientos del ejercicio y la fuerza que se requiere para hacerlo (carga de trabajo). Se controla el electrocardiograma (ECG) de forma continua y se mide la presión arterial a intervalos. Por lo general, se solicita a la persona que está siendo examinada que continúe caminando hasta que la frecuencia cardíaca alcance un valor entre el 80 y el 90% del valor máximo de acuerdo con la edad y el sexo. Si algunos síntomas, como la disnea o el dolor torácico, causan un malestar importante o si aparecen anomalías relevantes en el ECG o en el registro de la presión arterial, la prueba se interrumpe. La duración es de unos 30 minutos. La prueba de esfuerzo conlleva algún riesgo. La posibilidad de que ocasione un infarto de miocardio o la muerte es de 1 entre 5000.

Quienes no pueden hacer suficiente ejercicio para someterse a la prueba pueden ser valorados mediante pruebas de esfuerzo farmacológicas. Para estas últimas se les inyecta un fármaco como el dipiridamol, la dobutamina o la adenosina, con el objeto de simular los efectos del ejercicio físico sobre el corazón.

El ECG es la prueba que más se suele utilizar para comprobar la reducción del flujo sanguíneo en las arterias coronarias. En algunos casos se llevan a cabo, como parte de la prueba de estrés, otras pruebas más precisas, aunque más caras, como la ecocardiografía y la gammagrafía (ver Otras pruebas para la valoración de trastornos cardiovasculares: : Gammagrafía).

Ninguna prueba es perfecta. En ocasiones se detectan anomalías en personas que no sufren arteriopatía coronaria (resultado falso positivo) y otras veces no se detectan en quienes efectivamente sufren la enfermedad (resultado falso negativo). En las personas que no presentan síntomas, sobre todo si son jóvenes, la probabilidad de sufrir una arteriopatía coronaria es baja, aunque el resultado de la prueba así lo indique. En estos casos suele ser más probable que un resultado positivo sea falso que no que sea verdadero. Estos resultados falso positivos pueden causar preocupación y gastos médicos considerables. Por estas razones, la mayoría de los expertos desaconsejan que las personas asintomáticas sean sometidas a una prueba de esfuerzo en revisiones rutinarias (como las que se solicitan para iniciar un programa de ejercicio físico o en la revisión para contratar un seguro de vida).

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