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Introducción a la hepatitis

Por Anna E. Rutherford, MD, MPH, Instructor, Gastroenterology, Hepatology and Endoscopy;Physician, Brigham and Women's Hospital;Massachusetts General Hospital

La hepatitis es una inflamación del hígado.

¿Sabías que...?

  • Las vacunas previenen casi todos los tipos de hepatitis o disminuyen su gravedad.

  • Asimismo, la hepatitis puede evitarse con unas cuantas precauciones sencillas y de sentido común.

La causa más frecuente de la hepatitis suele ser un virus, en concreto, uno de los cinco virus de la hepatitis: A, B, C, D o E. Otras causas frecuentes de hepatitis son el consumo excesivo de alcohol y el uso de ciertos fármacos, como la isoniazida (utilizada para tratar la tuberculosis). Con menor frecuencia, la hepatitis es causada por otras infecciones víricas, como la mononucleosis infecciosa, el herpes simple o la infección por citomegalovirus. Otros trastornos y ciertas infecciones también pueden provocar pequeñas áreas de inflamación en el hígado, pero rara vez causan síntomas o problemas.

La hepatitis puede ser aguda (de corta duración) o crónica (que persiste por lo menos durante seis meses). Es una enfermedad frecuente en todo el mundo.

Virus de la hepatitis

Transmisión

Síntomas y pronóstico

Prevención

Hepatitis A

La hepatitis A se transmite principalmente de las deposiciones de una persona a la boca de otra, generalmente a causa de una falta de higiene, por ejemplo, cuando una persona infectada prepara o manipula la comida sin haberse lavado las manos. La hepatitis A, a veces, se transmite en las guarderías, donde los cuidadores y los niños pueden estar en contacto con heces infectadas de los pañales.

El marisco pescado en lugares donde se vierten aguas residuales no depuradas puede estar contaminado y ser causa de infección si se consume crudo.

En los países en desarrollo son especialmente frecuentes las epidemias, relacionadas con la contaminación fecal de las aguas de consumo.

La mayoría de las infecciones por el virus de la hepatitis A no producen síntomas y pasan desapercibidas. Sin embargo, pueden aparecer los síntomas característicos de hepatitis aguda.

La recuperación de una infección aguda suele ser completa, excepto cuando la infección es muy grave (fulminante). No obstante, los casos de infección grave son raros (más raros que en la hepatitis B).

Además, las personas con hepatitis A no se convierten en portadoras* y el virus no causa hepatitis crónica.

La buena higiene en la manipulación de los alimentos y el evitar la contaminación de las aguas de consumo son factores importantes.

La vacunación contra la hepatitis A se recomienda para todos los niños (ver Vacuna contra la hepatitis A y ver figura Vacunación en lactantes y niños). También es recomendable para los adultos con alto riesgo de exposición a la infección:

  • Los viajeros a partes del mundo donde el virus de la hepatitis A está extendido

  • Personas que trabajan manipulando residuos

  • Personal de laboratorios de diagnóstico o de investigación que manipulan el virus de la hepatitis A

  • Personas con hepatopatías crónicas o con trastornos de la coagulación

  • Hombres que mantienen relaciones homosexuales

  • Personas que consumen drogas (que suelen infectarse por motivos diferentes al propio consumo de drogas)

El concentrado de inmunoglobulinas estándar,† se administra a las personas expuestas a la hepatitis A. Este tratamiento evita la infección o reduce su gravedad y puede darse de modo complementario a la vacuna.

Hepatitis B

La hepatitis B se transmite con menor facilidad que la hepatitis A. La transmisión suele producirse por la reutilización de agujas sin esterilizar, por ejemplo en personas que las comparten para inyectarse drogas o cuando se reutilizan para realizar un tatuaje o para inyectar una vacuna.

También es posible el contagio en las transfusiones de sangre, pero es raro en los países donde el control de la sangre se realiza de modo rutinario.

La hepatitis B también se propaga por el contacto con la saliva, las lágrimas, la leche materna, la orina, la secreción vaginal y el semen.

La transmisión frecuentemente se produce entre compañeros sexuales, tanto heterosexuales como homosexuales. También es más alto el riesgo en las personas que permanecen en ambientes cerrados (como cárceles u hospitales psiquiátricos) porque la probabilidad de entrar en contacto con los fluidos corporales de otras personas es mayor. Una mujer embarazada, si está infectada con hepatitis B, puede transmitir el virus a su hijo durante el parto.

Las personas portadoras* de la hepatitis B pueden transmitir la enfermedad. No está comprobado que las picaduras de insectos puedan transmitir este virus.

Muchos casos de hepatitis B son de causa desconocida.

Por lo general, la hepatitis B es más grave que la hepatitis A, y en ocasiones puede ser mortal, sobre todo en las personas de edad avanzada. La infección puede ser leve o muy grave. Cuando una persona con hepatitis B padece también hepatitis D, los síntomas son más graves. La probabilidad de presentar dolores articulares y urticaria con prurito (habones) es mayor en las personas con hepatitis B que en las infectadas por los otros virus de la hepatitis.

