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Pruebas de diagnóstico por la imagen del hígado y de la vesícula biliar

Por Nicholas T. Orfanidis, MD, Clinical Assistant Professor, Thomas Jefferson University Hospital

Las pruebas de diagnóstico por la imagen del hígado, la vesícula biliar y las vías biliares incluyen la ecografía, la gammagrafía, la tomografía computarizada, la resonancia magnética nuclear, la colangiopancreatografía retrógrada endoscópica, la colangiografía transhepática percutánea, la colangiografía intraoperatoria y las radiografías simples.

Ecografía

La ecografía utiliza ondas de sonido (ver Ecografía) para ofrecer imágenes de los conductos del hígado, la vesícula y las vías biliares. La ecografía transabdominal es más útil para detectar anomalías estructurales que afecten únicamente a ciertas partes del hígado, como tumores, que para detectar anomalías que afecten al hígado entero de modo uniforme, como la cirrosis (cicatrización grave del hígado) o el hígado graso (exceso de grasa en el hígado). Es la técnica más económica y segura para obtener imágenes de la vesícula biliar y las vías biliares.

Mediante la ecografía, el médico detecta fácilmente los cálculos en la vesícula biliar. La ecografía de abdomen permite distinguir si la ictericia (coloración amarillenta de la piel y del blanco de los ojos, ver Ictericia en adultos) es causada por la obstrucción de las vías biliares o por células hepáticas disfuncionales. Si la ecografía muestra conductos biliares dilatados (ensanchados), la causa es una obstrucción. La ecografía también sirve de guía cuando el médico inserta una aguja para obtener una muestra de tejido para una biopsia.

Un tipo de ecografía, llamada ecografía Doppler, muestra la sangre fluyendo a través de los vasos sanguíneos del hígado. La ecografía Doppler puede detectar obstrucciones en las arterias y venas del hígado, especialmente en la vena porta, que transporta la sangre desde los intestinos hasta el hígado. Esta ecografía también detecta los efectos de una presión sanguínea elevada en el interior de la vena porta (una situación denominada hipertensión portal, ver Hipertensión portal). La ecoendoscopia o ecografía endoscópica emplea una pequeña sonda situada en la punta de un endoscopio que se introduce a través de la boca hasta el estómago y el primer segmento del intestino delgado (duodeno), lo que permite colocar la sonda más cerca del hígado y sus órganos circundantes.

Gammagrafía

La gammagrafía (ver Gammagrafía) emplea una sustancia que contiene un marcador radiactivo; dicho marcador, inyectado por vía intravenosa, se acumula en un órgano determinado. La radiactividad es detectada por una cámara de rayos gamma colocada en la parte superior del abdomen y conectada a una computadora que genera una imagen. La gammagrafía hepática utiliza una sustancia radiactiva que se acumula en las células hepáticas.

La colecistogammagrafía (gammagrafía hepatobiliar), otra técnica de medicina nuclear, permite visualizar el movimiento de una sustancia radiactiva al ser secretada por el hígado y pasar al interior de la vesícula biliar y a través de las vías biliares hacia el duodeno (el primer segmento del intestino delgado). Está técnica detecta la obstrucción del conducto cístico (el conducto que une la vesícula con la vía biliar principal, ver figura El hígado y la vesícula biliar). Dicha obstrucción es un indicador de una inflamación aguda de la vesícula biliar (colecistitis, ver Colecistitis).

Tomografía computarizada

La tomografía computarizada (TC, ver Tomografía computarizada (TC)) proporciona imágenes excelentes del hígado. Es especialmente útil para detectar tumores. También detecta depósitos de pus (abscesos) y algunos trastornos que afectan a todo el hígado de modo uniforme, como el hígado graso (exceso de grasa en el hígado).

Resonancia magnética nuclear

La resonancia magnética (RMN, ver Resonancia magnética nuclear (RMN)) detecta ciertos trastornos del hígado, como la hepatitis, la hemocromatosis y la enfermedad de Wilson, que afectan a todas las áreas del hígado de modo uniforme. La RMN muestra el flujo sanguíneo y proporciona información sobre trastornos de los vasos sanguíneos.

