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Introducción a los trastornos vasculares del hígado

Por Nicholas T. Orfanidis, MD, Clinical Assistant Professor, Thomas Jefferson University Hospital

¿Sabías que...?

  • A diferencia del resto de los órganos del cuerpo, el hígado es el único que obtiene la mayor parte del oxígeno que precisa de una vena.

El hígado recibe el oxígeno y los nutrientes que necesita a través de la sangre de dos grandes vasos sanguíneos:

  • La vena porta

  • La arteria hepática

La vena porta proporciona al hígado alrededor de dos tercios de la sangre. Esta sangre contiene oxígeno y muchos nutrientes que llegan al hígado desde los intestinos para ser procesados. La arteria hepática aporta el tercio de sangre restante. Esta sangre rica en oxígeno procede del corazón y proporciona al hígado aproximadamente la mitad de su provisión de oxígeno. El hecho de recibir sangre a partir de dos vasos sanguíneos ayuda a proteger al hígado: ante la lesión de uno de los dos vasos sanguíneos, el hígado puede seguir funcionando, ya que sigue irrigado por el otro, del que recibe el oxígeno y los nutrientes necesarios para funcionar.

Irrigación sanguínea del hígado

La sangre sale del hígado por las venas hepáticas. Esta sangre es una mezcla de la que llega de la arteria hepática y de la vena porta. Las venas hepáticas llevan la sangre a la vena cava inferior, la mayor vena del organismo, que posteriormente la transporta desde el abdomen y la parte inferior del cuerpo hasta el lado derecho del corazón.

Los trastornos de los vasos sanguíneos (vasculares) del hígado suelen ser resultado de una mala circulación sanguínea dentro o fuera de hígado. Si el problema de circulación sanguínea se encuentra fuera del hígado, la sangre se acumula en el hígado y causa su congestión. En cualquiera de los dos casos, las células hepáticas no reciben suficiente sangre (lo cual se llama isquemia) y por lo tanto se ven privadas de oxígeno y nutrientes.

La falta de riego sanguíneo, dentro o fuera del hígado, puede ser consecuencia de una insuficiencia cardíaca o de trastornos que favorecen que la sangre forme coágulos (trastornos de la coagulación). En estos casos, un coágulo puede obstruir la vena porta o la vena hepática, ralentizando o impidiendo la circulación sanguínea.

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