Entre el 5 y el 10% de los adultos infectados desarrollan hepatitis B crónica o se convierten en portadores*. Sin embargo, hasta el 90% de los niños infectados al nacer, y hasta el 50% de los niños pequeños infectados desarrollan hepatitis B crónica. Cuanto menor es el niño, mayor es la probabilidad de que desarrolle hepatitis B crónica.

En Extremo Oriente y en ciertas partes de África, el virus de la hepatitis B es responsable de muchos de los casos de hepatitis crónica, cirrosis y cáncer de hígado.

Se deben evitar los comportamientos de alto riesgo, como compartir agujas para inyectarse drogas y tener varias parejas sexuales.

La vacunación contra la hepatitis B protege a la mayoría de las personas, pero puede proporcionar menor protección a las que están siendo sometidas a diálisis, las que padecen cirrosis y a aquellas con el sistema inmunitario debilitado (ver Vacuna contra la Hepatitis B y ver figura Vacunación en lactantes y niños). En estos casos es necesaria la revacunación o dosis de recuerdo.

En algunos países, como en Estados Unidos, se recomienda la vacunación de todos los menores de 18 años (desde el nacimiento), pero es especialmente importante en las personas con un alto riesgo de exposición a la hepatitis B. La vacunación de todas las personas contra la hepatitis B debería aplicarse en todo el mundo, pero es cara.

A las personas que han estado expuestas a la hepatitis B, incluidos los niños nacidos de madres con esta infección, se les administra inmunoglobulinas contra la hepatitis B y la vacuna. La eficacia de esta combinación en la prevención de la hepatitis B crónica oscila entre el 90 y el 95%.

Hepatitis C

La hepatitis C se transmite con mayor frecuencia entre las personas que comparten agujas para inyectarse drogas. La infección puede transmitirse también a través de agujas utilizadas en la realización de tatuajes y perforaciones estéticas (piercing).

La transmisión mediante una transfusión de sangre es posible, pero hoy en día es rara. La transmisión sexual es poco frecuente, al igual que la transmisión de una mujer embarazada infectada a su hijo.

Por razones desconocidas, aproximadamente una de cada cinco personas con enfermedad hepática causada por el alcohol padece hepatitis C. Parece ser que una pequeña proporción de personas sanas tienen el virus pero no tienen síntomas de la infección.

La evolución de la hepatitis C es incierta: en un primer momento, la infección suele ser leve y, a menudo, asintomática; sin embargo, la actividad hepática puede fluctuar durante varios meses o años

y la enfermedad se cronifica aproximadamente en un 75% de los casos. La infección crónica suele ser leve, sin embargo, entre el 20 y el 30% de los afectados desarrollan una cirrosis y tras la aparición de esta puede producirse un cáncer hepático.

Deben evitarse los comportamientos de alto riesgo, como compartir agujas para inyectarse drogas o aplicarse tatuajes y perforaciones estéticas.

Actualmente no se dispone de ninguna vacuna y el concentrado de inmunoglobulinas estándar,† no es útil.

Hepatitis D

La hepatitis D se presenta con más frecuencia en personas que comparten agujas para inyectarse drogas.

El virus de la hepatitis D se manifiesta únicamente como una coinfección con el virus de la hepatitis B y suele aumentar la gravedad de la infección por hepatitis B.

Las medidas protectoras frente a la hepatitis B también lo son frente a la hepatitis D. Estas medidas consisten en evitar los comportamientos de alto riesgo y vacunarse contra la hepatitis B, además de recibir también inmunoglobulinas contra la hepatitis B en caso de estar expuestos al virus de la hepatitis B.

Hepatitis E

El virus de la hepatitis E se propaga fundamentalmente desde las deposiciones de una persona a la boca de otra. Esto ocasiona, a veces, epidemias relacionadas con la contaminación del agua por heces. Solo se han dado epidemias en México, Perú, Rusia, Pakistán y ciertas partes de Asia y África pero no en Estados Unidos ni en Europa.

La hepatitis E puede provocar síntomas graves, sobre todo en mujeres embarazadas.

La hepatitis E no suele cronificarse, y quienes la padecen no suelen convertirse en portadores*.

Existe una nueva vacuna, pero se encuentra disponible con mayor facilidad en aquellas partes del mundo donde la hepatitis E es más frecuente.

El concentrado de inmunoglobulinas estándar,†es ineficaz.

*Los portadores son personas que tienen y pueden transmitir el virus pero que no presentan síntomas de la infección.

El concentrado de inmunoglobulinas estándar es una preparación que contiene anticuerpos obtenidos de la sangre (plasma) de personas con un sistema inmunitario normal. Se utiliza para tratar diferentes enfermedades.

Recursos en este artículo