Mediante la tecnología de RMN también se obtienen imágenes de las vías biliares y las estructuras adyacentes, utilizando una técnica llamada colangiopancreatografía por resonancia magnética (CPRM). Las imágenes obtenidas son tan útiles como las que se consiguen mediante pruebas más invasivas, en las que se inyecta directamente un líquido de contraste en los conductos biliar y pancreático. A diferencia de la TC, las pruebas de RMN no requieren exposición a los rayos X, aunque son más caras que la TC y requieren más tiempo.

Colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE)

La colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE) consiste en introducir un endoscopio (un tubo flexible de visualización) a través de la boca, el esófago y el estómago hasta el duodeno. Una vez allí, se inserta un pequeño tubo a través del endoscopio hacia el interior de las vías biliares. El médico inyecta un contraste radiopaco en las vías biliares a través del tubo y, al mismo tiempo, se realizan radiografías tanto de las vías biliares como del conducto pancreático. A veces se utiliza la CPRE simplemente para ver las estructuras de las vías biliares, aunque en estos casos se suele preferir hacer una CPRM si existe disponibilidad, porque tiene la misma utilidad y es más segura. Sin embargo, a diferencia de otras pruebas diagnósticas, la CPRE permite a los médicos realizar biopsias y ciertos tratamientos, ya que durante el procedimiento se utiliza un endoscopio. Por ejemplo, con el endoscopio puede extraerse un cálculo instalado en la vía biliar o insertar un tubo (stent o endoprótesis vascular) para sortear una obstrucción de los conductos biliares causada por un cáncer. Las complicaciones en la aplicación de la CPRE (tales como inflamación del páncreas o hemorragias) ocurren en el 1% de los casos. Si durante la CPRE se lleva a cabo algún tratamiento, las complicaciones son más frecuentes.

Qué es la colangiopancreatografía retrógrada endoscópica

En la colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE), se introduce un contraste radiopaco mediante un endoscopio (un tubo de visualización flexible) que se inserta por la boca y se hace llegar a través del estómago hasta el duodeno (el primer segmento del intestino delgado). El contraste radiopaco se inyecta en la vía biliar nada más pasar el esfínter de Oddi. El medio de contraste fluye entonces de manera retrógrada por los conductos biliares y suele mostrar los conductos pancreáticos.

También se pueden utilizar instrumentos quirúrgicos con el endoscopio, lo que permite al médico extraer un cálculo de la vía biliar o insertar un tubo (stent o endoprótesis vascular) para sortear una obstrucción de la vía biliar producida por fibrosis o por cáncer.

Colangiografía transhepática percutánea

La colangiografía transhepática percutánea consiste en la introducción de una aguja larga en el hígado a través de la piel y la inyección posterior de un contraste radiopaco en una vía biliar del hígado, utilizando la ecografía como guía. Las radiografías obtenidas muestran claramente las vías biliares, especialmente cualquier obstrucción en las mismas. Como la CPRE, la colangiografía transhepática percutánea se usa con mayor frecuencia para tratamientos o biopsias que para la obtención de imágenes de las vías biliares. Las complicaciones de la colangiografía transhepática percutánea, como hemorragias o lesiones internas, la convierten en un método menos deseable que la CPRE, excepto en circunstancias especiales.

Colangiografía intraoperatoria

La colangiografía intraoperatoria requiere la inyección de un contraste radiopaco directamente en los conductos de las vías biliares durante una intervención quirúrgica de la vesícula biliar. Mediante radiografías, se obtienen imágenes claras de las vías biliares. Esta prueba se usa solo ocasionalmente cuando otras pruebas menos invasivas no proporcionan información suficiente. La colangiografía intraoperatoria es más difícil cuando la intervención quirúrgica de la vesícula biliar se realiza mediante laparoscopia (utilizando un tubo flexible de visualización e instrumentos quirúrgicos introducidos a través de incisiones diminutas en el abdomen).

Radiografías hepáticas y de las vías biliares

Las radiografías simples del abdomen no suelen detectar trastornos hepáticos, vesiculares o biliares.

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